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El servicio militar en el Sahara
Nuestra mili en el Sahara 1973-1974-1975

26/09/2008 GMT 1

UN 0-5 HISTÓRICO

argila @ 06:29

Emili Fontanillas Moreno

Comandancia Militar de Villa Cisneros, Sahara A.O.E. año 1974

Emili, Pere y Andreu

Una de mis anécdotas en la mili en Villa Cisneros, fue durante el partido del Barça en el campo del Madrid que ganamos por el glorioso 0-5, y yo fui con la camiseta del Barça al barracón de Intendencia a ver el partido, y después del 0-3 varios "compañeros" de Intendencia me echaron a la calle a empujones y con insultos, y yo solo celebraba los goles, sin insultos porque sabia donde estaba y que no podía pasarme, porque era el único cule metido en aquella jaula merengona, en fin acabe de escuchar el partido por la radio en Comandancia Militar donde era mi destino, a los dos o tres días apareció por Comandancia uno de aquellos individuos que me echaron y yo aun caliente por aquella situación le dije porque ahora que estas solito no me echas a la calle, me pase gritándole y el Comandante me dijo chaval tranquilízate que te pasa, le comente lo ocurrido y entonces el Comandante le llamo la atención al citado individuo por lo que me había ocurrido y aquí se acabo la historia de esta anécdota, en otro momento os enviare alguna anécdota más.

UN RECLUTA CON MALA SUERTE

argila @ 06:29

Emili Fontanillas Moreno

Comandancia Militar de Villa Cisneros, Sahara A.O.E. año 1974

Emili, Pere y Andreu

Otra de mis anécdotas fue -tío, acabaré siendo escritor- sigo.. que estando en el patio de armas de algún cuartel de la calle Comercio, no se si antes de la salida del tren, ya que han pasado 34 años, estábamos todos los reclutas formados -éramos por decir algo 150 o 200, cuando nos empezaron a leer las normativas penales del ejercito, si hacéis esto u lo otro el ejercito os meterá un paquete -ya no me acuerdo cual era el "paquete" y entre los silencios de los mandos que nos iban explicando las leyes militares, nosotros los reclutas empezamos a comentar que sería el Sahara y lo que allí nos encontraríamos, y fue cuando escuche un murmullo que fue a más de un compañero de detrás de la fila mía, cuando este dijo pero si a mi me ha tocado la mili en Sant Climent de Sescebes que comentáis todos tanto del Sahara y le explicamos que todos los que allí estábamos nos había tocado el "gordo" y que para el Sahara nos íbamos, luego entonces uno de los mandos al escuchar las risas de unos y los comentarios de los otros dijo que pasaba con tanto jolgorio, comentándole la situación, uno de los mandos se acerco al citado recluta, y este le enseñó su DNI con fecha de nacimiento, del día no me acuerdo, pero del mes si, era nacido en Junio 1951 y en el listado que llevaba el Oficial o Suboficial era Julio 1951, total de que nada sirvió la queja y quejas del citado recluta y de los demás que entendíamos su problema de no ir al Sahara y si a su destino en el citado San Climent, total que los mandos le dijeron que para el Sahara "que hace falta gente" y que desde allí arreglara la situación, que ellos también lo harían. El compañero se fue al Sahara y desde allí tuvo varias llamadas telefónicas con sus padres para que intentaran arreglar el traslado suyo otra vez a la península.... sin conseguirlo y acabando como todos nosotros la mili en aquella provincia española lejana en geografía y en el tiempo. También deciros que hará unos siete u ocho años nos encontramos, por la calle Sicilia de Barcelona por el barrio de Gracia, comentando lo que le sucedió ya con sonrisas "el tiempo lo cura todo o casi todo" y después de charlar un rato, nos despedimos hasta un hasta la vista y que toda vaya bien, y eso es todo amigos.

*

argila @ 06:28

COMO SE VIVIÓ EL ESTADO DE GUERRA EN COMANDANCIA

argila @ 06:27

Pere Espluga Carreres

BIR Nº 1 - Playa del Aaiun - Sahara A.O.E. Octubre-Diciembre 1973
Comandància Militar de Villa Cisneros, 1974 - Sahara A.O.E. año 1974

Emili, Pere y Andreu

El camino hasta Villa Cisneros fue una travesía infernal por el desierto. No se cuantas horas en camión: trompazos, golpes... y nuestras necesidades acuosas más perentorias las teníamos que hacer de pie, y en el camión a toda pastilla. Llegamos llenos de polvo hasta a los lugares más insospechados. En todos los agujeros del cuerpo había arena.
Ya una vez a Villa Cisneros me adscriben a Sanidad, sin embargo, al día siguiente vino un compañero de la Comandancia Militar, Andreu Garcia, y me dice que me han agregado a Comandancia. Al cabo de unos días conocí a Emili Fontanilles que estaba de permiso en Barcelona y también estaba con nosotros.
Comandancia estaba situada en el edificio central del Farnesio – cuartel del tercio de la legión-, donde había todas las dependencias de mando tanto de la legión como la del sector sur del Sáhara. Los días transcurrían sin muchas novedades. Veíamos desfilar por el edificio todos los mandos de la legión, algunos un poco pintorescos, y legionarios, ya que solo nosotros tres y el comandante éramos los únicos “pistolos”.
Nos dedicábamos a faenas burocráticas. Hacíamos los pasaportes para ir de permiso y licenciados, esperando poder hacer el mío lo antes posible. Nos encargábamos de autorizar los convoyes a los destacamento del interior y a Aargub, las prácticas de tiro en el desierto, etc..
Un día hubo un consejo de guerra contra diversos legionarios. Parece ser que los oficiales que formaban parte tanto del tribunal, fiscal y abogado defensor tenían que llevar el sable reglamentario, sin embargo, a alguno a quien le tocó formar parte del consejo no lo tenía y otro oficial más avispado le dijo que en Comandancia alquilaban espadas. Sin pensarlo dos veces el oficial se fue directo hacia Comandancia, entra, pide permiso y el comandante le pregunta: “hola chaval ¿que hay?” “Pues mire mí comandante que me han dicho que aquí se pueden alquilar espadas”. Ya os podéis imaginar la cara del comandante, ya que no sabía si le tomaba el pelo o el oficial era un poco bobalicón y nosotros que nos meábamos de risa. ¿Ir a alquilar una espada?. No lo enviaron a un destacamento del desierto por milagro.

La cabra

También tengo un especial recuerdo para el sargento legionario que estaba con nosotros en Comandancia. Era una excelente persona, un compañero más, hasta el punto que tuvo algún toque de atención por parte del comandante debido a su familiaridad con nosotros. Un día me dijo si una tarde podré ir a su casa a Villa Cisneros para ayudarlo a colocar la antena de la televisión en la azotea de su casa. Yo sin más voy a su casa a ayudarle. Subimos a la azotea con la caja de cartón de la antena y allá nos encontramos un par de cabras, ya que en el edificio también vivían saharauis y la azotea la hacían servir de corral. Empezamos a desmontar la caja, sacamos los aparatos, la dejamos en un rincón y montamos la antena. Una vez terminada la faena lo recogemos todo y la caja de cartón había desaparecido: !Caramba! ¿Dónde está la caja? Nos giramos y vemos las dos cabras mirándonos con cara de bobaliconas y balando. !Se habían comido la caja! No sé si más adelante dieron leche con tetra-bric incluido, pero aquel día merendaron muy bien.
La vida en Comandancia era un poco monótona. Intentábamos distraernos como podíamos; íbamos, de vez en cuando, al cine del tercio, a la piscina, alguna salida con los compañeros a la playa, a Villa Cisneros, a dar una vuelta y de vez en cuanto a casa de la Zoila: unos a mirar y los otros a desahogarse. Las odiosas y tediosas partidas de ajedrez con el comandante (¡cualquiera le decía que no!).
Una vez licenciados Andreu y Emili, subí un escalón en mi vida militar: fui a dormir al despacho de Comandancia. Todo un privilegio ya que suponía no levantarse a toque de diana, tampoco pasar la retreta, y los domingos levantarse tarde, eso sí dormía en el suelo con un colchón. Que mullido que era el suelo con todas éstas ventajas.

Vista de Villa Cisneros

De golpe toda esta monotonía y tranquilidad se esfumó alrededor del 15 de agosto de 1974 cuando nos llaman de la Red Permanente que tienen un telegrama cifrado para Comandancia. Eso fue el principio del fin: era la Marcha Verde.
Fue entonces cuando me percaté de la magnitud de la tragedia. Todos los mandos nerviosos, gritando arriba y abajo, hasta bien entrada la madrugada. Al cabo de unos días todo se fue serenado, sin embargo, poco a poco comenzó el desfile de diferentes unidades de la legión y de “pistolos” hacia el norte, hacia la frontera de Marruecos. Algunos compañeros que, en teoría, se tenían que licenciar me preguntaban si se podrían ir o qué, ya que suponían que por el hecho de estar en Comandancia pensaban que les podía dar más información. Ni tan solo yo sabía si en el próximo diciembre me podría ir.
Al cabo de unos días comenzaron a aterrizar, literalmente, soldados de Canarias y de la península. Los pobres estaban en un estado de “shock”, ya que de un día al otro los habían enviado al Sáhara, sin saber muy bien que pasaba, sin embargo, se imaginaban lo peor. Era evidente que no habían venido de vacaciones ni de viaje de placer.
Los colocaron en la parte de atrás del comedor de la legión en unas tiendas de campaña y prácticamente de allá no se movían. Nosotros como distracción los íbamos a ver y aún les metíamos más miedo en el cuerpo. No hacía falta hacer muchos esfuerzos ya que los pobres estaban muy acojonados.
También poco a poco comenzó a llegar armamento. Yo pensé que en caso de conflicto mejor eso que las botellas de coca-cola llenas de arena.
Cada vez éramos menos en el Farnesio, solo quedaban cuatro gatos y yo en mi línea de enfermo imaginario, aprovechando que a medios de septiembre me cogió un cólico nefrítico volví a recuperar mi papel ya casi olvidado.

Entrada del cuartel Alejandro Farnesio

Estuve unos días con dolores muy fuertes y gracias a Pep Farràs que era el enfermero de la Compañía de Sanidad, ideamos una estratagema: cada día informaba al capitán médico sobre mi estado de salud diciéndole que no mejoraba, a pesar de los calmantes que tomaba. El capitán viendo mi estado y pensando que antes de que este pájaro se me muera aquí, lo evacuamos al Hospital de Las Palmas. Al cabo de unos días ya estaba en las Canarias.
Canarias, ¡la civilización! Después de más de un año en el Sáhara aquello me pareció un paraíso. Recuerdo muy especialmente cuando el avión estaba a punto de aterrizar en el aeropuerto de Gando que se veían los campos verdes de los plátanos, un color que ya casi había olvidado. Una maravilla.
Una vez a Las Palmas aquello me parecía un sueño. Casas, calles con árboles, parques, coches, gente que no eran militares, chicas, muchas chicas y muy bonitas. En definitiva estuve un mes y pico en el Hospital Militar de enfermo imaginario.
Durante mi estancia en el hospital y hasta al cabo de una semana no me visitó ningún médico y el único que lo hizo fue un soldado-médico que estaba haciendo la mili. Visita de trámite y fuera. Total un tiempo de vacaciones y de relax sin ni pensar en el follón del Sáhara



LA PESADILLA NO SE ACABÓ CON LA LICENCIA

argila @ 06:27

Pere Espluga Carreres

BIR Nº 1 - Playa del Aaiun - Sahara A.O.E. Octubre-Diciembre 1973
Comandància Militar de Villa Cisneros, 1974 - Sahara A.O.E. año 1974

Emili, Pere y Andreu

Pasaban los días y como que nadie me decía nada, hacia finales de octubre le dije al capitán médico que ya me encontraba mejor – era mentira - y que me diese la alta ya que se acercaban el momento de licenciarme y si estabas hospitalizado no te dejaban irte.
Me dio la alta y estuve algunos días en un cuartel que estaba en la Isleta, desde donde teníamos una magnifica vista de la ciudad de Las Palmas, esperando el barco hacia Villa Cisneros. Tres magníficos días de crucero por el Atlántico, por decir alguna cosa, con el “Viera y Clavijo”, que era el barco viejo destartalado que hacía la ruta regular Las Palmas, el Aaiún, Villa Cisneros, La Güera.

El Viera y Clavijo

Y volvemos a la rutina, con la gran diferencia que cuando me fui había poca gente en el cuartel pero ahora no había nadie. Cuatro gatos. Iban pasando los días sin saber demasiado como se desarrollaba el conflicto ya que Villa Cisneros estaba muy lejos de todo. Al cabo de unos días me volvió a coger otro cólico. Aguanté como pude sin decir ni pío ya que me faltaba poco para licenciarme.
Finalmente llegó el día tan deseado: el de licenciarme. Me parece recordar que era por las inmediaciones del 3 de diciembre del 74. Por fin la libertad. Hacia casa. Eso fue otro choque. Después de tanto tiempo en el desierto reintegrarte nuevamente a tu cotidianidad anterior me costó un poco y más llegando en diciembre a Barcelona, con un frío que pelaba.
Un par de días después de haber llegado, recibo un telegrama en casa de Comandancia Militar de Villa Cisneros. Me quede blanco. ¿A qué me dicen que tengo que volver por qué la cosa se ha complicado y han anulado todos los licenciamientos? Nada de todo eso: era el comandante que me preguntaba si había llegado bien y que se lo comunicase y eso hice.
Desde entonces y durante mucho de tiempo soñaba que volvía al Sáhara, Que debía repetir la mili. Que no les constaba que hubiese estado haciendo la mili. Toda una pesadilla que duró mucho tiempo.



NUESTRO SUEÑO ES VOLVER

argila @ 06:26

Pere Espluga Carreres

BIR Nº 1 - Playa del Aaiun - Sahara A.O.E. Octubre-Diciembre 1973
Comandància Militar de Villa Cisneros, 1974 - Sahara A.O.E. año 1974

Ahora quizá nuestro sueño es volver desde la distancia de los 34 años pasado y los compañeros reencontrados para intentar revivir, sin nostalgias, una etapa de nuestra vida que aunque quizá no hemos estado muy conscientes nos ha marcado.

Encuentro del 6 de Julio del 2008

Quiero acabar expresando mi agradecimiento a todos los compañeros, por los buenos ratos pasados que son las que nunca se olvidan, y en especial a los que nos hemos reencontrado últimamente, que son:
De izquierda a derecha, de pie: Gabriel Manzano, Emili Fontanillas, Joan Barnadas, Robert Ventura, Carles Porta, Enric Bayé, Jaume Romaguera, Joaquim Ruiz, Hilari Joan, Andreu García, José Bello, Albert Bou.
De izquierda a derecha, sentados: Pere Costa, Pere Espluga, Pep Farrás, Valentín Pinto, Ramiro Vázquez, Pere Nolla.
Espero no dejarme ninguno - y a todos los que no pudieron venir y esperamos reencontrarlos lo antes posible y por la ilusión puesta en proyectos futuros

Pere y Jesús

Y un recuerdo para aquellos que ya no están entre nosotros y muy especialmente para Jesús Ruvirola Pibernat con quien compartí muy buenos ratos y nos unía una gran amistad.



*

argila @ 06:26

VACACIONES POR "OBLIGACIÓN"

argila @ 06:26

Hilari Joan d'Argila

BIR Nº 1 - Playa del Aaiun - 1ª Compañía - Sahara A.O.E. Enero-Marzo 1974
Regimiento Mixto de Ingenieros nº 9 Transmisiones Villa Cisneros Sahara A.O.E. desde Abril hasta Septiembre de 1974
IV Tercio de la Legión - Transmisiones - Edchera - Sahara A.O.E. desde Septiembre de 1974 hasta Abril de 1975

Hilari Joan d'Argila

Soy de una generación que por suerte o desgracia nos tocaba hacer “la mili”, estábamos obligados a servir al ejército y esto comportaba un cambio radical. Uno pasaba de golpe de adolescente a adulto y en muchos casos perdía parte o todo lo que había conseguido, trabajo, novia, amigos, estudios.

En cualquier caso no era lo mismo hacer la mili al lado de casa, que hacerla lejos, ni tampoco era lo mismo hacerla en la península o en el Sahara.

Yo como tantos otros, fui de los que nos tocó hacer la mili en el Sahara. Además en una época de conflicto, los años 1974 y 1975, por un lado el Frente Polisario que desde mediados del año 1973 empezó a organizarse y actuar, y de otro Marruecos que inició su estrategia para anexionarse el Sahara. Se puede decir que el conflicto como tal empezó en Agosto del 1974.

Si al hecho de hacer la mili lejos de casa, le añadimos un conflicto, un territorio extraño y muy diferente, un clima extremo, las consecuencias psicológicas pueden ser muy grandes. La consecuencia más notable ha sido que durante años, muchos años, he tenido el mismo sueño y no era otro que me volvían a llamar para hacer la misma mili y por cierto era muy real. Dicen que el tiempo cura todas las heridas, y parecía así, pero hace unos meses, el reencuentro con un compañero e íntimo amigo de la mili, hacía 34 años que no nos veíamos, me ha despertado una gran inquietud, que me ha traído de nuevo aquellos sueños olvidados y un deseo de contactar con los antiguos amigos y compañeros. No sólo eso, sino que tengo una necesidad irrefrenable de explicar lo que fue mi experiencia sahariana desde enero del 1974, hasta el abril del 1975. Y es por este motivo que he escrito esta WEB.

Pienso que mayoritariamente los que hicieron la mili en el Sahara se encontrarán reflejados, puesto que yo tuve una mili muy movida, y puedo explicar todo tipo de experiencias del periodo de instrucción, de mi destino en el cuartel de Villa Cisneros y del último destino en Edchera, ya en época de conflicto.

La lectura de las 287 cartas que le envié a mi novia, ahora mi mujer, y olvidadas durante 34 años, pero que por suerte estaban guardadas, son la fuente principal de inspiración, puesto que son como un dietario y un recordatorio de multitud de cosas, que al leerlas, me ponen incluso la piel de gallina, haciéndome un servicio fundamental para aproximarme a la realidad de lo que me sucedió.

De pesca cerca de Villa Cisneros

No todo eran malas sensaciones, ni son malos recuerdos, puesto que están olvidados.

Seguramente las dificultades compartidas hacían que los compañeros se convirtieran en los mejores amigos y que gracias a ellos, junto con el apoyo de la novia y de la familia, se pudiera tirar para adelante con un mínimo de dignidad. Seguramente ha sido la época de mi vida en la que adjetivos como solidaridad, amistad, entrega han tenido un valor superlativo.

Poder disfrutar del espectáculo de la naturaleza en toda su dimensión, paisajes increíbles, con mares de arena y dunas o llanuras con pedregales infinitos, salidas y puestas de sol espectaculares, ríos secos de una inmensidad grandiosa, oasis llenos de vida, playas vírgenes, acantilados impresionantes, cielos completamente azules, noches serenas con la visión de millones de estrellas y galaxias. Una climatología extrema en el interior, con temperaturas diurnas de 50º en verano y por debajo de cero las noches de invierno. Con variabilidad térmica diaria casi insoportable, tormentas de viento y arena “siroco” que convierten el día en prácticamente noche y que te dejaban completamente lleno de arena, incluso en los rincones del cuerpo más insospechados. Pero también disfrutar de la aventura con salidas al desierto o la costa más parecidas a un safari, que a una acción militar. Pero también participando en más de una acción militar y muy real.

Patrullando la frontera - Marzo 1975

Durante este periodo sahariano, puedo decir que visité o circulé por casi todo el territorio del Sahara Occidental, tanto el norte, como el sur, como el este y el oeste. Estuve tanto tiempo en el interior, como en la costa y no exagero si digo, que casi 100 noches las dormí en el suelo, en pleno desierto. Los destinos fundamentales fueron tres:

Desde mediados de enero del 1974 hasta finales de marzo en el BIR1 - Batallón de instrucción de reclutas, situado en la playa, cerca del Aaiun.

Desde finales de marzo hasta mediados de septiembre del 1974 y una vez acabado el periodo de instrucción, me destinaron a la compañía de transmisiones de ingenieros sita en el cuartel del 4º tercio de la legión “Alejandro Farnesio” de Villa Cisneros.

Desde mediados de septiembre del 1974 hasta el abril de 1975, destinado a Edchera, apoyando al 4º Tercio de la legión, coincidiendo con el inicio, el mes de agosto del 1974, del conflicto con Marruecos. De una parte el gobierno español propuso la celebración de un referéndum de autodeterminación del pueblo saharaui y Marruecos aprovechó para iniciar su escalada militar, concentrando tropas en la frontera norte.



En este mapa estan todas las poblaciones por las que transité, ya sea por que estuve destinado, o bien con motivo de patrullas, maniobras o salidas vàrias al desierto.

Mapa del Sahara Occidental. Poblaciones en las que estuve o transité



UN VIAJE "SURREALISTA"


Hilari Joan d'Argila

BIR Nº 1 - Playa del Aaiun - 1ª Compañía - Sahara A.O.E. Enero-Marzo 1974
Regimiento Mixto de Ingenieros nº 9 Transmisiones Villa Cisneros - Sahara A.O.E. desde Abril hasta Septiembre de 1974
IV Tercio de la Legión - Transmisiones - Edchera - Sahara A.O.E. desde Septiembre de 1974 hasta Abril de 1975

La foto tipica

Insignia identificativa de los soldados del Sahara

Ya estoy en el tren, en la estación de Francia de Barcelona, y como yo, está lleno el tren de jóvenes asustados y preocupados por su futuro inmediato. Estoy sentado junto a una ventana, en el andén miles de personas, reclutas despidiéndose de sus familiares y mis familiares y novia enganchados al exterior de la ventana dándome las manos, lanzándome besos y alguna que otra lágrima. Fue la última visión de mis queridos, durante meses. Toda la noche en el tren “borreguero” y por la mañana llegada a Madrid y traslado en camiones a un cuartel de transeúntes del que no recuerdo el nombre. No querría exagerar si digo que el 16 de enero fue uno de los peores días de mi vida. Iba vestido con ropa de calle, una camisa, americana y pantalón, ropa muy ligera para el intenso frío que me esperaba. Toda la jornada la pasamos a la intemperie, con temperaturas por debajo de cero. Haciendo cola para el desayuno, la ducha de agua fría, la comida, el corte de cabello, la cena y más cosas que no recuerdo, pero un día da para mucho. Al fin llega la noche y nos acomodan en unas literas con colchones y mantas mugrientas y con algún que otro chinche cenando a nuestra costa. Creo recordar que no había sábanas.

Al día siguiente, 17 de enero, nos trasladan al aeropuerto militar de Getafe, creo recordar. Allí pasamos buena parte de la mañana, en la pista hay cinco aviones DC4, aparatos de cuatro motores de hélices, como mínimo de la segunda guerra mundial. Hacia el medio día se da la orden de subir a los aviones, la comida se supone que la haremos en el trayecto, puesto que nos dan una bolsa en la que hay dos huevos duros y un cuarto de pollo. Querría decir que era la primera vez que volaba en avión y creo que por el desconocimiento no tenía miedo de volar, pero tras esta primera experiencia, cada vez se me hace más difícil, o sea que tengo pánico a los aviones y a volar. Y eso que por diferentes motivos he cogido multitud de vuelos, tanto de corto como de largo recorrido.

Del viaje de Madrid al Aaiun, que duró unas 6 horas, recuerdo que los asientos eran dos banquetas de madera, una a cada lado, que hacía mucho frío debido a que la puerta no ajustaba y había un ruido insoportable. Poca cosa comimos puesto que la mayoría de compañeros de viaje se mareó y muchos acabaron usando la bolsa de la comida para vomitar. En un momento determinado del viaje se paró uno de los motores y el susto fue mayúsculo, salió el copiloto de la cabina y nos explicó que paraban los motores alternativamente para refrigerarlos. Un poco más tarde, los chicos que estaban sentados en la parte izquierda nos indicaron que ya se divisaba la costa del Sáhara. En un acto reflejo casi todos los que íbamos sentados en el otro lado nos levantamos para ver la vista aérea de la costa Saharaui. El resultado fue que el avión se inclinó hacia al lado donde había más peso e inmediatamente de la cabina salió de nuevo el copiloto y nos llevamos la primera bronca de la mili. Al poco rato aterrizamos en el aeropuerto del Aaiun. Al desembarcar y ver que solo había tres de los cinco aviones, nos enteramos que un no despegó por una avería y que un segundo hizo un aterrizaje de emergencia en Sevilla, también por problemas técnicos.

El aire es irrespirable y hace viento. Hay como una niebla y todo parece de color rojizo. Nos hacen formar y multitud de gente al grito de UUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUU “.....” nos da la bienvenida, dando vueltas a nuestro alrededor. Me siento pequeño, minúsculo, insignificante, transparente entre aquella gente, que parece diez años mayor que yo, mal vestida, de ropa descolorida, morena de piel, quemada por el paso de los meses en este clima inhóspito, pero son soldados que están haciendo la mili como yo y sólo tienen unos meses más de edad. De pronto siento mi nombre, Hilari Joan d’Argila y lo veo escrito en un gran rótulo y vuelvo a sentir mi nombre en otra dirección, estoy entre dos soldados veteranos que me buscan, uno le conozco, el otro no. Los dos me dicen si quiero ir a su compañía, los dos son de Badalona, por un momento dejo de ser pequeño y transparente y puedo decidir algo por mí mismo. Escojo el que conozco, mi amigo de los Salesianos de Badalona, Berciano. Él está de instructor en la 1ª compañía y con él iré a hacer de recluta a su compañía y barracón.

Camiones de la legión

Una vez distribuidos por compañías, nos hacen subir a unos camiones de la legión que nos llevarán hasta el BIR. Empieza el trayecto, el BIR está situado unos 20 kilómetros en dirección a la costa. Aunque se empieza a hacer de noche, puedo contemplar la primera panorámica del desierto, el mar de dunas que hay en este trayecto. Los conductores legionarios no se están de nada y conducen a toda pastilla, sobre todo a las curvas. La primera curva nos coge desprevenidos y unos cuántos nos vamos al suelo de la caja del camión.

La llegada al BIR es apoteósica, nos reciben el resto de soldados que no se han desplazado al aeropuerto, a trancas y barrancas podemos llegar hasta dónde está situada la 1ª compañía y por el momento la primera noche la pasaré en el barracón trece.


UN ALBERGE DE JUVENTUD LLAMADO "BIR"


Hilari Joan d'Argila

BIR Nº 1 - Playa del Aaiun - 1ª Compañía - Sahara A.O.E. Enero-Marzo 1974
Regimiento Mixto de Ingenieros nº 9 Transmisiones Villa Cisneros - Sahara A.O.E. desde Abril hasta Septiembre de 1974
IV Tercio de la Legión - Transmisiones - Edchera - Sahara A.O.E. desde Septiembre de 1974 hasta Abril de 1975

En el BIR

Los dos primeros días en el BIR, han sido días de adaptación, dedicados a aprender las normas básicas, conocer horarios, la ubicación y funcionamiento de las diferentes dependencias. Aparte de las charlas de los legionarios, hemos tenido barbero con corte de cabello prácticamente al rape. Durante estos días todavía vamos vestidos de calle, pero ya formamos para todo y seguimos los horarios. Básicamente se trata de que lleguen todos los reclutas y aprovechan para hacer propaganda para conseguir voluntarios para la legión y los paracaidistas.

Diariamente tenemos exhibiciones y conferencias de legionarios, se han apuntado un número importante de reclutas, pero ninguno de los que ya puedo considerar amigos. Para profundizar en “el marketing” nos han tenido con poca agua, sin duchas y lavabos. Os preguntaréis y como hacíamos las necesidades fisiológicas, pues íbamos al campo de margaritas, zona exterior de la muralla del BIR que era en realidad la gran “letrina”. Todo el mundo lo conocía por el campo de margaritas, o también ir a plantar margaritas. Los domingos podía tocar un servicio denominado “recogida de margaritas” o también “ir a recoger catalinas”.

Durante estos días he empezado a hacer amistades y aunque hace pocos días que nos conocemos, ya tenemos conversaciones de tal nivel, que en otras circunstancias sólo se tienen con amigos íntimos de toda la vida.

El primer domingo, han venido de visita veteranos destinados al Aaiun. Parece que es tradición que los veteranos vengan al BIR a ver si encuentran algún amigo o paisano entre los reclutas e intentan animarlos. Ha sido muy interesante puesto que he conversado con diferentes catalanes y algunos de Badalona y la verdad que he salido bastante confortado. Los catalanes están en casi todas las oficinas de los diferentes cuarteles y unidades, incluidas las del BIR y cuando se deciden los destinos, procuran que los catalanes tengan los mejores.

Ya me ha tocado el primer servicio, el de cocina. La cosa empieza a las cinco y media de la mañana y hasta las doce de la noche, es un no parar. Preparar el almuerzo para 2500 reclutas, poner las mesas, recoger las mesas, limpiar el comedor, limpiar los platos, preparar la comida, poner las mesas, recoger las mesas, limpiar el comedor, fregar los platos, preparar la cena, poner las mesas, recoger las mesas, limpiar el comedor, fregar los platos.

Imagenes del BIR

Hemos empezado la vida típica de recluta. Nos han repartido los uniformes y toda la ropa para hacer las diferentes actividades. A partir de ahora todos los días, menos los fines de semana serán prácticamente iguales. Diana antes de las siete de la mañana, ir a almorzar, cambio de ropa en cinco minutos e ir a instrucción, cambio de ropa en cinco minutos e ir a gimnasia, cambio de ropa en cinco minutos e ir a la ducha, cambio de ropa en cinco minutos e ir a comer, descanso de media hora, volver a hacer instrucción, teórica hasta las seis de la tarde. De seis a nueve descanso, que se aprovecha para escribir las cartas o leer el correo, afeitarse, limpiar ropa, botas, cena. A las nueve a formar, se pasa lista y a dormir.

Antes he comentado que al final de la mañana hay ducha, no es exactamente así, la realidad es que hay un día ducha y tres de baño en la playa

Lo del baño en la playa es para enmarcarlo. Nos forman a toda la compañía, vamos desnudos y únicamente tapados con una toalla, haga frío o calor, haga más o menos viento, al llegar a la playa hay la obligación de bañarse tanto si hace mala mar como sino. El problema viene de vuelta a la compañía, puesto que normalmente sopla el viento, y este lleva arena, que es muy fina y se engancha a la piel, penetra en orejas, nariz, boca y otros lugares más escondidos, quedando la toalla sucia y húmeda. Si el viento sopla fuerte y viene del campo de margaritas la combinación nos la podemos imaginar.

En la playa del BIR

Ha tocado de nuevo servicio a la compañía y a mí me ha tocado servicio de limpieza. Previamente hemos pasado por la tortura de la vacunación y con revisión de pene incluida. Hemos de imaginar una hilera de chicos desnudos entrando por una puerta, unos enfermeros que clavan una aguja en cada brazo del recluta y este sigue andando con un pequeño hilo de sangre que empieza a correr por cada brazo y que más de uno al ver la sangre se desmaya. Más adelante dos nuevos enfermeros que completan la inyección. Para acabar nos hacen revisión de pene, tenemos que contraernos el prepucio, vulgarmente “descapullar”, y sorpresa a un par que tengo delante y algunos otras los envían a la playa, que está al lado, a lavarse, puesto que parece que lo tenían sucio desde que nacieron. A continuación he pasado la mañana haciendo el servicio de limpieza, este consiste en ir andando por todo el recinto e ir cogiendo papeles, puntas de pitillo, plásticos, botellas, etc.

La actividad de un domingo, a no ser que se tenga servicio, empieza con diana y almuerzo. A continuación vestirse de paseo y la obligación de asistencia a misa. A partir de este momento, tiempo libre hasta la noche a la hora de pasar la lista. Como consecuencia de la vacunación de ayer, hay muchos compañeros con fiebre, no es mi caso. Todavía no tenemos permiso por salir del BIR y tenemos de pasar las horas como mejor se pueda.

Nos han hecho entrega del fusil de asalto “cetme” y han hecho una teórica de su funcionamiento, enseñándonos a desmontarlo y limpiarlo.

La rutina es realmente agotadora, nos debemos cambiar de ropa un montón a veces, algún día he contado hasta diez cambios de ropa. Botas para la instrucción, deportivas para la gimnasia, sandalias para el resto. En la instrucción nos están exigiendo mucho, a la más mínima que alguien no lo haga como el instructor de turno quiere, se lleva una buena bronca y alguna que otro empujón.

Hemos empezado a hacer instrucción con el cetme y esto ya son palabras mayores. Lo primero que nos han hecho hacer es desfilar durante veinte minutos con el cetme cogido por la mano derecha y levantado dos dedos del suelo. A los veinte minutos tenía la mano dormida. Después veinte minutos de paso ligero con el arma al pecho y cogida con las dos manos, para acabar haciendo movimientos varios con el cetme. Al ser la primera vez ha salido desastrosamente y hemos repetido los movimientos durante dos horas, hasta que los instructores se han cansado. A continuación a cambiarse para la gimnasia. La primera hora hemos hecho movimientos y la segunda, un paso ligero. Cambio de ropa y al baño, nos quedamos con el pantalón de gimnasia y sandalias. Nos bañamos en la playa, completamente desnudos. Hace mucho frío, viento y el agua está congelada. De nuevo cambio de ropa y a comer, media hora de descanso, dos horas de instrucción, cambio de ropa y dos horas por teórica. Un nuevo día a “tuti pleni”.

Casi todo el mundo está constipado, yo por el momento y toquemos madera, me estoy librando. Se nota, porque por las noches hay un concierto de tos y de estornudos. En cualquier caso el cansancio acumulado hace que me duerma como un angelito y eso permito a los chinches hacer de las suyas.

Cetme

Al fin hemos hecho algo diferente. Hemos ido a practicar el tiro con el cetme. A primera hora, tras el almuerzo, hemos andado en formación, un kilómetro aproximadamente. Me he fijado en el paisaje, todo llano sin ninguna montaña, una mezcla de pedregales y alguna que otro duna, el cielo completamente azul y al fondo el Atlántico. Al llegar al lugar, hemos visto las dianas a una distancia de como mínimo cien metros. Nos han hecho disparar por grupos de 30. Del grupo anterior al mío y que estaba colocado justo en frente y preparados para disparar, a pasado el que nos decían constantemente que no debíamos hacer, que si teníamos cualquier problema levantáramos la mano y no nos giráramos, que vendría un instructor e intentaría resolver lo. A un recluta de ese grupo, no le disparaba el arma y sin encomendarse a nadie se ha levantado y se ha girado con el cetme apuntándonos, por suerte el arma ha seguido callada, pero el chico se ha llevado un juego de hostias impresionante.

Al fin me ha tocado mi turno, me han indicado cual es mi diana, cargo el arma, apunto, aprieto el gatillo y que no dispara, me pongo muy nervioso, pero yo hago lo que toca, levanto la mano derecha, se acerca un instructor y soluciona el problema. Vuelvo a hacer un intento de disparar y ahora si que funciona. Noto el retroceso en mi hombro derecho y todo que me habían avisado el golpe es muy fuerte. Me preparo mejor para el segundo disparo y noto que esto empieza a funcionar. El capitán no está nada contento con los resultados de nuestro grupo y sólo tres nos salvamos de un paso ligero por mala puntería. Tengo que decir que de los 10 disparos he colocado cinco alrededor del centro de la diana. Con todas estas historias hemos llegado tardísimo al BIR y ya es la hora de comer. Resulta que hoy nos tocaba ducha de agua dulce, que nos hemos perdido. Encima tras la comida nos han castigado a diez de los que estábamos en la misma mesa del comedor y todavía no se porque, el castigo ha consistido en limpiar todas las mesas y barrer el comedor. Todo esto no me ha librado de hacer las actividades de la tarde.

Me ha tocado un nuevo servicio, hogar del soldado. Durante todo el día haciendo trabajos en la cantina, limpiando platos, vasos, mesas, barriendo, etc. En un pequeño descanso en el que me he podido sentar, resulta que ha entrado un capitán y yo no me he dado cuenta, por lo tanto no me he levantado, por suerte la cosa solamente ha quedado en una monumental bronca por parte del capitán.

Hemos vuelto a ir al tiro. A la vuelta nos la han hecho hacer a paso ligero, ha sido terrible ver como se iba quedando la gente totalmente agotada, empezaban a andar y algunos caían. Yo he aguantado lo que he podido pero ha llegado un punto que he acabado andando. A todos los que no hemos llegado a paso ligero nos han castigado. Tras la comida nos han tenido veinte minutos quietos y con el brazo derecho levantado.

Con los amigos en la playa del BIR

Nuevo fin de semana. Todavía no tenemos permiso por bajar al Aaiun. Aquí lo pasamos como mejor podemos, nos juntamos con los amigos y vamos a pasear o tomar el sol a la playa, a la cantina. Para cenar ya no vamos al comedor y nos lo preparamos nosotros. Sólo he ido una vez a cenar, prefiero apañarme con mis amigos.

Habíamos de ir de nuevo a hacer prácticas de tiro, pero a primera hora nos han hecho un pequeño examen de conocimientos generales. Al acabar a unos cuántos nos han hecho quedar en las oficinas, para ayudar a corregir los ejercicios, por cierto todos catalanes. Hemos estado toda la mañana charlando y riendo.

De nuevo servicio a la compañía, por la mañana me he librado y he estado sin hacer nada. Los que por la mañana nos hemos librado, por la tarde nos ha tocado ir al campo de tiro, a preparar las dianas para el día siguiente, que eran siluetas de personas. Resulta que hacía un viento del norte, muy fuerte, frío y que levantaba la arena. Nos ha dificultado mucho la caminata. La arena al chocar con la cara hacía daño y se ha metido por todo el cuerpo, lo peor los ojos que nos han acabado enrojecidos y llorosos. Ha sido una tarde agotadora.

Nuevas prácticas de tiro. El tiro se ha hecho sobre las siluetas de personas que preparamos el día antes. La distancia unos doscientos metros. De nuevo mi puntería que no falla y si las siluetas hubieran estado vivas, ahora ya no lo estarían. A medida que cada grupo ha ido acabando, nos han hecho hacer prácticas cómo: echarse al suelo, arrastrarse, dar vueltas y siempre con el cetme en la mano. El retorno lo hemos hecho a paso ligero y ya he conseguido llegar al Bir, sin dejar de correr, pero ha sido in extremis. Por la tarde hemos estado rascando la pintura de los barracones, puesto que parece que los quieren volver a pintar del mismo color verde loro.

La suerte me está acompañante, la mayoría estando resfriados, tienen tos o dolor de garganta. Otros van cojos debido probablemente a las agujetas y hay algunos que se han hecho cortes con vidrios en los pies por culpa de los baños en la playa. Otros están masacrados por los chinches y algunos acumulan varios de estos estragos. Yo por el momento sólo tengo alguna picadura de chinche y poca cosa más.

Una cosa muy habitual es la escaqueo. Resulta que a la hora de comer hemos tardado más de la cuenta para formar, según los instructores, y nos han castigado a hacer instrucción durante el rato de descanso de después de comer. Yo he pensado me vengaré y así lo he hecho, un poco antes de la teórica me he ido a la cantina y allí he estado hasta las seis de la tarde, que nos ha tocado hacer una marcha de diez kilómetros, con todo el equipamiento y simulando una acción bélica real. Ha sido divertido, Ha habido dos reclutas que se han desmayado y los han llevado en camilla.

POI - Granada de mano

El lunes once y martes doce de Febrero hemos aprendido a lanzar granadas de mano “POI”. El primer día hemos hecho prácticas con piedras. La situación era la siguiente: Un teniente está en un lugar donde hay muchas piedras y rocas, los reclutas están a una cierta distancia, esperando turno para ir donde está el teniente, los instructores aprovechan la espera para explicar en que consiste el lanzamiento de granadas y lo que se ha de hacer. Insisten en la posición de lanzamiento y que inmediatamente después de realizar-lo hay que echarse al suelo y esperar a que la granada haga explosión, para después levantarse e ir rápidamente hasta dónde están los compañeros que ya han hecho el lanzamiento. Al ser de entreno, es más bien una diversión. En cualquier caso el teniente va explicando a cada recluta lo que debe hacer y corrigiendo errores. Aunque más de uno no se libra de una bronca.

El Martes repetimos la jugada pero seriamente. Hay algunos nervios, van pasando los reclutas hasta que me toca a mí. Voy hasta dónde está el teniente, este me pregunta si estoy tranquilo y yo le digo que sí. Me da una granada, saco el seguro y la lanzo lo más lejos posible. Pasan los segundos, 3 o 4, que se hacen eternos, al fin una gran explosión y el teniente que me dice “muy bien muchacho”. Me reúno con los compañeros que ya han hecho su lanzamiento y nos explicamos la experiencia. Siempre hay el alguno que en vez de agacharse se queda mirando el efecto de la explosión, en este caso la reacción del teniente es tirarlo al suelo de un fuerte empujón y posiblemente arrestado a cocina. Por desgracia ha habido un accidente, ha pasado en la 5ª compañía, un chico al lanzar la granada le ha caído a un metro entre el teniente y él, no se sabe si debido a los nervios o que se le ha escapado de las manos, la cuestión es que el teniente ha saltado por los aires y ha quedado mal herido y el soldado posiblemente perderá un ojo.

Ahora ya nos hacen desfilar constantemente, se supone que para preparar la jura de bandera. Una mañana ha venido un general para ver cómo va la instrucción, por la mañana no hemos hecho otro cosa que desfilar, pero por la tarde nos han dado fiesta. Al día siguiente, de nuevo tiene servicio la compañía, pero yo me he librado. Me han comunicado que estoy en la lista de futuros cabos y seguramente la semana próxima empezaremos el curso.

Sólo hace un mes que estamos aquí pero ya estamos muy adaptados, hemos empezado a coger ciertas confianzas, seguramente promovidas por los mandos. Resulta que el otro día, a la hora de pasar lista, los del barracón trece se presentaron todos juntos, en formación y a la carrera, arremangados y diciendo en voz alta “PRI-ME-RA” “PRI-ME-RA” “PRI-ME-RA”. A los dos días los del barracón diecisiete hicieron lo mismo. Al día siguiente los del trece se presentaron diciendo “CO-PINO-O-NES” “CO-PINO-O-NES “CO-PINO-O-NES”. Al día siguiente fueron los de los barracones once y diecisiete que hicieron su número particular, diciendo “PE-LO-NES” “PE-LO-NES” “PE-LO-NES”. Esto iba dirigido a los del barracón trece que se habían pelado todos a la boina, es decir que por debajo de la gorra estaban pelados al rape. Los del trece se picaron y al día siguiente salieron cantante “AUNQUE NOS DIGAN PELONES NOS RASCAN LOS COJONES”.

Tocó el turno a nuestro barracón, fuimos a retreta con mangas de camisa y arremangados, con el cinturón ancho atando los pantalones y corriente con las rodillas que llegaban a la cintura y cantando “LOS PELONES Y LOS ENANOS NOS LA TOCAN CON LAS MANOS. QUINCE, QUINCE, QUINCE. BIEN COÑO BIEN”. Al acabar aquella retreta nos pusimos de acuerdo todos los barracones y sin que nadie nos lo mandara nos pusimos a desfilar por el campamento en formaciones de barracones, a la carrera y cada grupo cantando su canción. A partir de aquel día se unificó el canto para toda la compañía y siempre que desfilábamos a paso ligero, cantábamos “PRI-ME-RA” “PRI-ME-RA” “PRI-ME-RA” “SIEMPRE A LA PUTA CARRERA”.

El domingo 17 de febrero de 1974 nos dan el primer permiso para ir al Aaiun. Se debe pasar revista antes de salir del BIR, o sea que hace falta ir bien limpio, afeitado y botas y cinturones brillantes.

Haciéndome el dormido en la litera del BIR

Al salir del BIR hay una especie de autobús que le dicen “GUA-GUA”, que cuesta 40 pesetas y tarda unos 25 minutos en llegar al Aaiun. Por fin puedo telefonear a mi novia y familia, después de hacer una buena cola, y puedo comer en un bar como Dios manda. Paso el día yendo de tienda en tienda viendo el montón de cosas que hay y los precios tan baratos, al estilo de Andorra.

Los días van pasando y se van repitiendo las mismas historias. Me ha vuelto a tocar servicio de cocina, de nuevo un día agotador, vuelvo al barracón dispuesto a dormir sin hacerme la cama, pero sorpresa estaba hecha y mejor que nunca, mi amigo Xavi se había encargado. Además de buen chico, es un gran amigo y compañero.

Hoy jueves ha pasado algo inédito en el Sahara, a media mañana mientras estábamos almorzando se ha puesto a llover, ha durado un cuarto de hora pero la intensidad ha sido muy fuerte y al acabar el desierto parecía un mar. El espejismo ha durado minutos, pero la imagen ha sido surrealista.

El sábado ha tocado de nuevo servicio a la compañía, yo particularmente no tengo hasta la noche, que me ha tocado hacer una patrulla. A veces que uno esté libre puede ser peor, hoy ha sido el caso, primero me han enganchado para ir a sacar arena del BIR, después a pintar barracones, tras comer han castigado los de mi mesa a limpiar el comedor, como ya empiezo ha estar harto de tanta arbitrariedad a los cinco minutos he visto la oportunidad de salir por una puerta y me he esfumado. Pero no se ha acabado así mi mala suerte, justo aparecer me han reclutado para descargar un camión cargado de verduras, esta vez mi presencia ha durado dos minutos.

Por la noche tengo patrulla, la patrulla dura dos horas y el recluta la hace acompañado de un instructor, he tenido suerte y yo la haré con el Berciano, el chico de Badalona que me reclamó el día de mi llegada al aeropuerto del Aaiun. Cuánto nos ha tocado el turno hemos ido directos a su habitación y hemos pasado los dos horas escuchando música, nos hemos preparado un te y hemos hablado del colegio donde fuimos juntos, de nuestros amigos comunes, de lo que haremos a acabar la mili, en conclusión que ha sido una patrulla muy gratificante.

Se pone de moda hacer un paso ligero hasta la duna del BIR, la más alta de todas las que hay cerca, la experiencia es demoledora, prácticamente nadie consigue llegar hasta arriba. Dentro de pocos días nos detallarán los destinos y los nervios empiezan a estar alterados. Como que ya se acerca el día de la jura de bandera nos pasamos el día haciendo instrucción, a no ser que toque servicio, que es cada cinco días. Servicios de cocina, limpieza, cantina, pintar barracones, sacar arena, recoger margaritas, limpiar letrinas y un largo etc. Aunque procuro desaparecer y ya soy todo un experto en el escaqueo, por suerte no me han pillado ninguna vez.

Querría destacar algo que me impactó mucho, seguramente lo que más de todas las vivencias que tuve en el Sahara. En el servicio de limpieza, cuanto el camión estaba lleno de todos los desechos recogidos, incluidas los restos de comida, se debía vaciar y para hacerlo se iba a un lugar próximo en el desierto. Al llegar una multitud de mujeres y niños subían materialmente al camión y la primera tarea era la de impedir que subieran, a continuación vaciaba el camión y el resultado era que la basura caía materialmente encima de aquella gente, que desesperadamente recogían todo lo inimaginable, sobre todo restos de comida. Aquella gente vivía allí mismo y subsistía de los desechos del BIR.

Mis amigos del BIR

Por fin el día 9 de marzo del 1974 nos dicen los destinos y los cinco amigos catalanes nos tocan unos buenos destinos. Zamora va destinado de sanitario a Helicópteros, Xavi de sanitario a Sanidad, Sayas a Tropas Nómadas, tal y como él quería, Molina a intendencia, este chico tiene el problema que está casado y esperando un hijo. Los cuatro se quedaran en el Aaiun. A mí me toca un destino a 600 kilómetros al sur del Aaiun a ingenieros de transmisiones de Villa Cisneros.

Los días van pasando y por fin el domingo 24 de Marzo de 1974 juramos bandera. Los días que pasan hasta ir al destino los tenemos libres a no ser que toque un servicio. Los reclutas van marchando poco a poco a sus destinos. De mis amigos, los primeros en hacerlo son Zamora, Xavi y Molina que marchan el lunes 25. Me hace mucha pena puesto que no se si los volveré a ver, aunque hemos quedado para encontrándose al acabar la mili. En la compañía hemos quedado en minoría y sólo quedamos los que hemos de ir a Villa Cisneros y los de tropas nómadas. En el barracón solamente quedamos 19, dedicamos los tres días que nos quedan a pescar, nos cocinamos la comida y sobre todo nos reímos mucho. Todavía deberé hacer un último servicio en la cantina el día antes de marchar, pero lo cierto es que ni tan solo me presento y el día 28 de Marzo del 1974 a las cuatro de la madrugada marchamos para Villa Cisneros.


DEL BIR A VILLA CISNEROS


Hilari Joan d'Argila

BIR Nº 1 - Playa del Aaiun - 1ª Compañía - Sahara A.O.E. Enero-Marzo 1974
Regimiento Mixto de Ingenieros nº 9 Transmisiones Villa Cisneros - Sahara A.O.E. desde Abril hasta Septiembre de 1974
IV Tercio de la Legión - Transmisiones - Edchera - Sahara A.O.E. desde Septiembre de 1974 hasta Abril de 1975

Paseando por Villa Cisneros

Todo empezó el día que fui trasladado del BIR a mi destinación en Villa Cisneros. Si alguien de vosotros ha hecho el trayecto del BIR a Villa Cisneros ya sabrá lo que era. A las cuatro de la madrugada salían los camiones del BIR y si todo iba bien llegaban a Villa Cisneros cuando ya era de noche. Un total de unas dieciséis horas de viaje. En teoría había una carretera pero en la mayoría de tramos estaba impracticable y los camiones tenían que circular por el desierto. Los reclutas, a partir de ahora y durante los próximos tres meses "Guripas", íbamos en la parte de detrás del camión, creo recordar qué sentados en unos bancos laterales, al cabo de un rato de ir botando y rebotando, el cuerpo estaba hecho una calamidad, lastimado por todas partes. El polvo que levantaban los otros camiones y el propio viento del desierto se iba filtrando por todos los lugares del cuerpo, incluidos los más recónditos. Al llegar a Villa Cisneros estábamos hechos un desastre.
Los que íbamos destinados a las compañías de ingenieros de transmisiones y zapadores nos dejaron en la entrada del cuartel del 4º Tercio de la legión, Alejandro Farnesio, que es donde estaban ubicadas. Creo recordar que los de intendencia y sanidad también estaban ubicados en el mismo cuartel.


UNAS VACACIONES POR OBLIGACIÓN

argila @ 06:25

Hilari Joan d'Argila

BIR Nº 1 - Playa del Aaiun - 1ª Compañía - Sahara A.O.E. Enero-Marzo 1974
Regimiento Mixto de Ingenieros nº 9 Transmisiones Villa Cisneros Sahara A.O.E. desde Abril hasta Septiembre de 1974
IV Tercio de la Legión - Transmisiones - Edchera - Sahara A.O.E. desde Septiembre de 1974 hasta Abril de 1975

Hilari Joan d'Argila

Soy de una generación que por suerte o desgracia nos tocaba hacer “la mili”, estábamos obligados a servir al ejército y esto comportaba un cambio radical. Uno pasaba de golpe de adolescente a adulto y en muchos casos perdía parte o todo lo que había conseguido, trabajo, novia, amigos, estudios.

En cualquier caso no era lo mismo hacer la mili al lado de casa, que hacerla lejos, ni tampoco era lo mismo hacerla en la península o en el Sahara.

Yo como tantos otros, fui de los que nos tocó hacer la mili en el Sahara. Además en una época de conflicto, los años 1974 y 1975, por un lado el Frente Polisario que desde mediados del año 1973 empezó a organizarse y actuar, y de otro Marruecos que inició su estrategia para anexionarse el Sahara. Se puede decir que el conflicto como tal empezó en Agosto del 1974.

Si al hecho de hacer la mili lejos de casa, le añadimos un conflicto, un territorio extraño y muy diferente, un clima extremo, las consecuencias psicológicas pueden ser muy grandes. La consecuencia más notable ha sido que durante años, muchos años, he tenido el mismo sueño y no era otro que me volvían a llamar para hacer la misma mili y por cierto era muy real. Dicen que el tiempo cura todas las heridas, y parecía así, pero hace unos meses, el reencuentro con un compañero e íntimo amigo de la mili, hacía 34 años que no nos veíamos, me ha despertado una gran inquietud, que me ha traído de nuevo aquellos sueños olvidados y un deseo de contactar con los antiguos amigos y compañeros. No sólo eso, sino que tengo una necesidad irrefrenable de explicar lo que fue mi experiencia sahariana desde enero del 1974, hasta el abril del 1975. Y es por este motivo que he escrito esta WEB.

Pienso que mayoritariamente los que hicieron la mili en el Sahara se encontrarán reflejados, puesto que yo tuve una mili muy movida, y puedo explicar todo tipo de experiencias del periodo de instrucción, de mi destino en el cuartel de Villa Cisneros y del último destino en Edchera, ya en época de conflicto.

La lectura de las 287 cartas que le envié a mi novia, ahora mi mujer, y olvidadas durante 34 años, pero que por suerte estaban guardadas, son la fuente principal de inspiración, puesto que son como un dietario y un recordatorio de multitud de cosas, que al leerlas, me ponen incluso la piel de gallina, haciéndome un servicio fundamental para aproximarme a la realidad de lo que me sucedió.

De pesca cerca de Villa Cisneros

No todo eran malas sensaciones, ni son malos recuerdos, puesto que están olvidados.

Seguramente las dificultades compartidas hacían que los compañeros se convirtieran en los mejores amigos y que gracias a ellos, junto con el apoyo de la novia y de la familia, se pudiera tirar para adelante con un mínimo de dignidad. Seguramente ha sido la época de mi vida en la que adjetivos como solidaridad, amistad, entrega han tenido un valor superlativo.

Poder disfrutar del espectáculo de la naturaleza en toda su dimensión, paisajes increíbles, con mares de arena y dunas o llanuras con pedregales infinitos, salidas y puestas de sol espectaculares, ríos secos de una inmensidad grandiosa, oasis llenos de vida, playas vírgenes, acantilados impresionantes, cielos completamente azules, noches serenas con la visión de millones de estrellas y galaxias. Una climatología extrema en el interior, con temperaturas diurnas de 50º en verano y por debajo de cero las noches de invierno. Con variabilidad térmica diaria casi insoportable, tormentas de viento y arena “siroco” que convierten el día en prácticamente noche y que te dejaban completamente lleno de arena, incluso en los rincones del cuerpo más insospechados. Pero también disfrutar de la aventura con salidas al desierto o la costa más parecidas a un safari, que a una acción militar. Pero también participando en más de una acción militar y muy real.

Patrullando la frontera - Marzo 1975

Durante este periodo sahariano, puedo decir que visité o circulé por casi todo el territorio del Sahara Occidental, tanto el norte, como el sur, como el este y el oeste. Estuve tanto tiempo en el interior, como en la costa y no exagero si digo, que casi 100 noches las dormí en el suelo, en pleno desierto. Los destinos fundamentales fueron tres:

Desde mediados de enero del 1974 hasta finales de marzo en el BIR1 - Batallón de instrucción de reclutas, situado en la playa, cerca del Aaiun.

Desde finales de marzo hasta mediados de septiembre del 1974 y una vez acabado el periodo de instrucción, me destinaron a la compañía de transmisiones de ingenieros sita en el cuartel del 4º tercio de la legión “Alejandro Farnesio” de Villa Cisneros.

Desde mediados de septiembre del 1974 hasta el abril de 1975, destinado a Edchera, apoyando al 4º Tercio de la legión, coincidiendo con el inicio, el mes de agosto del 1974, del conflicto con Marruecos. De una parte el gobierno español propuso la celebración de un referéndum de autodeterminación del pueblo saharaui y Marruecos aprovechó para iniciar su escalada militar, concentrando tropas en la frontera norte.



En este mapa estan todas las poblaciones por las que transité, ya sea por que estuve destinado, o bien con motivo de patrullas, maniobras o salidas vàrias al desierto.

Mapa del Sahara Occidental. Poblaciones en las que estuve o transité



UN VIAJE "SURREALISTA"

argila @ 06:25

Hilari Joan d'Argila

BIR Nº 1 - Playa del Aaiun - 1ª Compañía - Sahara A.O.E. Enero-Marzo 1974
Regimiento Mixto de Ingenieros nº 9 Transmisiones Villa Cisneros - Sahara A.O.E. desde Abril hasta Septiembre de 1974
IV Tercio de la Legión - Transmisiones - Edchera - Sahara A.O.E. desde Septiembre de 1974 hasta Abril de 1975

La foto tipica

Insignia identificativa de los soldados del Sahara

Ya estoy en el tren, en la estación de Francia de Barcelona, y como yo, está lleno el tren de jóvenes asustados y preocupados por su futuro inmediato. Estoy sentado junto a una ventana, en el andén miles de personas, reclutas despidiéndose de sus familiares y mis familiares y novia enganchados al exterior de la ventana dándome las manos, lanzándome besos y alguna que otra lágrima. Fue la última visión de mis queridos, durante meses. Toda la noche en el tren “borreguero” y por la mañana llegada a Madrid y traslado en camiones a un cuartel de transeúntes del que no recuerdo el nombre. No querría exagerar si digo que el 16 de enero fue uno de los peores días de mi vida. Iba vestido con ropa de calle, una camisa, americana y pantalón, ropa muy ligera para el intenso frío que me esperaba. Toda la jornada la pasamos a la intemperie, con temperaturas por debajo de cero. Haciendo cola para el desayuno, la ducha de agua fría, la comida, el corte de cabello, la cena y más cosas que no recuerdo, pero un día da para mucho. Al fin llega la noche y nos acomodan en unas literas con colchones y mantas mugrientas y con algún que otro chinche cenando a nuestra costa. Creo recordar que no había sábanas.

Al día siguiente, 17 de enero, nos trasladan al aeropuerto militar de Getafe, creo recordar. Allí pasamos buena parte de la mañana, en la pista hay cinco aviones DC4, aparatos de cuatro motores de hélices, como mínimo de la segunda guerra mundial. Hacia el medio día se da la orden de subir a los aviones, la comida se supone que la haremos en el trayecto, puesto que nos dan una bolsa en la que hay dos huevos duros y un cuarto de pollo. Querría decir que era la primera vez que volaba en avión y creo que por el desconocimiento no tenía miedo de volar, pero tras esta primera experiencia, cada vez se me hace más difícil, o sea que tengo pánico a los aviones y a volar. Y eso que por diferentes motivos he cogido multitud de vuelos, tanto de corto como de largo recorrido.

Del viaje de Madrid al Aaiun, que duró unas 6 horas, recuerdo que los asientos eran dos banquetas de madera, una a cada lado, que hacía mucho frío debido a que la puerta no ajustaba y había un ruido insoportable. Poca cosa comimos puesto que la mayoría de compañeros de viaje se mareó y muchos acabaron usando la bolsa de la comida para vomitar. En un momento determinado del viaje se paró uno de los motores y el susto fue mayúsculo, salió el copiloto de la cabina y nos explicó que paraban los motores alternativamente para refrigerarlos. Un poco más tarde, los chicos que estaban sentados en la parte izquierda nos indicaron que ya se divisaba la costa del Sáhara. En un acto reflejo casi todos los que íbamos sentados en el otro lado nos levantamos para ver la vista aérea de la costa Saharaui. El resultado fue que el avión se inclinó hacia al lado donde había más peso e inmediatamente de la cabina salió de nuevo el copiloto y nos llevamos la primera bronca de la mili. Al poco rato aterrizamos en el aeropuerto del Aaiun. Al desembarcar y ver que solo había tres de los cinco aviones, nos enteramos que un no despegó por una avería y que un segundo hizo un aterrizaje de emergencia en Sevilla, también por problemas técnicos.

El aire es irrespirable y hace viento. Hay como una niebla y todo parece de color rojizo. Nos hacen formar y multitud de gente al grito de UUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUU “.....” nos da la bienvenida, dando vueltas a nuestro alrededor. Me siento pequeño, minúsculo, insignificante, transparente entre aquella gente, que parece diez años mayor que yo, mal vestida, de ropa descolorida, morena de piel, quemada por el paso de los meses en este clima inhóspito, pero son soldados que están haciendo la mili como yo y sólo tienen unos meses más de edad. De pronto siento mi nombre, Hilari Joan d’Argila y lo veo escrito en un gran rótulo y vuelvo a sentir mi nombre en otra dirección, estoy entre dos soldados veteranos que me buscan, uno le conozco, el otro no. Los dos me dicen si quiero ir a su compañía, los dos son de Badalona, por un momento dejo de ser pequeño y transparente y puedo decidir algo por mí mismo. Escojo el que conozco, mi amigo de los Salesianos de Badalona, Berciano. Él está de instructor en la 1ª compañía y con él iré a hacer de recluta a su compañía y barracón.

Camiones de la legión

Una vez distribuidos por compañías, nos hacen subir a unos camiones de la legión que nos llevarán hasta el BIR. Empieza el trayecto, el BIR está situado unos 20 kilómetros en dirección a la costa. Aunque se empieza a hacer de noche, puedo contemplar la primera panorámica del desierto, el mar de dunas que hay en este trayecto. Los conductores legionarios no se están de nada y conducen a toda pastilla, sobre todo a las curvas. La primera curva nos coge desprevenidos y unos cuántos nos vamos al suelo de la caja del camión.

La llegada al BIR es apoteósica, nos reciben el resto de soldados que no se han desplazado al aeropuerto, a trancas y barrancas podemos llegar hasta dónde está situada la 1ª compañía y por el momento la primera noche la pasaré en el barracón trece.


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