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El servicio militar en el Sahara
Nuestra mili en el Sahara 1973-1974-1975

Categoría: Espluga Carreres, Pere

26/09/2008 GMT 1

EL PAPEL DE ENFERMO IMAGINARIO

argila @ 06:31

Pere Espluga Carreres

BIR Nº 1 - Playa del Aaiun - Sahara A.O.E. Octubre-Diciembre 1973
Comandància Militar de Villa Cisneros, 1974 - Sahara A.O.E. año 1974

Pere Espluga Carreres

Comandancia Militar de Villa Cisneros, 1974 - Sahara A.O.E. año 1974
Después de haber pasado 34 años y habernos reencontrado un pequeño grupo de compañeros que estuvimos en el BIR del Aaiún y en Villa Cisneros, poco a poco me vienen a la cabeza los recuerdos y vivencias del tiempo pasado, o perdido tanto da, y las anécdotas de toda mi estancia en el Sahara.
Ya desde el principio cogí el papel de enfermo imaginario puesto que la primera vez que me presenté en la concejalía de mi barrio para iniciar todo el papeleo para ir a la mili, el funcionario de turno, después de cogerme mis datos, me preguntó si tenía alguna enfermedad para alegar y le respondí: miopía y soplo. Evidentemente que tenía alguna dioptría, casi nada, y desde luego que de soplo, nada de nada. Y me dio un impreso que decía en letras bien gordas “INUTIL TOTAL”. Me a casa feliz e inútil total.
Nunca hubiera pensado que lo de inútil total me habría hecho tan feliz. Pero la situación duró poco i la ilusión de cuatro días perduró hasta pasada la revisión, en mi caso en la caja “de Reclutas”, que me dieron otro impreso que decía todo lo contrario: “UTIL PARA TODO SERVICIO” y para acabar de remachar el tema me sortean y me toca el Sahara.
Siguiendo con la línea del enfermo imaginario el día que me incorporé para ir al Sahara, nos presentamos en los antiguos cuarteles de Jaume I, actualmente Universidad Pompeu Fabra , dónde volví a alegar. Total que me fui directo al BIR. Allí volví a alegar de nuevo y ni caso. Solamente conseguí un respiro estando destinado en Comandancia Militar de Villa Cisneros, donde conseguí finalmente que me evacuaran un temporadita al Hospital de Las Palmas. En definitiva me pasé parte de la mili con el papel de enfermo imaginario.



"BIR" ALUCINACIÓN O PELÍCULA

argila @ 06:31

Pere Espluga Carreras

BIR Nº 1 - Playa del Aaiun - Sahara A.O.E. Octubre-Diciembre 1973
Comandància Militar de Villa Cisneros - Sahara A.O.E. año 1974

Bir 1973

Una vez en el BIR los primeros días fueron alucinantes. Todo el día vestido con la ropa, de civil, nos llevaban a ver desfilar a la legión, contándonos sus excelencias por si picábamos y nos apuntábamos, después los paracaidistas, y así pasando los primeros días.
Pasaban los días... unos tocaba instrucción, otros prácticas de tiro... Por cierto disparando era un fenómeno. Un día de prácticas de tiro en mi primer turno no hice ninguna diana. ¡Caramba, que extraño!, a continuación me di cuenta que en vez de disparar a mi diana lo hacía a la de mi compañero. Suerte que no se dieron cuenta. ¡Quizás si que era algo miope!. También marchas por el desierto y la maldita duna. Un día de marcha y de prácticas de combate, hicimos un simulacro de lanzar granadas de mano, nos dijeron que cogiéramos botellas de coca cola de la cantina, las llenamos de arena y las usamos como si fueran las granadas. Mejor, así no había peligro de hacernos daño.
Imaginarias en el barracón, en los lavabos y en un edificio a medio construir, no fuera caso que les robaran los ladrillos. Cantinas, cocinas... El primer día que me tocó cocina - todavía íbamos vestidos como personas normales- ese primer día ya me escaqueé. Y tan tranquilo me voy directo a la playa detrás de una pequeña duna, me estiro y al cabo de una hora, más o menos, vuelvo hacia la cocina y todo el mundo ya iba vestido “de pistolo” menos yo, ya que durante aquel rato les habían dado la ropa de militar - ¡gluc! - y como yo no iba vestido de militar, pues ala, a justificar dónde estaba y que hacía.

Continuando con el escaqueo, un día que estábamos libres de servicio, antes de que me pillaran para ir a cambiar la arena del desierto, que era cómo le decíamos al hecho de ir a apalear, pidieron lampistas y yo que sólo sabía cambiar una bombilla y poca cosa más, ya me ves encima de los tejados, como los gatos, haciendo de lampista sin tener ni idea. Por suerte aquel día el Bir no se quedó a oscuras.

También unos días fui a mayoría, que era el almacén de víveres. Allí los veteranos eran una pandilla muy campechana y se dedicaban a embaucar al os reclutas que veían más tontos y les decían si querían que les hicieran unas fotos para enviar a la familia o a la novia. Les hacían entrar en una habitación oscura dónde había un tabique y una puerta dónde colgaban una toalla como fondo. La cámara de fotos era un transistor y de flash una linterna. Como la habitación era oscura y la linterna les deslumbraba no veían el engaño. A continuación les decían que se pusieran delante de la toalla y detrás del tabique había un compañero con un cubo lleno de agua sucia preparada para echárselo encima. La señal para lanzar el agua consistía en decir: “... ponte un poco mas hacia la izquierda” y chof. Salían mojados como pulpos.

4a. Cia  2º Barracón - Diciembre 73

También recuerdo un compañero de mi barracón que era policía y estaba haciendo la mili con nosotros. Yo me pensaba que el hecho de pasar por la academia de policía ya era suficiente pero se ve que no. Era la personificación - unos treinta años antes - del protagonista de la película “Torrente el brazo tonto de la ley”. Era un poco corto de luces. Un día mientras hacíamos teórica, por la tarde, sentados delante del barracón, iban preguntando a la gente qué oficio tenía cada cual y cuando le toca a él, por detrás se oye “...contrabandista”. Todavía veo la cara de mala leche que puso. Le habían herido el honor, decirle contrabandista a él.
Y así un día y otro. Instrucción, marchas por el desierto, algún domingo íbamos a el Aaiún donde aprovechábamos parar ir al Parador a tomar algo, ir al baño decentemente y dar una vuelta. Todo muy rutinario hasta que llegó el día de la jura y después a Villa Cisneros. El día de la jura por cierto hubo fiesta grande: buena comida vino, licores, puros y borrachera incluida, que no se si era de alegría a para olvidar.



COMO SE VIVIÓ EL ESTADO DE GUERRA EN COMANDANCIA

argila @ 06:27

Pere Espluga Carreres

BIR Nº 1 - Playa del Aaiun - Sahara A.O.E. Octubre-Diciembre 1973
Comandància Militar de Villa Cisneros, 1974 - Sahara A.O.E. año 1974

Emili, Pere y Andreu

El camino hasta Villa Cisneros fue una travesía infernal por el desierto. No se cuantas horas en camión: trompazos, golpes... y nuestras necesidades acuosas más perentorias las teníamos que hacer de pie, y en el camión a toda pastilla. Llegamos llenos de polvo hasta a los lugares más insospechados. En todos los agujeros del cuerpo había arena.
Ya una vez a Villa Cisneros me adscriben a Sanidad, sin embargo, al día siguiente vino un compañero de la Comandancia Militar, Andreu Garcia, y me dice que me han agregado a Comandancia. Al cabo de unos días conocí a Emili Fontanilles que estaba de permiso en Barcelona y también estaba con nosotros.
Comandancia estaba situada en el edificio central del Farnesio – cuartel del tercio de la legión-, donde había todas las dependencias de mando tanto de la legión como la del sector sur del Sáhara. Los días transcurrían sin muchas novedades. Veíamos desfilar por el edificio todos los mandos de la legión, algunos un poco pintorescos, y legionarios, ya que solo nosotros tres y el comandante éramos los únicos “pistolos”.
Nos dedicábamos a faenas burocráticas. Hacíamos los pasaportes para ir de permiso y licenciados, esperando poder hacer el mío lo antes posible. Nos encargábamos de autorizar los convoyes a los destacamento del interior y a Aargub, las prácticas de tiro en el desierto, etc..
Un día hubo un consejo de guerra contra diversos legionarios. Parece ser que los oficiales que formaban parte tanto del tribunal, fiscal y abogado defensor tenían que llevar el sable reglamentario, sin embargo, a alguno a quien le tocó formar parte del consejo no lo tenía y otro oficial más avispado le dijo que en Comandancia alquilaban espadas. Sin pensarlo dos veces el oficial se fue directo hacia Comandancia, entra, pide permiso y el comandante le pregunta: “hola chaval ¿que hay?” “Pues mire mí comandante que me han dicho que aquí se pueden alquilar espadas”. Ya os podéis imaginar la cara del comandante, ya que no sabía si le tomaba el pelo o el oficial era un poco bobalicón y nosotros que nos meábamos de risa. ¿Ir a alquilar una espada?. No lo enviaron a un destacamento del desierto por milagro.

La cabra

También tengo un especial recuerdo para el sargento legionario que estaba con nosotros en Comandancia. Era una excelente persona, un compañero más, hasta el punto que tuvo algún toque de atención por parte del comandante debido a su familiaridad con nosotros. Un día me dijo si una tarde podré ir a su casa a Villa Cisneros para ayudarlo a colocar la antena de la televisión en la azotea de su casa. Yo sin más voy a su casa a ayudarle. Subimos a la azotea con la caja de cartón de la antena y allá nos encontramos un par de cabras, ya que en el edificio también vivían saharauis y la azotea la hacían servir de corral. Empezamos a desmontar la caja, sacamos los aparatos, la dejamos en un rincón y montamos la antena. Una vez terminada la faena lo recogemos todo y la caja de cartón había desaparecido: !Caramba! ¿Dónde está la caja? Nos giramos y vemos las dos cabras mirándonos con cara de bobaliconas y balando. !Se habían comido la caja! No sé si más adelante dieron leche con tetra-bric incluido, pero aquel día merendaron muy bien.
La vida en Comandancia era un poco monótona. Intentábamos distraernos como podíamos; íbamos, de vez en cuando, al cine del tercio, a la piscina, alguna salida con los compañeros a la playa, a Villa Cisneros, a dar una vuelta y de vez en cuanto a casa de la Zoila: unos a mirar y los otros a desahogarse. Las odiosas y tediosas partidas de ajedrez con el comandante (¡cualquiera le decía que no!).
Una vez licenciados Andreu y Emili, subí un escalón en mi vida militar: fui a dormir al despacho de Comandancia. Todo un privilegio ya que suponía no levantarse a toque de diana, tampoco pasar la retreta, y los domingos levantarse tarde, eso sí dormía en el suelo con un colchón. Que mullido que era el suelo con todas éstas ventajas.

Vista de Villa Cisneros

De golpe toda esta monotonía y tranquilidad se esfumó alrededor del 15 de agosto de 1974 cuando nos llaman de la Red Permanente que tienen un telegrama cifrado para Comandancia. Eso fue el principio del fin: era la Marcha Verde.
Fue entonces cuando me percaté de la magnitud de la tragedia. Todos los mandos nerviosos, gritando arriba y abajo, hasta bien entrada la madrugada. Al cabo de unos días todo se fue serenado, sin embargo, poco a poco comenzó el desfile de diferentes unidades de la legión y de “pistolos” hacia el norte, hacia la frontera de Marruecos. Algunos compañeros que, en teoría, se tenían que licenciar me preguntaban si se podrían ir o qué, ya que suponían que por el hecho de estar en Comandancia pensaban que les podía dar más información. Ni tan solo yo sabía si en el próximo diciembre me podría ir.
Al cabo de unos días comenzaron a aterrizar, literalmente, soldados de Canarias y de la península. Los pobres estaban en un estado de “shock”, ya que de un día al otro los habían enviado al Sáhara, sin saber muy bien que pasaba, sin embargo, se imaginaban lo peor. Era evidente que no habían venido de vacaciones ni de viaje de placer.
Los colocaron en la parte de atrás del comedor de la legión en unas tiendas de campaña y prácticamente de allá no se movían. Nosotros como distracción los íbamos a ver y aún les metíamos más miedo en el cuerpo. No hacía falta hacer muchos esfuerzos ya que los pobres estaban muy acojonados.
También poco a poco comenzó a llegar armamento. Yo pensé que en caso de conflicto mejor eso que las botellas de coca-cola llenas de arena.
Cada vez éramos menos en el Farnesio, solo quedaban cuatro gatos y yo en mi línea de enfermo imaginario, aprovechando que a medios de septiembre me cogió un cólico nefrítico volví a recuperar mi papel ya casi olvidado.

Entrada del cuartel Alejandro Farnesio

Estuve unos días con dolores muy fuertes y gracias a Pep Farràs que era el enfermero de la Compañía de Sanidad, ideamos una estratagema: cada día informaba al capitán médico sobre mi estado de salud diciéndole que no mejoraba, a pesar de los calmantes que tomaba. El capitán viendo mi estado y pensando que antes de que este pájaro se me muera aquí, lo evacuamos al Hospital de Las Palmas. Al cabo de unos días ya estaba en las Canarias.
Canarias, ¡la civilización! Después de más de un año en el Sáhara aquello me pareció un paraíso. Recuerdo muy especialmente cuando el avión estaba a punto de aterrizar en el aeropuerto de Gando que se veían los campos verdes de los plátanos, un color que ya casi había olvidado. Una maravilla.
Una vez a Las Palmas aquello me parecía un sueño. Casas, calles con árboles, parques, coches, gente que no eran militares, chicas, muchas chicas y muy bonitas. En definitiva estuve un mes y pico en el Hospital Militar de enfermo imaginario.
Durante mi estancia en el hospital y hasta al cabo de una semana no me visitó ningún médico y el único que lo hizo fue un soldado-médico que estaba haciendo la mili. Visita de trámite y fuera. Total un tiempo de vacaciones y de relax sin ni pensar en el follón del Sáhara



LA PESADILLA NO SE ACABÓ CON LA LICENCIA

argila @ 06:27

Pere Espluga Carreres

BIR Nº 1 - Playa del Aaiun - Sahara A.O.E. Octubre-Diciembre 1973
Comandància Militar de Villa Cisneros, 1974 - Sahara A.O.E. año 1974

Emili, Pere y Andreu

Pasaban los días y como que nadie me decía nada, hacia finales de octubre le dije al capitán médico que ya me encontraba mejor – era mentira - y que me diese la alta ya que se acercaban el momento de licenciarme y si estabas hospitalizado no te dejaban irte.
Me dio la alta y estuve algunos días en un cuartel que estaba en la Isleta, desde donde teníamos una magnifica vista de la ciudad de Las Palmas, esperando el barco hacia Villa Cisneros. Tres magníficos días de crucero por el Atlántico, por decir alguna cosa, con el “Viera y Clavijo”, que era el barco viejo destartalado que hacía la ruta regular Las Palmas, el Aaiún, Villa Cisneros, La Güera.

El Viera y Clavijo

Y volvemos a la rutina, con la gran diferencia que cuando me fui había poca gente en el cuartel pero ahora no había nadie. Cuatro gatos. Iban pasando los días sin saber demasiado como se desarrollaba el conflicto ya que Villa Cisneros estaba muy lejos de todo. Al cabo de unos días me volvió a coger otro cólico. Aguanté como pude sin decir ni pío ya que me faltaba poco para licenciarme.
Finalmente llegó el día tan deseado: el de licenciarme. Me parece recordar que era por las inmediaciones del 3 de diciembre del 74. Por fin la libertad. Hacia casa. Eso fue otro choque. Después de tanto tiempo en el desierto reintegrarte nuevamente a tu cotidianidad anterior me costó un poco y más llegando en diciembre a Barcelona, con un frío que pelaba.
Un par de días después de haber llegado, recibo un telegrama en casa de Comandancia Militar de Villa Cisneros. Me quede blanco. ¿A qué me dicen que tengo que volver por qué la cosa se ha complicado y han anulado todos los licenciamientos? Nada de todo eso: era el comandante que me preguntaba si había llegado bien y que se lo comunicase y eso hice.
Desde entonces y durante mucho de tiempo soñaba que volvía al Sáhara, Que debía repetir la mili. Que no les constaba que hubiese estado haciendo la mili. Toda una pesadilla que duró mucho tiempo.



NUESTRO SUEÑO ES VOLVER

argila @ 06:26

Pere Espluga Carreres

BIR Nº 1 - Playa del Aaiun - Sahara A.O.E. Octubre-Diciembre 1973
Comandància Militar de Villa Cisneros, 1974 - Sahara A.O.E. año 1974

Ahora quizá nuestro sueño es volver desde la distancia de los 34 años pasado y los compañeros reencontrados para intentar revivir, sin nostalgias, una etapa de nuestra vida que aunque quizá no hemos estado muy conscientes nos ha marcado.

Encuentro del 6 de Julio del 2008

Quiero acabar expresando mi agradecimiento a todos los compañeros, por los buenos ratos pasados que son las que nunca se olvidan, y en especial a los que nos hemos reencontrado últimamente, que son:
De izquierda a derecha, de pie: Gabriel Manzano, Emili Fontanillas, Joan Barnadas, Robert Ventura, Carles Porta, Enric Bayé, Jaume Romaguera, Joaquim Ruiz, Hilari Joan, Andreu García, José Bello, Albert Bou.
De izquierda a derecha, sentados: Pere Costa, Pere Espluga, Pep Farrás, Valentín Pinto, Ramiro Vázquez, Pere Nolla.
Espero no dejarme ninguno - y a todos los que no pudieron venir y esperamos reencontrarlos lo antes posible y por la ilusión puesta en proyectos futuros

Pere y Jesús

Y un recuerdo para aquellos que ya no están entre nosotros y muy especialmente para Jesús Ruvirola Pibernat con quien compartí muy buenos ratos y nos unía una gran amistad.



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