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El servicio militar en el Sahara
Nuestra mili en el Sahara 1973-1974-1975

Categoría: Porta Fernandez, Carles

27/09/2008 GMT 1

COMPAÑERO Y POESIA REENCONTRADA

argila @ 10:34

Joan Corominas Requena

Regimiento Mixto de Ingenieros nº 9 Transmisiones Villa Cisneros Sahara A.O.E. desde Enero hasta Diciembre de 1974

Carles Porta Fernandez

BIR Nº 1 - Playa del Aaiun - Sahara A.O.E. Octubre-Diciembre 1973
Regimiento Mixto de Ingenieros nº 9 Transmisiones Villa Cisneros i Aargub Sahara A.O.E. desde Enero hasta Diciembre de 1974

Corominas y Carles Porta

En el cuartel Alejandro Farnesio del 4º Tercio de la Legión en “Villa Cisneros”, Había una biblioteca donde no íbamos a leer, sino a escribir cartas: A la Novia, a la familia y a estudiar con libros propios, seguramente por el poco interés que tenían los que estaban allí guardados en las estanterías… Eso sí, la sala tenia unas mesas y unas sillas que recordaban una escuela y sobre todo había un silencio relativo, que para escribir se agradecía. Una de las tardes estaba con mi amigo Corominas. Yo aparte de escribir las cartas a la familia me daba por hacer dibujos i algún poema.
El Corominas me preguntó por lo que hacia y al decirle que escribía un poema, me dijo que si lo podía leer. Al cabo de un rato cerraban la biblioteca y nos fuimos hacia la compañía y seguramente a la cantina a tomar unas copas, mientras esperábamos que se hiciese la hora de ir a cenar.
Ahora después de tanto tiempo y que nos hemos vuelto a encontrar, hemos hablado de todo y de los ratos que habíamos pasado en la biblioteca, y le hice el comentario de que la poesía que escribí en aquella libreta que le enseñe, por más que la he buscado, jamás la he vuelto a encontrar… Al día siguiente y por sorpresa, recibo un correo electrónico, con una hoja escaneada con la poesía escrita con su letra…. Aquel día en la biblioteca se la copió en un libro de texto que utilizaba el para estudiar. Después de 34 años y gracias a Corominas, he podido recuperar el poema…

Año 1974, poema escrito en la biblioteca del Cuartel del “Tercio Sahariano Alejandro Farnesio” Villa Cisneros (Sahara A.O.E.)

Desierto.

Tierra olvidada por la naturaleza,
sin sombra que dar,
tu piel se quema silenciosamente.

Secas están tus entrañas
de no conocer el llanto de la vida.

Tu único amigo es el aire,
que quita la herida de mi huella.

Si algún día puedes gritar,
pide vida a la vida,
que nadie más que tú se la merece.

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08/05/2008 GMT 1

LO QUE REPRESENTÓ PARA MI "LA MILI" EN EL SAHARA

argila @ 18:30

Carles Porta Fernandez

BIR Nº 1 - Playa del Aaiun - Sahara A.O.E. Octubre-Diciembre 1973
Regimiento Mixto de Ingenieros nº 9 Transmisiones Villa Cisneros i Aargub Sahara A.O.E. desde Enero hasta Diciembre de 1974

Montes, Monfort, Nicolás i Porta

De pequeño me dijeron que los señores vestidos con uniforme de color caqui, estaban haciendo “La Mili”, y que todos los varones cuando nos hacíamos mayores la teníamos que hacer. Era lo que entonces se llamaba: “El Servicio Militar”. Durante una temporada servías a la “Patria” haciendo de militar, primero en un campamento aprendiendo la instrucción y luego te destinaban a un cuartel que con el tiempo, si estaba cerca de casa, podías ir a dormir cuando te daban permisos y después de un año mas o menos, te licenciabas y podías contar “Batallitas” por el solo hecho de haber formado parte de una escenografía igual que de aquellas películas bélicas que veíamos en el cine.
...Al cumplir dieciocho o diecinueve años, no me acuerdo bien, me llamaron del ayuntamiento, según decían para “tallarnos”; esto representaba que entrabas en “Caja” (sonaba mal la palabra y de mal augurio, ¿no?). Decidí presentarme relajado para decirle al funcionario de turno, la frase: “Soy hijo de Viuda” y luego irme hacia mi casa tan tranquilamente, silbando y con las manos en los bolsillos, pensando que me había quitado un peso de encima... Apuntaron mi alegación i nada más. A partir de aquel momento me llamaron en diversas ocasiones para ir cumplimentando una serie de formulismos hasta que un día me citaron en la “Caja de Reclutas 411” que estaba situada en el cuartel de la calle Comercio de Barcelona, para continuar los tramites y preguntarme sobre la alegación que havia hecho tiempo atrás… “Usted dice aquí que es hijo de viuda... ¿Tiene hermanos mayores? Si, uno... Pues Ud. Tiene la obligación de hacer el Servicio Militar... Toda mi corta vida pensando que me libraría como mi hermano mayor, y de repente, la gran sorpresa. Mi madre, mi hermano y yo mismo, no nos lo creíamos... Yo hijo de viuda haciendo la “Mili”. Transcurrió un tiempo y llego el día del sorteo. Nos citaron en un cuartel que le llamaban “Jaime I”. Anteriormente ya me habían informado que era el lugar donde después de un sorteo con unas bolas salía un número que daban previamente y que a partir de este número corrían los apellidos y los destinos, o algo parecido... En todos los sorteos de mi vida nunca me tocó nada, y en este me tuvo que tocar “El gordo”... Los primeros números iban a la “Policía Territorial” y después creo recordar a un lugar que se llamaba “Batallón de Instrucción de Reclutas nº 1 Playa del Aaiún. Sahara”. “El Batallón” me sonaba a conocido pero el Sahara era un nombre que me “acojonó”. Si hubieran dicho al África lo hubiera entendido por aquello de Ceuta, Mellilla, Marruecos, el continente etc., pero el Sahara me sonaba a desierto y no entendía que hacia el ejercito español en aquellos parajes, creía que solo había arena. La arena de las películas del desierto que pude ver en directo durante los trece meses i días que duro mi “mili” en el Sahara.
Todo esto lo cuento, porque dentro del infortunio, creo que la “mili” en el Sahara fue como un sueño, como una película. Era una “mili” diferente a la que habíamos imaginado. Con una escenografía que no correspondía a la que siempre habíamos visto. Los uniformes eran de otro color. Teníamos botas, pero normalmente utilizábamos “Nailas”. Llevábamos siroqueras, pantalones cortos, el pelo más largo i constantemente parecía que estuviéramos haciendo la guerra con un enemigo que casi nunca veíamos. La única comunicación fiable entre las poblaciones de aquel territorio era a través de la emisora de radio, de la cual yo formaba parte junto con otros compañeros. En fin, un tiempo y un lugar, que por el solo hecho de estar obligados, no nos permitía darnos cuenta y gozar de todo aquello que teníamos i veíamos. Después de 34 años, ahora nos estamos dando cuenta de lo que representó hacer la “mili” en el Sahara. El habernos reencontrado con antiguos compañeros, ha hecho que recordemos lo que ya teníamos olvidado. Por esto, muchos de nosotros tenemos la necesidad de volver, por nostalgia, o quizás por recuperar aquella juventud que en aquellos momentos no supimos gozar en su totalidad, es decir vivirla y recobrarla nuevamente al pisar aquel desierto otra vez.
Empieza también a crecer un espíritu de orgullo de haber formado parte, no del ejército, si no de aquel grupo de compañeros que nos vimos obligados a estar en aquella tierra. Somos una generación de aguante…


“LA BASURA DEL B.I.R. Y LAS SOBRAS DE LA COCINA”

argila @ 18:30

Carles Porta Fernandez

BIR Nº 1 - Playa del Aaiun - Sahara A.O.E. Octubre-Diciembre 1973
Regimiento Mixto de Ingenieros nº 9 Transmisiones Villa Cisneros i Aargub Sahara A.O.E. desde Enero hasta Diciembre de 1974

Carles Porta en el BIR

Después de todas las historias que estamos contando, o que contaremos, de la forzosa estancia en el Sahara, quiero referirme a una de las experiencias más conmovedoras que viví en el “Batallón de Instrucción de Reclutas nº 1. Playa del Aaiún” (B.I.R.), concretamente haciendo el servicio de cocina y que, por el que he podido saber, a muchos de vosotros también os tocó vivir.

Al anochecer, las cinco Compañías en que estábamos distribuidos los reclutas en el B.I.R. ( a mi me toco ir destinado a la Tercera), formábamos delante del barracón donde cada compañía tenia las oficinas para pasar la “retreta”, que como recordareis, consistía, en primer lugar, en pasar lista (por si faltaba alguno, no fuera el caso que, paleando, hubiera llegado hasta la puerta de su casa), y después para nombrar los servicios que había que hacer por la noche (las “imaginarias”) y por la mañana (letrinas, cocina, limpieza, etc...). Era el momento, también, de que si alguien se encontraba enfermo, se pudiera apuntar al “botiquín”, que era como le decían ir al médico..., pero, eso sí: “Con la cabeza en la mano...”, advertencia que el sargento que presidía el acto nos hacía, ya que si no te daban la baja, al día siguiente te castigaban con un servicio de cocina.

A cada uno de nosotros y siguiendo el orden alfabético del primer apellido, nos habían otorgado justo al entrar a formar parte de cada una de las Compañías, un número que el “furriel” iba nombrando para comunicarnos a los reclutas a quien les tocaba hacer los diferentes servicios.

A cada “retreta” yo estaba deseando que el “furriel” no nombrase mi número, pero cuando, de repente, una noche oí que decía: “Doscientos cuatro: ¡Cocina!”, pensé: “¡¡¡Mierda!!!”, y es que el 204 era mi número, por lo que a continuación tuve que contestar: “¡¡¡Presente y cocina!!!”, que era la forma correcta y alzando bien la voz para que se oyera.

“¡¡¡Mierda, mierda y mierda!!!” “¡¡¡Mañana me toca cocina!!!”, y esto significaba que me levantaría a las cinco de la mañana para presentarme a la cocina y preparar el cacao con leche en polvo mezclado con agua; lavar los platos, vasos, ollas y cazuelas; pelar patatas; fregar y, después de comer, recogerlo todo para volver a lavar los platos, vasos, ollas y cazuelas lo más pronto posible para poder ir a mi barracón, el numero 36, e intentar descansar un rato encima de la cama con el colchón doblado por la mitad, tal y como nos lo hacían tener, seguramente para que no pudiéramos descansar mucho tiempo por aquello de: “Es que me dormí, mi sargento”, y después volver a la cocina para preparar la cena; volver a recoger y lavar los platos, vasos, ollas y cazuelas, para llegar al barracón, cuando todo el mundo ya dormía, prácticamente desecho.

En medio de todo aquel ajetreo que havia siempre en la cocina, en un momento dado del día, me reclutaron para cargar en un camión, unos bidones llenos que contenían toda la basura que generaba la cocina y el comedor: las pieles de las patatas, los huesos de la carne, del pollo y espinas de pescado, las cáscaras de los huevos, legumbres mezcladas con hojas de lechuga sobrantes, pieles de frutas variadas, jugos de todo tipo, aceites, café, papeles, así como las colillas de los que fumábamos allí y todo tipo de basura que puede generar una cocina industrial que suministraba comida para unos dos mil quinientos comensales que éramos entre soldados destinados al B.I.R. y los reclutas que hacíamos el campamento.

Más adelante me he enterado gracias a mis compañeros reencontrados, que a ellos también les tocó este siniestro servicio, pero estando de servicio de limpieza. Mi recuerdo después de treinta y cuatro años es, de que me reclutaron estando en la cocina. Lo importante, desgraciadamente en este relato, es que fuimos testigos.

Montados ya en el camión, de pie y agarrando los bidones, nos dirigíamos hacia las afueras del campamento pensando que llegaríamos a un vertedero donde descargaríamos toda aquella basura. Yo iba mirando hacia delante y no veía nada. En el horizonte, pero, si que empezó a verse como una mancha de color que, a medida que nos íbamos acercando se iba trasformando en una unión de pequeñas manchas…

Y es que, lo que ya divisábamos a lo lejos era un numeroso grupo de personas humanas, que nosotros no sabíamos que hacían allí parados hasta que, cuando nos acercamos del todo, lo entendimos: ¡Nos estaban esperando!

Saharauis esperando los restos de la comida del BIR

Gente mayor, niños, hombres y mujeres, con potes, palanganas, cubos y todo tipo de utensilios para llenar… Yo miré hacia atrás, no fuera el caso que viniera otro camión llevando algo que ellos esperaban, pero no: solo estábamos nosotros…

Cuando llegamos a un punto el camión recibió la orden de pararse, y toda aquel grupo de gente, fuertemente controlada por la Policía Territorial, les empujaba para estar lo más cerca del camión. Todo y así, el cabo nos dio la orden de verter todo el contenido de aquellos bidones que, al caer al suelo, iba formando un montón de pasta de productos orgánicos y variados hasta que, una vez vaciados todos los bidones, el conductor del camión recibió la orden de arrancar y poner dirección rumbo al B.I.R., la Policía Territorial rompió el cordón que mantenía para que toda aquella gente se abalanzara sobre aquel montón de pasta inmunda que nosotros habíamos dejado.

Mientras nos alejábamos rumbo al campamento y mirando hacia atrás, lo primero que vi fue como los niños se abalanzaban sobre aquel montón de pasta, con los brazos extendidos para reservar un trozo para su familia y, a continuación, como las mujeres empezaban a recoger la parte que les correspondía de aquella infecta materia y llenar sus cubos, palanganas y potes, como si se tratase de un manjar exquisito. La ultima visión, fue ver a un niño saharaui llorando y una mosca comiéndole el moco que le colgaba, También a más de una muchacha con fideos por encima de la cabeza y otras porquerías pegado a sus vestidos, consecuencia del afán por conseguir aquella…

Me quedé de piedra… No podía ser cierto lo que estaba viendo… Pese a todo lo que vi., me quería convencer a mi mismo que todo aquello era para dar de comer a sus animales… Pero no: ¡Aquello era comida para ellos!

Al alejarnos, sentía dentro de mí una mezcla de rabia crispada y ganas de llorar por la impotencia y, en el pensamiento, la misma rabia y la misma impotencia hacían que me preguntara y repitiera que si era verdad que existía un Creador, como podía permitir que cada día del año sucediera aquello que acababa de ver…

Al llegar la noche, en la litera del barracón, continuaba pensando en cambiar el mundo y de que manera, hasta que ayudado por el cansancio que llevaba encima, me dormí…

Por la mañana, al despertarme al toque de diana, el barracón me parecía un palacio, y en el desayuno, el cacao con leche en polvo con agua me parecía una exquisitez… La instrucción, una forma de hacer deporte y de mantenerme en forma y, por descontado, el sargento, un tipo encantador.

Una familia de saharauis en su Haima

Al cabo de un tiempo, me enteré que las mujeres Saharauis, cuando llegan a sus “haimas” con la basura recogida, con mucha destreza iban separando, seleccionando y limpiando todo lo que podía ser comestible, para después comérselo todo el grupo familiar.

Y yo continuaba haciendo la “mili”…


LA LLAVE PERDIDA O COMO AYUDAR A MEJORAR LA AUTOESTIMA DEL TENIENTE

argila @ 18:29

Carles Porta Fernandez

BIR Nº 1 - Playa del Aaiun - Sahara A.O.E. Octubre-Diciembre 1973
Regimiento Mixto de Ingenieros nº 9 Transmisiones Villa Cisneros i Aargub Sahara A.O.E. desde Enero hasta Diciembre de 1974

Carles Porta Fernandez

El Teniente que su apellido empezaba por la letra a “A” ( Por aquello del anonimato y los derechos de autor, no pongo el nombre completo, pero por lo que os cuento le reconoceréis… ) Era pequeño y un poco “chulo”, que para superar el complejo que tenia de altura, me escogió a mi, un joven de 20 años de 1.91 cm. Un día me dijo: Porta tu serás mi secretario y me abrirás la puerta de mi despacho cada mañana. Y al día siguiente ya estaba haciéndole los honores. Cada mañana cuando llegaba, le abría la puerta de la oficina con la llave que me dio. Mi trabajo consistía en hacerle los trabajos burocráticos de la oficina y los encargos que me ordenaba . Pero una mañana cuando me disponía a abrirle la puerta del despacho, después de su famosa frase: Porta abre la puerta... Me puse la mano en el bolsillo para coger la llave y no estaba, mientras buscaba en todos los bolsillos empezaba a notar como mi corazón palpitaba mas rápido de lo normal, mientras el Teniente con cara de asombro y con los brazos cruzados, empezaba a inquietarse y a dar golpes al suelo con la suela de su zapato, hasta que me pregunto: Porta, tienes la llave o no?... Como la hayas perdido?... Que hiciste ayer por la noche? ... Después de las preguntas tan directas no me atreví a mentirle, y le dije la verdad: Pues mi teniente estuvimos en la playa tocando la guitarra. El increpó...Tocando la guitarra y alguna cosa más. No!!! Bebiendo, claro!!! Deberíais haber cogido una borrachera de padre y muy señor mío!!! y ahora no te acuerdas si la perdiste o que !!!... Después de la bronca que me dio, a continuación me dijo: Porta, forma la Compañía!!!. (Yo) A sus ordenes mi Teniente!!! …Mientras yo corría por la compañía en dirección a la salida, iba palmeando con las manos dando prisa a la gente e iba gritando: Compañía a formar!!! Compañía a formar!!! En total, deberíamos ser unos cincuenta en ese momento. Una vez formada la compañía en el patio, yo esperaba que el Teniente saliera para darle las novedades. El Teniente salio de la Compañía como si fuera a la guerra. Y le di las novedades diciéndole: Mi Teniente la Compañía está formada. Y el gritó ...Pues a la playa... (Yo) A la orden mi Teniente.... Compañía firmes. Ar!! Derecha. Ar!!! Paso ligero. Ar!!!. Cuando llegamos a la playa que estaba a unos 100 o 200 metros de la Compañía y una vez pisando la arena, el Teniente me preguntó : Porta! Por donde estuvisteis?. (Yo) ...Mi teniente creo que por aquí. (El)...Pues venga todos a buscar la llave, hasta que salga... Era impresionante ver a todos los soldados buscando la llave. Alguien que nos viera en ese momento creería que estábamos buscando minas personales…Yo mientras no salía de mi asombro pensado que había hecho de la llave, y seguía registrándome los bolsillos hasta que en uno de ellos noté como la textura de una llave… Se me puso cara de sorpresa, aunque al momento pensé, que el Teniente me haría repetir la “Mili” a perpetuidad, por haber organizado toda aquella movida innecesaria. Mi reacción inmediata fue tirarla al suelo sin que nadie me viera y con la punta de la “Naila” hundirla en la arena e incluso silbar mirando al cielo, como si nada. El Teniente desde lo lejos me decía chillando: Porta!!! Pero, por donde estuvisteis exactamente?... (Yo) Mi teniente creo recordar que era por aquí, señalando el lugar exacto donde 5 segundos antes había hundido la llave. Unos cuantos compañeros vinieron donde yo estaba, y al poco tiempo, un soldado gritaba como si de un tesoro se tratara: “La llave, la llave”. Volví a formar a la gente y de regreso una vez ya en la Compañía, delante de la puerta del despacho introduje la llave en la cerradura de la puerta y el teniente se dispuso a entrar. Mientras cruzaba la puerta y dirigiéndose a mí, que estaba en posición de firmes, mirando al infinito, me dijo: Porta. La próxima vez, te la comes y te empapelo. Vale?... Si, Señor!!...

Y así se acabo la historia de la llave...
Os he de decir que con el tiempo, cada vez que pierdo alguna cosa en casa, hecho de menos no poder formar a la Compañía…





EL COLCHÓN

argila @ 18:28

Carles Porta Fernandez

BIR Nº 1 - Playa del Aaiun - Sahara A.O.E. Octubre-Diciembre 1973
Regimiento Mixto de Ingenieros nº 9 Transmisiones Villa Cisneros i Aargub Sahara A.O.E. desde Enero hasta Diciembre de 1974

A la entrada del laboratorio

Después de tres meses de campamento y estando ocupado todas las horas del día. Con la instrucción, las cocinas, las imaginarias, las paleadas de arena, los pasos ligeros, etc. Uno terminaba rendido encima de la litera para volver a las siete de la mañana del día siguiente, a repetir una y otra vez la misma rutina.
Al llegar ya al destino, durante los tres primeros meses, éramos “Guripas” y por ser los recién aterrizados nos tocaba hacer los trabajos más duros. También éramos la distracción de los veteranos y estábamos al servicio de cualquier capricho que quisieran realizar para reírse un rato y pasárselo bien. Ellos…
Habiéndose cumplido los tres meses de nuestra llegada y una vez incorporados los nuevos, nosotros comenzamos a respirar un poco más y a no ser el blanco de los veteranos. A todo esto se le sumo el destino definitivo y el trabajo era más llevadero, había mas tiempo libre y uno empezaba a recobrar la tranquilidad y sobre todo la libido… Y como consecuencia, uno se dedicaba a las famosas “Alemanitas” que cada uno practicaba a su medida y lugar preferido.
Yo al cabo de un tiempo pedí de ir voluntario como “Operador de radio” a un destacamento privilegiado, ya que estaba relativamente cerca de Villa Cisneros y también tenia playa.
Cuando llegué me instalé, y junto con un compañero nos turnamos los servicios de la emisora cada veinticuatro horas. Teníamos suficiente tiempo libre. Estando en la playa, tumbado tomando al sol y con los ojos cerrados a veces me creía que estaba en “Honolulu”. Y la libido seguía creciendo…
Un día descubrí que en el tejado de la emisora, había un habitáculo trastero que se accedía por una escalera vertical de esas pegadas a la pared. Subí y abrí la puerta de acceso y me encontré con un lugar que a partir de aquel momento seria donde yo, y mi imaginación haríamos maravillas... Primero subí con fotos de mujeres desnudas que iba recortando de las revistas que me mandaban los compañeros de la península. Playboy, etc. Algún día subía con la visión memorizada de alguna de las mujeres de algún oficial que vivían cerca. Con ellas y mis manos íbamos tirando… Pero un día llego la rutina y todo aquello que en un principio me hacia pasármelo bien, ahora me aburría. Pero sentado mirando las paredes de la habitación me di cuenta que en un rincón había un colchón de espuma plegado en espiral y atado con una cuerda. Lo desaté y la imaginación me hizo ver el cuerpo de una mujer; lo puse plano en el suelo y me tiré encima, la sensación fue buena, el único problema es que no tenía aquello que tienen las mujeres. Con unas tijeras perforé la espuma hasta que conseguí hacer un corte casi perfecto y lo probé, primero con un palo, y observe que al introducirlo y quitarlo, el corte se cerraba como si tuviera vida. ¡Perfecto!.
No hace falta decir que desde aquel momento tuve una relación bastante continuada y seria con el colchón. Que a partir de aquel momento le puse el nombre de “Colchonasa” para que sonara más femenino. También tuve cuidado con la higiene. Nos fuimos muy fieles. Yo por descontado solo lo hacia con “ella” y ella solo podía estar conmigo, porque cuando terminábamos la volvía a enrollar y la escondía en el rincón…
No quiero seguir contando mis intimidades porque esto es cosa de dos y la verdad no sé la repercusión que tendrá este escrito y no querría comprometerla. No se con quien puede estar ahora…
Una vez licenciado y en mi casa, me olvide del tema, sobre todo por el acceso que ya tuve a las figuras femeninas de forma y texturas reales… No digo que alguna vez no echara de menos aquella otra textura… A veces pienso que estas ganas desmesuradas que tengo de volver al Sahara, no sean para reencontrarla. Que según mis cálculos ahora tendría mi edad...56 años. Creo que era de mi quinta. De todas maneras cuando la abandoné alguno la debería recoger, aunque solo fuera para dormir…“Colchonasa”. Nunca te olvidaré…

Siempre tuyo y obseso. Carlos



“LOS CERDOS DEL T.C DE (?)”

argila @ 18:27

Carles Porta i Fernandez

BIR Nº 1 - Playa del Aaiun - Sahara A.O.E. Octubre-Diciembre 1973
Regimiento Mixto de Ingenieros nº 9 Transmisiones Villa Cisneros i Aargub Sahara A.O.E. des de Enero hasta Diciembre de 1974

Carles Porta en la emisora de radio

Los que me conocéis o habéis leído alguno de mis escritos sabréis que estuve destinado al destacamento de (?) durante una temporada. Gracias al hecho de estar destinado a la Compañía de Transmisiones, en Villa Cisneros, haciendo de operador de radio, tuve la oportunidad de ver todos los destacamentos de la zona, y me di cuenta que, el mejor de todos era el de(?).

(?) tenia el mar cerca, con una playa desértica y de arena blanca. El cuartel recordaba aquellos famosos “fuertes” que los de mi generación, de pequeños, jugábamos a “americanos y a indios”… En fin…, como iba diciendo, era un cuartel donde, en el interior, había un patio con varios departamentos, un de los cuales era el lugar donde mi Compañía tenia la emisora y donde los operadores “Pistolos”, que era como nos llamaban, hacíamos nuestro trabajo.

Cuando volví de la última patrulla por el desierto, le comunique a mi teniente que quería ir voluntario al destacamento citado, haciéndole saber, a la vez, que el operador que estaba destinado allí, le quedaba muy poco tiempo para licenciarse. El teniente se quedó un rato pensativo, seguramente recordando los trabajos que le quite de encima cuando le dibujaba los planos cartográficos para el curso de preparación al ascenso a capitán, y como que yo ya no le era imprescindible, porque ya se los había entregado, en agradecimiento, supongo, me concedió el permiso para irme.

Fue un viaje que, todo y la proximidad aparente, ya que desde Villa Cisneros, cuando era de noche, veíamos al otro lado de la bahía las luces de (?), se me hizo muy largo. Aprovechando que tenía que ir un convoy de avituallamiento, me hicieron marchar en un camión en la cabina del conductor. ¡Termine desecho! Yo ya sabía como eran los baches con los “Land Rovers”, pero el de los camiones, los encontré aún más ¡majestuosos!

Cuando llegamos era casi de noche, y tuve que presentarme al mi sargento 1º
especialista de Transmisiones, que era el mando que estaba a cargo de la emisora, pero que solo iba dos veces al día para hacer el “morse” y ya no le veíamos más el pelo, y me instalé en una litera que había en el interior del que seria durante los siguiente cinco meses mi casa.

Después de haber pasado la noche durmiendo en una de aquellas literas que a mí siempre me venían tan cortas y que me obligaban a dormir en posición fetal -y es que o bien faltaba litera o me sobraban piernas si no quería que me colgasen los pies-, cuando me desperté por la mañana, no sabia donde estaba. Tuve que estirar los brazos y me levante realizando la estudiada maniobra de “desplegarme” que había aprendido para poder levantarme, cada mañana, durante toda la “mili”.

El compañero a quien reemplazaba, después de prepararse el petate, me dio las últimas instrucciones de los, que a partir de aquel día, serian mis deberes, y con un fuerte abrazo me deseó buena suerte. Después, él se fue hacia el mismo camión que me trajo a mí, subió y, al cabo de un rato, desapareció detrás del polvo que provocaba su paso al internarse por el desierto. Recuerdo que cuando aquella imagen se difuminó del todo, me puse melancólico pensando que aquel compañero comenzaba el camino de retorno a su casa y que a mí, en cambio, aún me quedaban seis largos meses antes de poder hacer aquel mismo viaje de retorno.

En la emisora de mi destacamento quedamos otro operador, que era de mi reemplazo pero que ya hacía tiempo que estaba, yo, y un chico de la compañía de Zapadores, que era el encargado de encender i cerrar el grupo electrógeno al cual le teníamos de agradecer el hecho de poder tener luz eléctrica durante todo el día ya que, por la noche, la apagaba para ahorrar gas-oil y no hacer ruido (los dos operadores de radio, como teníamos que utilizar la emisora toda la noche, durante aquellas horas utilizábamos baterías).

Muy probablemente alguien le debía haber dicho algún día al compañero de Zapadores, que su labor era muy importante, y muy probablemente él se lo había terminado creyendo, porque prácticamente no nos dirigía la palabra: Entraba para ir a la cama, salía para ir a controlar el grupo electrógeno, y como que nosotros casi siempre estábamos con los auriculares puestos, por lo que se ve, debería pensar: “¿Y porque los tengo que saludar, si ni me oyen?”

En el destacamento teníamos una sala donde había los aparatos de la emisora, y otra habitación donde teníamos, para nosotros tres, cuatro literas y un solo armario con unos estantes para dejar los objetos personales.

Con mi compañero de Transmisiones quedamos que nos partiríamos las guardias de los enlaces cada veinticuatro horas, y así el que libraba dispondría de todo el día para gandulear. (Consecuencias de los largísimo espacios de tiempo que pasé “ a la bartola” que me significó un aumento de la libido, pero esto no viene ahora a cuento, ya que lo conté con mucho más detalle en el escrito titulado “El Colchón”.)

Si no recuerdo mal, los enlaces en la emisora eran cada dos horas durante el día, y cada cuatro por la noche, por lo cual cuando estábamos de servicio, podíamos descansar y dormir a ratos.

El primer día que libré, decidí ir a la playa, que estaba a unos escasos cincuenta metros justo saliendo por el cuerpo de guardia, y cuando llegué, no había nadie. Extendí la toalla en la arena y me puse encima para tomar el sol durante un buen rato.

Con los ojos cerrados, parecía que estuviera en una de aquellas playas paradisíacas de Honolulu. Había un silencio extraordinario y, poco a poco me fui adormeciendo…

Creía estar soñando cuando, de repente, oí, como si un animal remugara justo al lado de mi oreja y, al instante, noté que alguna cosa me hacía cosquillas en la mejilla...

Primero abrí un ojo y, girando la cabeza en dirección a la mejilla, abrí el otro... A continuación, pegué un golpe cuando vi que estaba... ¡rodeado de cerdos!... Si, si; de ¡¡¡cerdos!!!

Durante unos brevísimos instantes, me pensé que estaba soñando, pero, no, no: seguro que no soñaba porqué en los sueños, cuando te despiertas y abres los ojos, los personajes y las situaciones desaparecen, y aquellos “personajes”, en cambio, eran de carne y huesos y, para culminar la realidad de aquella “bucólica” escena, también había un pastor: un pastor, evidentemente, de reemplazo.

Una vez calmado y asimilando toda aquella realidad, disimulando y haciendo ver que no pasa nada, le dije al pastor; “¿Qué?...Paseando a los cerdos por la playa, ¿no?, a lo cual el me respondió: “Sí, son del T. C. l...”
Al oír que eran de “T.C.” no sabía si cuadrarme o qué...
“El T. C. –continuó explicándome el soldado-pastor- los cría para luego venderlos al Ejército como alimento de la tropa.”

Los cerdos del TC

En aquel momento entendí que los militares también eran humanos… Creo que no fui más a la playa. Los cerdos y sus excrementos me hicieron desistir de nunca más poner la toalla i tumbarme en aquella “inmaculada” arena.

Las muchas de las sorpresas que tuve en (?), siempre estuvieron relacionas con los cerdos del “T.C.”, tanto es así que me atrevería a decir, que con los años que han pasado, alguna vez los he soñado.

Un día, sobre las cinco de la madrugada, mientras estaba haciendo la guardia en la emisora con los auriculares puestos i enlazando con el compañero operador de Tichla (Ávila, en clave de radio porqué el hipotético “enemigo” no nos localizara), oía de fondo unos chillidos que no podía codificar, eran unos chillidos escalofriantes…

Una vez terminado el enlace y al quitarme los auriculares, aquellos terribles chillidos aún se me hicieron más evidentes, intrigado por intentar descubrir de donde venían, salí al patio, iluminado, como siempre de noche, por el cielo estelado.

Era evidente que los chillidos provenían de donde se ubicaban los corrales de los cerdos y me fui acercando hasta llegar delante de la puerta… Abrí la puerta y, de golpe, vi todo el panorama de la matanza del cerdo, un ritual al cual yo nunca havia asistido y que por esto no relacionaba con aquellos chillidos.

La imagen que apareció delante de mis ojos fue dantesca: El cerdo, atado y cogiéndolo cuatro soldados-matarifes, abierto en canal, y la sangre, espesa, brotando a cantaros de las entrañas.

Para evitar caer en redondo, mareado, tuve que cerrar inmediatamente la puerta y tuve que salir corriendo de aquel sangriento espectáculo dirigiéndome de nuevo a la emisora. Una vez dentro y a pesar de haberme colocado los auriculares otra vez, no podía evitar de oír, del otro lado del patio, los terribles chillidos de aquel pobre animal, y mientras con las manos me apretaba con fuerza los auriculares contra las orejas, pude recordar lo que alguna vez havia oído decir sin haberme parado a imaginármelo: que cuando los cerdos más chillan mientras se desangran, mejor salen las morcillas.

A la mañana siguiente, como los que teníamos servicio podíamos ir a la hora que quisiéramos y comer aparte, a la hora de la comida entré como siempre, por la puerta de la cocina y le pregunté al mí amigo el cocinero, que era de Valencia, que teníamos para comer:

“Cerdo”.

“¿Cerdo?...”

Sí, sí: ¡cerdo!... Uno de aquellos cerdos que vi. en la playa, quizás el mismo que me restregó en la mejilla mientras yo estaba soñando. Aquel mismo cerdo, esto era seguro, los terribles chillidos del cual me habían conducido, la noche pasada, hasta el corral donde lo vi. durante unos instantes abierto en canal y desangrándose… Aquel cerdo del…

Durante algunos días me alimenté a base de fabadas, caballa y etc.

Y es que, después me enteré, que el T. C. suministraba a la tropa carne de cerdo y todos sus derivados. También tenía pescadores de “quinta” y una barca para suministrar pescado a la tropa. Después, e “T.C.” pasaba las facturas de los suministros al ejercito, y así tenía un sobre sueldo del que, a parte de la paga de jubilación, ahora debe gozar de él…

Y como mi relación con los cerdos comenzó en un sueño, lo acabaré explicando el sueño que tuve un día:

Al “T.C.” le habían concedido la medalla al “Mérito Animal”, una condecoración en donde se veían gravadas las imágenes de un cerdo y un pez abrazados, y que se la colocaban, con todos los honores, en el pecho de su uniforme. El, entonces, subía a una barca y, con postura marcial que requería la ocasión, abría el paso a la comitiva de pastores, pescadores, al rebaño de cerdos y a los peces, desfilando todos juntos por la cocina y los corrales, hasta llegar a la playa, donde ordenaba romper filas…

Quiero, con este escrito, rendir un homenaje a los animales sacrificados en (?),
“compañeros” también de reemplazo que no tuvieron la suerte, como nosotros, de volver a sus “corrales”…

Todo lo que he contado, no es porque uno tenga ya una edad y desvaríe. Tengo testimonios que pueden confirmar que, a parte de los sueños, todo pasó
en realidad.

Y referente a “(?)”, decir que es el nombre del destacamento donde estuve, que no quiero nombrarlo, no fuera caso que el “T.C.” aún tuviera alguna factura pendiente y utilizara este escrito como prueba de que él, era el suministrador. ¡¡¡Solo faltaría!!!

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