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El servicio militar en el Sahara
Nuestra mili en el Sahara 1973-1974-1975

26/09/2008 GMT 1

UN VIAJE "SURREALISTA"

argila @ 06:25

Hilari Joan d'Argila

BIR Nº 1 - Playa del Aaiun - 1ª Compañía - Sahara A.O.E. Enero-Marzo 1974
Regimiento Mixto de Ingenieros nº 9 Transmisiones Villa Cisneros - Sahara A.O.E. desde Abril hasta Septiembre de 1974
IV Tercio de la Legión - Transmisiones - Edchera - Sahara A.O.E. desde Septiembre de 1974 hasta Abril de 1975

La foto tipica

Insignia identificativa de los soldados del Sahara

Ya estoy en el tren, en la estación de Francia de Barcelona, y como yo, está lleno el tren de jóvenes asustados y preocupados por su futuro inmediato. Estoy sentado junto a una ventana, en el andén miles de personas, reclutas despidiéndose de sus familiares y mis familiares y novia enganchados al exterior de la ventana dándome las manos, lanzándome besos y alguna que otra lágrima. Fue la última visión de mis queridos, durante meses. Toda la noche en el tren “borreguero” y por la mañana llegada a Madrid y traslado en camiones a un cuartel de transeúntes del que no recuerdo el nombre. No querría exagerar si digo que el 16 de enero fue uno de los peores días de mi vida. Iba vestido con ropa de calle, una camisa, americana y pantalón, ropa muy ligera para el intenso frío que me esperaba. Toda la jornada la pasamos a la intemperie, con temperaturas por debajo de cero. Haciendo cola para el desayuno, la ducha de agua fría, la comida, el corte de cabello, la cena y más cosas que no recuerdo, pero un día da para mucho. Al fin llega la noche y nos acomodan en unas literas con colchones y mantas mugrientas y con algún que otro chinche cenando a nuestra costa. Creo recordar que no había sábanas.

Al día siguiente, 17 de enero, nos trasladan al aeropuerto militar de Getafe, creo recordar. Allí pasamos buena parte de la mañana, en la pista hay cinco aviones DC4, aparatos de cuatro motores de hélices, como mínimo de la segunda guerra mundial. Hacia el medio día se da la orden de subir a los aviones, la comida se supone que la haremos en el trayecto, puesto que nos dan una bolsa en la que hay dos huevos duros y un cuarto de pollo. Querría decir que era la primera vez que volaba en avión y creo que por el desconocimiento no tenía miedo de volar, pero tras esta primera experiencia, cada vez se me hace más difícil, o sea que tengo pánico a los aviones y a volar. Y eso que por diferentes motivos he cogido multitud de vuelos, tanto de corto como de largo recorrido.

Del viaje de Madrid al Aaiun, que duró unas 6 horas, recuerdo que los asientos eran dos banquetas de madera, una a cada lado, que hacía mucho frío debido a que la puerta no ajustaba y había un ruido insoportable. Poca cosa comimos puesto que la mayoría de compañeros de viaje se mareó y muchos acabaron usando la bolsa de la comida para vomitar. En un momento determinado del viaje se paró uno de los motores y el susto fue mayúsculo, salió el copiloto de la cabina y nos explicó que paraban los motores alternativamente para refrigerarlos. Un poco más tarde, los chicos que estaban sentados en la parte izquierda nos indicaron que ya se divisaba la costa del Sáhara. En un acto reflejo casi todos los que íbamos sentados en el otro lado nos levantamos para ver la vista aérea de la costa Saharaui. El resultado fue que el avión se inclinó hacia al lado donde había más peso e inmediatamente de la cabina salió de nuevo el copiloto y nos llevamos la primera bronca de la mili. Al poco rato aterrizamos en el aeropuerto del Aaiun. Al desembarcar y ver que solo había tres de los cinco aviones, nos enteramos que un no despegó por una avería y que un segundo hizo un aterrizaje de emergencia en Sevilla, también por problemas técnicos.

El aire es irrespirable y hace viento. Hay como una niebla y todo parece de color rojizo. Nos hacen formar y multitud de gente al grito de UUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUU “.....” nos da la bienvenida, dando vueltas a nuestro alrededor. Me siento pequeño, minúsculo, insignificante, transparente entre aquella gente, que parece diez años mayor que yo, mal vestida, de ropa descolorida, morena de piel, quemada por el paso de los meses en este clima inhóspito, pero son soldados que están haciendo la mili como yo y sólo tienen unos meses más de edad. De pronto siento mi nombre, Hilari Joan d’Argila y lo veo escrito en un gran rótulo y vuelvo a sentir mi nombre en otra dirección, estoy entre dos soldados veteranos que me buscan, uno le conozco, el otro no. Los dos me dicen si quiero ir a su compañía, los dos son de Badalona, por un momento dejo de ser pequeño y transparente y puedo decidir algo por mí mismo. Escojo el que conozco, mi amigo de los Salesianos de Badalona, Berciano. Él está de instructor en la 1ª compañía y con él iré a hacer de recluta a su compañía y barracón.

Camiones de la legión

Una vez distribuidos por compañías, nos hacen subir a unos camiones de la legión que nos llevarán hasta el BIR. Empieza el trayecto, el BIR está situado unos 20 kilómetros en dirección a la costa. Aunque se empieza a hacer de noche, puedo contemplar la primera panorámica del desierto, el mar de dunas que hay en este trayecto. Los conductores legionarios no se están de nada y conducen a toda pastilla, sobre todo a las curvas. La primera curva nos coge desprevenidos y unos cuántos nos vamos al suelo de la caja del camión.

La llegada al BIR es apoteósica, nos reciben el resto de soldados que no se han desplazado al aeropuerto, a trancas y barrancas podemos llegar hasta dónde está situada la 1ª compañía y por el momento la primera noche la pasaré en el barracón trece.


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