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El servicio militar en el Sahara
Nuestra mili en el Sahara 1973-1974-1975

04/08/2008 GMT 1

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argila @ 22:00

PACIENCIA, SOY LA ESPOSA DE UN EXSAHARIANO

argila @ 21:59

Mercè López Mauri

Yo, a diferencia de otras mujeres, no hice la “Mili” carteándome con Carles. Nos conocimos mucho más tarde...

Esporádicamente y cuando salía el tema en casa, me hablaba, me enseñaba fotos y me explicaba alguna “batallita”. Eran recuerdos solitarios de él, que en el aire quedaban. Supongo que como hacen la mayoría de hombres cuando recuerdan la “mili”: Cosas buenas y cosas que puede que no lo fueran tanto (y ponerse un poco pesados, también). Nadie le contradecía porqué en aquel momento no havia ningún testimonio que le pudiera afirmar o rebatir el hecho; simplemente se le podía decir: ¿Ah, si?... ¡Que bueno! ¿No? Es por esto que seguramente ahora ha querido reencontrarse con sus compañeros, para que alguien lo entienda cuando cuenta sus anécdotas y que alguien también le recuerde cosas que tiene seguramente olvidadas...

Pues un día va, y empieza a llamar por teléfono a todos los compañeros que tenía apuntados en una vieja agenda, y se encuentra que los teléfonos y direcciones tienen ya una antigüedad de treinta y cuatro años, y que nadie atiende a los nombres que el cita, pero no se desanima y comienza la búsqueda por Internet hasta que encuentra a uno, y este le lleva a otro y así sucesivamente hasta que llega a completar y con creces, el número de esas direcciones de su agenda. Yo la verdad, no cría que el tema le cogiera tan fuerte. Suerte, yo le decía que tenemos “tarifa plana”, porque la verdad es que se ha hecho un hartón de llamar por teléfono!. Esto es ya una autentica adicción! Más de una vez le he recomendado que vaya al médico. Pero después al verle tan ilusionado, me he arrepentido. ¡Que haga lo que quiera!.

Una vez ya han contactado con todos los posibles compañeros de aquí, se han visto varias veces, ponen todas sus anécdotas en un Blog. a donde yo dirijo este escrito. (Hilari, un saludo…). Quieren hacer un libro, un documental y sobre todo el viaje soñado. Volver a pisar el Sahara. Retornar a aquellos lugares que conocieron hace treinta y cuatro años y que ahora quieren hacerlo de una manera diferente. A mi me gustaría mucho acompañarlo, acompañaros... Creo que sería y será una gran experiencia, sobre todo para las que erais novias en aquella época, ver desde donde os escribían aquellas cartas tan ardientes…

Me parece que comienzo a darme cuenta de que soy la esposa de un exsahariano. Paciencia!!!.

Mercè López Mauri
(Esposa de Carles Porta)



03/08/2008 GMT 1

UN DESTINO INESPERADO

argila @ 12:00

Andrés Morán Prieto

BIR Nº 1 - Playa del Aaiun - Sahara A.O.E. Octubre-Desembre 1973
Regimiento Mixto de Ingenieros nº 9 Cia Mixta de Transmisiones Villa Cisneros Sahara A.O.E. Año 1974

Andrés pocos días antes de ir a la mili en el Sahara

De mi querido y anhelado pueblo Vigo de Sanabria, éramos cuatro quintos Pedro Vega, Leonardo Prieto, Toribio Vega y Andrés Moran.
Mi pueblo es un pueblo pequeñito; allá por el año 1972, tendría 700 habitantes. Todos fuimos al mismo colegio nos conocíamos bien y todos somos buenos amigos.
Pedro estudiaba en el Verbo Divino, en Corses (Zamora), después se fue a Alemania para continuar sus estudios. Leonardo vivía en Madrid con su familia e hizo la mili allí. A Toribio le tocó hacerla en el Feral (León), y con suerte, se libró. Yo me tallé en Barcelona en la plaza de Ríos y Taulet, en el barrio de Gracia, y me sortearon por la caja de reclutas de Zamora en la nº 721 de la 7º región.
El día que nos sortearon Toribio y yo estábamos en Barcelona y junto con nuestro compañero y buen amigo Aurelio, nos fuimos a comer a Vallvidrera para celebrar el sorteo sin saber, lo que nos depararía el destino. Cuando regresamos, ya entrada la noche y con la tasa de alcohol por las nubes a lomos de mi primer coche, un 850, querido y nunca olvidado; nos reunimos todos en la calle Venus, como era habitual, en el bar de la Obdulia, que ella a todos nos recogía, siempre nos tenía la mesa puesta y nunca nos preguntaba si teníamos o no dinero. ¡Qué tiempos aquellos!
A pesar de la ingesta de alcohol, rápido nos dimos cuenta que algo no había ido bien en el sorteo. En el bar todo el mundo tenía cara de circunstancias.
Todos los que frecuentábamos el bar éramos como una familia, y ellos ya sabían que el destino quiso que a mí me tocase hacer la mili en el Sahara. Fue Obdulia la que llamó a la caja de reclutas y la que les dio la noticia. Todos terminamos bastante peor de lo que estábamos, lamentándonos de la poca suerte que había tenido en el sorteo.
Pues bien, quiero decir que después de haber vivido parte de la Marcha Verde, haber pasado un calor insoportable y no haber disfrutado de un día de permiso, me siento orgulloso de haber hecho la mili en el Sahara y de los amigos que hice en ella.

UN VIAJE PARA OLVIDAR

argila @ 12:00

Andrés Morán Prieto

BIR Nº 1 - Playa del Aaiun - Sahara A.O.E. Octubre-Desembre 1973
Regimiento Mixto de Ingenieros nº 9 Cia Mixta de Transmisiones Villa Cisneros Sahara A.O.E. Año 1974

Andrés Moran a su llegada al Aaiún

Cogí el tren en Puebla de Sanabria hasta Zamora. Tuve que ir en el pasillo porque el tren bajaba lleno de gallegos y portugueses. Me presenté en la caja de reclutas, me dieron el petate y seguidamente fui a presentarme en el cuartel. Era un viernes, allí nos echaron la charla y nos dijeron que los que quisieran podían volver a sus casas y presentarse aquí el lunes a las diez de la mañana, y que los demás ya se podían quedar allí en el  cuartel. Yo, después del drama de la despedida que parecía que me fuese a la guerra, opté por la segunda opción. Al poco tiempo vino a buscarme mi amigo Pepe (el Pilas). Él también estaba haciendo la mili; estaba en la residencia de oficiales de machaca con el teniente Coronel Chemeneas, muy conocido por todos los que hicieron la mili en Zamora. El Pilas me habilitó una cama en la residencia de Oficiales y así pase mis dos primeras noches, se puede decir que de militar.

El lunes cada uno con su petate, salimos del  cuartel a la estación, y de allí para Madrid. En Medina del Campo nos juntamos con los de Salamanca, ellos eran veintitrés y nosotros diecisiete. Durante el trayecto  no nos faltaron las botellas y botellas. Como los viejos marineros bebíamos para olvidar. De los de Salamanca había  unos cuantos que llevaban una juerga y un cachondeo  que no pararon hasta Madrid.

La juerga que traían, toda venía montada alrededor de un tal Julio, entre sus acompañantes, iban tres o cuatro chicas besuqueándose con él. Nosotros nos mirábamos y nos preguntábamos: “¿Quién coño será ese Julio?”. Todos llevábamos el petate vacío, pero este Julio lo llevaba repleto.

Nosotros seguimos a lo nuestro, botellita y traguito. Pienso que quizá sentíamos un poquito de envidia, la verdad es que él iba muy bien acompañado. A todos nos empezó a caer un poco gordo el tal Julio.

Por fin llegamos a Madrid. Nos llevaron al Cuartel de Transeúntes, allí nos juntamos con los de toda España. Los amigos que le acompañaban en el viaje desaparecieron, pero el tal Julio seguía disfrutando de privilegios que los demás no teníamos,  por ejemplo esa primera noche al darnos las literas y las mantas llenas de pulgas, a la hora de vacunarnos  y también cuando nos cortaron el pelo. A todos nos hicieron un desastre en la cabeza, pero al tal Julio le hicieron un corte de pelo a navaja como si fuera  un novio y no el pringado que va a la mili.

Al  día siguiente, por la mañana, nos dieron una bolsa de comida, nos formaron y nos llevaron andando hasta Getafe  para coger el avión que nos llevaría al Sahara. La bolsa contenía un cuarto de pollo, un huevo duro y un chusco de pan. Muchos de nosotros  las tiramos, pero luego no veas lo que nos llegamos a acordar de ella. Nos metieron en el avión y después de seis horas de vuelo llegamos al aeropuerto del  Aaiún. Desde el aeropuerto nos llevaron al Bir. El viaje fue horrible, en aquellos camiones conducidos por legionarios, con los frenazos y las arrancadas que le metían.  En el Bir nos formaron y nos iban llamando por el  nombre, fulanito a la 1ª, menganito a la 5ª, a mí me tocó la 4ª Cia, en el 4º Barracón. Cuál fue mi sorpresa que al tío que más manía le había cogido durante estos cortos y ajetreados días, también le toco la misma compañía y el mismo barracón y por si fuera  poco la misma litera. Él arriba y  yo abajo. Al final no pude aguantar más y le pregunté: “¿Oye, tú  quien coño eres?”. Él me contestó: “¡Ah, pero no me conoces! Soy Julio Robles, el torero”.

A partir de ese momento, y durante su corta estancia allí, nos hicimos buenos amigos, pasamos mucho tiempo juntos y de paso dimos buena cuenta de aquel petate que traía lleno de conservas i demás cosas. Por allí empezaron a pasar los del banderín de enganche, primero los Legías, después los Paracas, luego los Nómadas...

Él tenía claro lo que quería hacer, apuntarse a paracaidistas para volver a las Península a Murcia, y así poder torear. Insistió mucho en que yo le acompañara, pero como no tenía buen recuerdo del avión, decidí quedarme con lo que me había deparado el destino y así me quedé otra vez  sin amigo. Nunca más volvimos a vernos, él se hizo famoso y un gran torero. Pero tuvo una cogida muy fuerte en una plaza de toros y se quedó en una silla de ruedas. A los pocos años falleció.

Carta de embarque de Andrés

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argila @ 11:59

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argila @ 11:58

04/07/2008 GMT 1

COSAS DE LA MILI Y DEL SARGENTO M.

argila @ 09:34

Andrés Morán Prieto

BIR Nº 1 - Playa del Aaiun - Sahara A.O.E. Octubre-Desembre 1973
Regimiento Mixto de Ingenieros nº 9 Cia Mixta de Transmisiones Villa Cisneros Sahara A.O.E. Año 1974

Andres Moran de Maniobras con Hilari

Recuerdo aquel día, seguro que alguno de vosotros sobre todo los que estabais asignados a telefonía lo recordareis. Como sabéis, Villa Cisneros estaba entre el cuarto tercio Alejandro Farnesio y el Polvorín, la línea de telefonía que los unía, era muy frecuente que se averiara. Esta vez le tocó a un tramo entre Villa Cisneros y el Polvorín.
Generalmente, siempre íbamos un coche, con el Sargento M. y cuatro compañeros, pero ese día la avería era más importante y fuimos dos coches; uno lo llevaba, creo recordar, Francisco Bravo Ruano y el otro lo llevaba yo, en el que iba el Sargento. Siempre se pasaba bien con el Sargento, sobre todo los chóferes, dejábamos a los compañeros en el “tajo” y nosotros le acompañábamos al bar.
No se solía tardar mucho en reparar las averías. Este día en cambio se complicó un poco más la faena. Una vez terminado su trabajo los compañeros llegaron al bar. El Sargento tenía una borrachera como un piano, cosa bastante habitual en él. Ya de regreso al cuartel al Sargento M. se le antojó que mi coche tenía que llevarlo él. Los que erais conductores, ya sabéis que el coche era como la novia, no se le podía dejar a nadie y mucho menos en esas condiciones. A pesar de esto el siguió insistiendo en que el debía llevar el coche, hasta el punto en que me hizo poner firmes, y dándome dos hostias me quitó las llaves de la mano. Aún ahora, después de 34 años me duele la cara al recordarlo.
Si os acordáis, en el camino del Polvorín a Villa Cisneros, justo antes de llegar, había un poblado de gente muy pobre, si hubierais visto al Sargento a todo gas con el Land Rover, a dos ruedas por medio de las “Haimas” y a los moros corriendo despavoridos, aquello era un espectáculo, por suerte no atropelló a nadie. A mí, en aquellos momentos se me vino el mundo encima, sentado a su lado llorando de impotencia y rabia. Cuando faltaban unos trescientos metros para llegar a la puerta del cuartel, paró el coche y me dijo: Coge el coche, y de esto ni una palabra a nadie, que te suelto otras dos hostias.
Yo que me sentía impotente y tan humillado, llorando cogí el coche, llegamos a la puerta de la compañía y sin aparcarlo me dirigí a ver al Capitán, en ese momento me cogieron tres o cuatro veteranos intentando quitármelo de la cabeza, me decían: Olvídalo que no sabes las consecuencias que te puede llevar esto. Y a pesar de todo, me presente al Capitán y le conté lo sucedido.
Al Sargento lo arrestaron dos semanas. Cuando le levantaron el arresto, estuvo de semana en la compañía, yo era “Padre”, o sea, era intocable, la primera noche que el Sargento estuvo de guardia, estábamos todos dormidos, cogió un papel, me lo puso entre los dedos de un pie y luego prendió fuego, cuando me desperté me levanté para comerme a quien fuera, en los pies de mi cama estaba el Sargento M. y mirando me dijo: He sido yo, pasa algo, en el calabozo se pasa peor, yo le contesté: A sus órdenes mi Sargento, no pasa nada. A partir de ese día, siempre que me miraba se reía, creo que al final, me llegó a apreciar y todo.

08/05/2008 GMT 1

LO QUE REPRESENTÓ PARA MI "LA MILI" EN EL SAHARA

argila @ 18:30

Carles Porta Fernandez

BIR Nº 1 - Playa del Aaiun - Sahara A.O.E. Octubre-Diciembre 1973
Regimiento Mixto de Ingenieros nº 9 Transmisiones Villa Cisneros i Aargub Sahara A.O.E. desde Enero hasta Diciembre de 1974

Montes, Monfort, Nicolás i Porta

De pequeño me dijeron que los señores vestidos con uniforme de color caqui, estaban haciendo “La Mili”, y que todos los varones cuando nos hacíamos mayores la teníamos que hacer. Era lo que entonces se llamaba: “El Servicio Militar”. Durante una temporada servías a la “Patria” haciendo de militar, primero en un campamento aprendiendo la instrucción y luego te destinaban a un cuartel que con el tiempo, si estaba cerca de casa, podías ir a dormir cuando te daban permisos y después de un año mas o menos, te licenciabas y podías contar “Batallitas” por el solo hecho de haber formado parte de una escenografía igual que de aquellas películas bélicas que veíamos en el cine.
...Al cumplir dieciocho o diecinueve años, no me acuerdo bien, me llamaron del ayuntamiento, según decían para “tallarnos”; esto representaba que entrabas en “Caja” (sonaba mal la palabra y de mal augurio, ¿no?). Decidí presentarme relajado para decirle al funcionario de turno, la frase: “Soy hijo de Viuda” y luego irme hacia mi casa tan tranquilamente, silbando y con las manos en los bolsillos, pensando que me había quitado un peso de encima... Apuntaron mi alegación i nada más. A partir de aquel momento me llamaron en diversas ocasiones para ir cumplimentando una serie de formulismos hasta que un día me citaron en la “Caja de Reclutas 411” que estaba situada en el cuartel de la calle Comercio de Barcelona, para continuar los tramites y preguntarme sobre la alegación que havia hecho tiempo atrás… “Usted dice aquí que es hijo de viuda... ¿Tiene hermanos mayores? Si, uno... Pues Ud. Tiene la obligación de hacer el Servicio Militar... Toda mi corta vida pensando que me libraría como mi hermano mayor, y de repente, la gran sorpresa. Mi madre, mi hermano y yo mismo, no nos lo creíamos... Yo hijo de viuda haciendo la “Mili”. Transcurrió un tiempo y llego el día del sorteo. Nos citaron en un cuartel que le llamaban “Jaime I”. Anteriormente ya me habían informado que era el lugar donde después de un sorteo con unas bolas salía un número que daban previamente y que a partir de este número corrían los apellidos y los destinos, o algo parecido... En todos los sorteos de mi vida nunca me tocó nada, y en este me tuvo que tocar “El gordo”... Los primeros números iban a la “Policía Territorial” y después creo recordar a un lugar que se llamaba “Batallón de Instrucción de Reclutas nº 1 Playa del Aaiún. Sahara”. “El Batallón” me sonaba a conocido pero el Sahara era un nombre que me “acojonó”. Si hubieran dicho al África lo hubiera entendido por aquello de Ceuta, Mellilla, Marruecos, el continente etc., pero el Sahara me sonaba a desierto y no entendía que hacia el ejercito español en aquellos parajes, creía que solo había arena. La arena de las películas del desierto que pude ver en directo durante los trece meses i días que duro mi “mili” en el Sahara.
Todo esto lo cuento, porque dentro del infortunio, creo que la “mili” en el Sahara fue como un sueño, como una película. Era una “mili” diferente a la que habíamos imaginado. Con una escenografía que no correspondía a la que siempre habíamos visto. Los uniformes eran de otro color. Teníamos botas, pero normalmente utilizábamos “Nailas”. Llevábamos siroqueras, pantalones cortos, el pelo más largo i constantemente parecía que estuviéramos haciendo la guerra con un enemigo que casi nunca veíamos. La única comunicación fiable entre las poblaciones de aquel territorio era a través de la emisora de radio, de la cual yo formaba parte junto con otros compañeros. En fin, un tiempo y un lugar, que por el solo hecho de estar obligados, no nos permitía darnos cuenta y gozar de todo aquello que teníamos i veíamos. Después de 34 años, ahora nos estamos dando cuenta de lo que representó hacer la “mili” en el Sahara. El habernos reencontrado con antiguos compañeros, ha hecho que recordemos lo que ya teníamos olvidado. Por esto, muchos de nosotros tenemos la necesidad de volver, por nostalgia, o quizás por recuperar aquella juventud que en aquellos momentos no supimos gozar en su totalidad, es decir vivirla y recobrarla nuevamente al pisar aquel desierto otra vez.
Empieza también a crecer un espíritu de orgullo de haber formado parte, no del ejército, si no de aquel grupo de compañeros que nos vimos obligados a estar en aquella tierra. Somos una generación de aguante…


“LA BASURA DEL B.I.R. Y LAS SOBRAS DE LA COCINA”

argila @ 18:30

Carles Porta Fernandez

BIR Nº 1 - Playa del Aaiun - Sahara A.O.E. Octubre-Diciembre 1973
Regimiento Mixto de Ingenieros nº 9 Transmisiones Villa Cisneros i Aargub Sahara A.O.E. desde Enero hasta Diciembre de 1974

Carles Porta en el BIR

Después de todas las historias que estamos contando, o que contaremos, de la forzosa estancia en el Sahara, quiero referirme a una de las experiencias más conmovedoras que viví en el “Batallón de Instrucción de Reclutas nº 1. Playa del Aaiún” (B.I.R.), concretamente haciendo el servicio de cocina y que, por el que he podido saber, a muchos de vosotros también os tocó vivir.

Al anochecer, las cinco Compañías en que estábamos distribuidos los reclutas en el B.I.R. ( a mi me toco ir destinado a la Tercera), formábamos delante del barracón donde cada compañía tenia las oficinas para pasar la “retreta”, que como recordareis, consistía, en primer lugar, en pasar lista (por si faltaba alguno, no fuera el caso que, paleando, hubiera llegado hasta la puerta de su casa), y después para nombrar los servicios que había que hacer por la noche (las “imaginarias”) y por la mañana (letrinas, cocina, limpieza, etc...). Era el momento, también, de que si alguien se encontraba enfermo, se pudiera apuntar al “botiquín”, que era como le decían ir al médico..., pero, eso sí: “Con la cabeza en la mano...”, advertencia que el sargento que presidía el acto nos hacía, ya que si no te daban la baja, al día siguiente te castigaban con un servicio de cocina.

A cada uno de nosotros y siguiendo el orden alfabético del primer apellido, nos habían otorgado justo al entrar a formar parte de cada una de las Compañías, un número que el “furriel” iba nombrando para comunicarnos a los reclutas a quien les tocaba hacer los diferentes servicios.

A cada “retreta” yo estaba deseando que el “furriel” no nombrase mi número, pero cuando, de repente, una noche oí que decía: “Doscientos cuatro: ¡Cocina!”, pensé: “¡¡¡Mierda!!!”, y es que el 204 era mi número, por lo que a continuación tuve que contestar: “¡¡¡Presente y cocina!!!”, que era la forma correcta y alzando bien la voz para que se oyera.

“¡¡¡Mierda, mierda y mierda!!!” “¡¡¡Mañana me toca cocina!!!”, y esto significaba que me levantaría a las cinco de la mañana para presentarme a la cocina y preparar el cacao con leche en polvo mezclado con agua; lavar los platos, vasos, ollas y cazuelas; pelar patatas; fregar y, después de comer, recogerlo todo para volver a lavar los platos, vasos, ollas y cazuelas lo más pronto posible para poder ir a mi barracón, el numero 36, e intentar descansar un rato encima de la cama con el colchón doblado por la mitad, tal y como nos lo hacían tener, seguramente para que no pudiéramos descansar mucho tiempo por aquello de: “Es que me dormí, mi sargento”, y después volver a la cocina para preparar la cena; volver a recoger y lavar los platos, vasos, ollas y cazuelas, para llegar al barracón, cuando todo el mundo ya dormía, prácticamente desecho.

En medio de todo aquel ajetreo que havia siempre en la cocina, en un momento dado del día, me reclutaron para cargar en un camión, unos bidones llenos que contenían toda la basura que generaba la cocina y el comedor: las pieles de las patatas, los huesos de la carne, del pollo y espinas de pescado, las cáscaras de los huevos, legumbres mezcladas con hojas de lechuga sobrantes, pieles de frutas variadas, jugos de todo tipo, aceites, café, papeles, así como las colillas de los que fumábamos allí y todo tipo de basura que puede generar una cocina industrial que suministraba comida para unos dos mil quinientos comensales que éramos entre soldados destinados al B.I.R. y los reclutas que hacíamos el campamento.

Más adelante me he enterado gracias a mis compañeros reencontrados, que a ellos también les tocó este siniestro servicio, pero estando de servicio de limpieza. Mi recuerdo después de treinta y cuatro años es, de que me reclutaron estando en la cocina. Lo importante, desgraciadamente en este relato, es que fuimos testigos.

Montados ya en el camión, de pie y agarrando los bidones, nos dirigíamos hacia las afueras del campamento pensando que llegaríamos a un vertedero donde descargaríamos toda aquella basura. Yo iba mirando hacia delante y no veía nada. En el horizonte, pero, si que empezó a verse como una mancha de color que, a medida que nos íbamos acercando se iba trasformando en una unión de pequeñas manchas…

Y es que, lo que ya divisábamos a lo lejos era un numeroso grupo de personas humanas, que nosotros no sabíamos que hacían allí parados hasta que, cuando nos acercamos del todo, lo entendimos: ¡Nos estaban esperando!

Saharauis esperando los restos de la comida del BIR

Gente mayor, niños, hombres y mujeres, con potes, palanganas, cubos y todo tipo de utensilios para llenar… Yo miré hacia atrás, no fuera el caso que viniera otro camión llevando algo que ellos esperaban, pero no: solo estábamos nosotros…

Cuando llegamos a un punto el camión recibió la orden de pararse, y toda aquel grupo de gente, fuertemente controlada por la Policía Territorial, les empujaba para estar lo más cerca del camión. Todo y así, el cabo nos dio la orden de verter todo el contenido de aquellos bidones que, al caer al suelo, iba formando un montón de pasta de productos orgánicos y variados hasta que, una vez vaciados todos los bidones, el conductor del camión recibió la orden de arrancar y poner dirección rumbo al B.I.R., la Policía Territorial rompió el cordón que mantenía para que toda aquella gente se abalanzara sobre aquel montón de pasta inmunda que nosotros habíamos dejado.

Mientras nos alejábamos rumbo al campamento y mirando hacia atrás, lo primero que vi fue como los niños se abalanzaban sobre aquel montón de pasta, con los brazos extendidos para reservar un trozo para su familia y, a continuación, como las mujeres empezaban a recoger la parte que les correspondía de aquella infecta materia y llenar sus cubos, palanganas y potes, como si se tratase de un manjar exquisito. La ultima visión, fue ver a un niño saharaui llorando y una mosca comiéndole el moco que le colgaba, También a más de una muchacha con fideos por encima de la cabeza y otras porquerías pegado a sus vestidos, consecuencia del afán por conseguir aquella…

Me quedé de piedra… No podía ser cierto lo que estaba viendo… Pese a todo lo que vi., me quería convencer a mi mismo que todo aquello era para dar de comer a sus animales… Pero no: ¡Aquello era comida para ellos!

Al alejarnos, sentía dentro de mí una mezcla de rabia crispada y ganas de llorar por la impotencia y, en el pensamiento, la misma rabia y la misma impotencia hacían que me preguntara y repitiera que si era verdad que existía un Creador, como podía permitir que cada día del año sucediera aquello que acababa de ver…

Al llegar la noche, en la litera del barracón, continuaba pensando en cambiar el mundo y de que manera, hasta que ayudado por el cansancio que llevaba encima, me dormí…

Por la mañana, al despertarme al toque de diana, el barracón me parecía un palacio, y en el desayuno, el cacao con leche en polvo con agua me parecía una exquisitez… La instrucción, una forma de hacer deporte y de mantenerme en forma y, por descontado, el sargento, un tipo encantador.

Una familia de saharauis en su Haima

Al cabo de un tiempo, me enteré que las mujeres Saharauis, cuando llegan a sus “haimas” con la basura recogida, con mucha destreza iban separando, seleccionando y limpiando todo lo que podía ser comestible, para después comérselo todo el grupo familiar.

Y yo continuaba haciendo la “mili”…


LA LLAVE PERDIDA O COMO AYUDAR A MEJORAR LA AUTOESTIMA DEL TENIENTE

argila @ 18:29

Carles Porta Fernandez

BIR Nº 1 - Playa del Aaiun - Sahara A.O.E. Octubre-Diciembre 1973
Regimiento Mixto de Ingenieros nº 9 Transmisiones Villa Cisneros i Aargub Sahara A.O.E. desde Enero hasta Diciembre de 1974

Carles Porta Fernandez

El Teniente que su apellido empezaba por la letra a “A” ( Por aquello del anonimato y los derechos de autor, no pongo el nombre completo, pero por lo que os cuento le reconoceréis… ) Era pequeño y un poco “chulo”, que para superar el complejo que tenia de altura, me escogió a mi, un joven de 20 años de 1.91 cm. Un día me dijo: Porta tu serás mi secretario y me abrirás la puerta de mi despacho cada mañana. Y al día siguiente ya estaba haciéndole los honores. Cada mañana cuando llegaba, le abría la puerta de la oficina con la llave que me dio. Mi trabajo consistía en hacerle los trabajos burocráticos de la oficina y los encargos que me ordenaba . Pero una mañana cuando me disponía a abrirle la puerta del despacho, después de su famosa frase: Porta abre la puerta... Me puse la mano en el bolsillo para coger la llave y no estaba, mientras buscaba en todos los bolsillos empezaba a notar como mi corazón palpitaba mas rápido de lo normal, mientras el Teniente con cara de asombro y con los brazos cruzados, empezaba a inquietarse y a dar golpes al suelo con la suela de su zapato, hasta que me pregunto: Porta, tienes la llave o no?... Como la hayas perdido?... Que hiciste ayer por la noche? ... Después de las preguntas tan directas no me atreví a mentirle, y le dije la verdad: Pues mi teniente estuvimos en la playa tocando la guitarra. El increpó...Tocando la guitarra y alguna cosa más. No!!! Bebiendo, claro!!! Deberíais haber cogido una borrachera de padre y muy señor mío!!! y ahora no te acuerdas si la perdiste o que !!!... Después de la bronca que me dio, a continuación me dijo: Porta, forma la Compañía!!!. (Yo) A sus ordenes mi Teniente!!! …Mientras yo corría por la compañía en dirección a la salida, iba palmeando con las manos dando prisa a la gente e iba gritando: Compañía a formar!!! Compañía a formar!!! En total, deberíamos ser unos cincuenta en ese momento. Una vez formada la compañía en el patio, yo esperaba que el Teniente saliera para darle las novedades. El Teniente salio de la Compañía como si fuera a la guerra. Y le di las novedades diciéndole: Mi Teniente la Compañía está formada. Y el gritó ...Pues a la playa... (Yo) A la orden mi Teniente.... Compañía firmes. Ar!! Derecha. Ar!!! Paso ligero. Ar!!!. Cuando llegamos a la playa que estaba a unos 100 o 200 metros de la Compañía y una vez pisando la arena, el Teniente me preguntó : Porta! Por donde estuvisteis?. (Yo) ...Mi teniente creo que por aquí. (El)...Pues venga todos a buscar la llave, hasta que salga... Era impresionante ver a todos los soldados buscando la llave. Alguien que nos viera en ese momento creería que estábamos buscando minas personales…Yo mientras no salía de mi asombro pensado que había hecho de la llave, y seguía registrándome los bolsillos hasta que en uno de ellos noté como la textura de una llave… Se me puso cara de sorpresa, aunque al momento pensé, que el Teniente me haría repetir la “Mili” a perpetuidad, por haber organizado toda aquella movida innecesaria. Mi reacción inmediata fue tirarla al suelo sin que nadie me viera y con la punta de la “Naila” hundirla en la arena e incluso silbar mirando al cielo, como si nada. El Teniente desde lo lejos me decía chillando: Porta!!! Pero, por donde estuvisteis exactamente?... (Yo) Mi teniente creo recordar que era por aquí, señalando el lugar exacto donde 5 segundos antes había hundido la llave. Unos cuantos compañeros vinieron donde yo estaba, y al poco tiempo, un soldado gritaba como si de un tesoro se tratara: “La llave, la llave”. Volví a formar a la gente y de regreso una vez ya en la Compañía, delante de la puerta del despacho introduje la llave en la cerradura de la puerta y el teniente se dispuso a entrar. Mientras cruzaba la puerta y dirigiéndose a mí, que estaba en posición de firmes, mirando al infinito, me dijo: Porta. La próxima vez, te la comes y te empapelo. Vale?... Si, Señor!!...

Y así se acabo la historia de la llave...
Os he de decir que con el tiempo, cada vez que pierdo alguna cosa en casa, hecho de menos no poder formar a la Compañía…





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