SU NOVIA SE PRESENTA DE IMPROVISO EN EL AAIÚN
Francisco Nicolás Zaragoza
Agrupación de tropas Nómadas - Smara - Sahara A.O.E. Año 1974
Francisco Nicolás Zaragoza nos cuenta la visita inesperada de su novia, mientras él estaba en Smara
Francisco Nicolás Zaragoza
Agrupación de tropas Nómadas - Smara - Sahara A.O.E. Año 1974
Francisco Nicolás Zaragoza nos cuenta la visita inesperada de su novia, mientras él estaba en Smara
"Carrusel…….. Deportivo ¡!!!
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Queridos pistolos saharianos: El mero echo, de estar a tantos quilómetros de la Península y en un medio inhóspito y para más INRI en un destacamento a cielo abierto, nos predisponía a estrujar la mente en busca de distracciones y sobre todo de lo más o menos cotidiano.
Mis compañeros de transmisiones de Villa Cisneros, que como sabéis todos estábamos agregados al IV Tercio de La Legión ,con nuestros coches-emisora teníamos por norma ,probar periódicamente, tanto los coches como las emisora de radio.
Pues bien, un domingo ,que aquí era, como otro día cualquiera, estábamos por la tarde al-ha-handulilá, es decir a la bartola, o de recreo.
Pero yo que era un poco enterado, había pedido a los veteranos de Radio, unas frecuencias , a través de las cuales podía conectar con radio Las Palmas , a nivel de escucha, claro. Evidentemente, como era domingo , y de tarde había fútbol de 1ª división en el programa carrusel deportivo, se me encendió la bombilla y me puse a hacer “salida de antena” buscar la banda y sintonizar la frecuencia.
Todo O.K. entonces me coloco los cascos y…………..
Conectamos con Mestalla…. Valencia-Sporting … adelante….. Joan Planelles.
Buenas tardes a todos...seguimos con el empate a cero, min. 35 de la 1ª parte y todo sigue igual…….Valencia 0 Sporting de Gijón 0 .
Y así estaba tan ricamente, deleitándome cuando apareció
inesperadamente el Teniente Aguilar.¿que tal Florentino otra vez probando la radio?
Sí, mí Teniente; por la mañana no hacia bien la salida de antena y aprovecho ahora para…… Bueno, Bueno ¿y que tal la recepción ,fuerte y claro? Ah, sí mi Teniente 5.5
.
A ver, déjame comprobar….. ( naturalmente, la recepción era muy buena…
¡ Gol, Gol , gol del Sporting en Mestalla, golazo de QUINI ¡
Entonces el Teniente Aguilar, con aquella sonrisa socarrona que tenía.., me dice:
Pero que asturiano mas enterado tenemos aquí! Me ordenó bajar del vehículo, y después de darme un chut en el culo , que no lo daría ni el mejor Busquets , me dijo: Florentino ,esta noche, te haces tu, todas las imaginarias de radio. A lo que contesté:
¡ A sus órdenes mi Teniente..
Anécdotas como ésta, recuerdo algunas más, ya intentaré enviarlas a través del blog, de mi amigo de mili y compañero de fatigas saharianas: Hilari Joan de Argila
Al mismo tiempo desde aquí, os animo a todos a participar, contando estas batallitas, en este, nuestro particular “libro del Sahara”
Un saludo para todos, de uno de Gijón .seguiremos en contacto
Florentino Gómez Álvarez
Batallón de Infanteria Cabrerizas I, Playa del Aaiun, SAHARA, A.O.E. Año 1974.
José Luis Ramos nos cuenta como fué su mili en general y concretamente la emoción que les proporcionó una presencia femenina en Cabrerizas
Estimados pistolos saharianos y CASH: Rebuscando en mi “ disco duro” de aquellos años, me encontré con dos episodios ,de los que fui evidentemente ,observador y medio partícipe y no de una forma agradable.
Un día cualquiera del mes de Julio de 1.974,estando en Villa-Cisneros, recuerdo salir con un compañero ,a tomar algo y ver el ambiente “mujeril ”.Una vez en la zona 0 , entramos en un tugurio ,atestado de militares ,¿Quién si no?.Una mujerona de unos taitantos (como diría Lina Morgan) nos preguntó que queríamos tomar?. Pues…. Unas coca-colas. Mientras nos ponía unos vasos ,que no eran transparentes sino ,más bien opacos ,observé el incesante subir y bajar de varias “profesionales” y de un sinfín de” miembros” del ejército español(paracas ,lejías , pistolos ,nómadas ,,artilleros, etc.) con lo cual mi compañero y yo mirándonos uno a otro llegamos a una sabia y rápida conclusión: bebimos la Coca-Cola por la botella, ahorramos las 500 pts. del servicio, y nos ahorraríamos, de tener que pasar por el hospitalillo del cuartel a pincharnos el trasero.

De vuelta para el cuartel ,decidimos entrar en otro bar ,el cual era algo más pequeño que el anterior y por tanto menos concurrido .Dentro de la barra había dos mujeres de una franja de edad 30-40. Una de ellas con unos buenos pectorales que estaba alternando con un saharaui .La otra nos atendió a nosotros . En ese momento entraron en el local dos lejías bien altos (debían ser gastadores) y se acercaron a la barra , donde estaba el saharaui , con la otra mujer .El saharaui estaba, sobando las tetazas de ésta ,pero ella le dijo que: quietas las manos, a no ser, que la invitara de nuevo .El nativo no cesaba en el sobe , y en un tristrás , se encontró, con que los dos legías, lo sostuvieron en el aire ,lo acercaron a la puerta y lo empujaron violentamente a la calle. De nuevo, entraron a tomar su consumición y nos invitaban a tomar algo, Se lo agradecimos pero , dijimos que nos íbamos.
Eso sí, tendríamos que volver,a recurrir a aquella revista tan desgastada de alemanas en cueros , y a nuestra imaginación, para exacerbar la líbido..
Comprendo muy bien, pues al amigo Carles, de su enamoramiento con la “colchonassa”, y de su fidelidad. Por otro lado, para todos los que, habíais dejado novia, en la península ,era una forma estupenda, de mantenerse fieles hasta la vuelta. No cabe duda, que podían estar bien seguras de ello. So pena, de que alguno cruzase la” cera de enfrente” ,cosa muy improbable.Un saludo para todos los colegas de la mili sahariana y en especial para el Triunvirato (CARLES-ERNEST-HILARI)

En la última revista antes de licenciarnos, teníamos el cabello algo más largo, o sea algunos rondando las melenas. El sargento que estaba de semana y que se encargó de pasar la revista, cogió a unos cuántos y con una maquina eléctrica de cortar cabello les hizo un gran trasquilón en la parte posterior de la cabeza, quedando pelados al estilo “apache”. El resultado fue que estos veteranos y a pocos días de su licencia, se tuvieron que cortar el cabello al estilo recluta.
Los veteranos nos reunimos y pensamos que ha ese sargento le debíamos hacer alguna “putada”. Como estaba de semana y dormía en la compañía, un veterano vasco propuso la idea de ponerle fibra de vidrio en las sábanas y así lo hicimos. Como era de suponerle empezó a picar, cambió las sábanas una, dos, tres veces y le continuaba picando, se duchó una, dos, tres veces y le seguía picando. A las cinco de la madrugada ya no aguantaba más el picor y nos hizo levantar y salir a toda la tropa y nos puso a hacer paso ligero, en el patio de delante de la compañía. Se hicieron las cinco y media, las seis. Fuimos a desayunar, después del desayuno continuamos con el paso ligero.
Al cabo de un rato llega teniente y pregunta que es lo que pasa y el sargento le explica la historia delante de todos nosotros. El teniente dice, pués bien, que sigan con el paso ligero que ya saldrá el culpable y continúa el paso ligero. Va pasando el rato, pero como los servicios diarios se habían de iniciar, el sargento encargado de los mismos empieza a llamar a los veteranos a sus destinos. Resulta que al cabo de un rato solamente quedaban guripas haciendo el paso ligero. Sale el teniente y ve el sargento con cuatro... guripas corriendo. El teniente le dice pero no te das cuenta de que estos no han sido, han de haber sido los veteranos, no los reclutas y así acaba el paso ligero.
El teniente nos llama a todos los veteranos y nos dice, el que haya sido que me venga a ver, sino se presenta nadie, todos los veteranos estaran castigados el sábado y el domingo sin salir. Total que como que nos presentamos todos los veteranos al teniente y así se acaba esta historia de la pastilla al sargento.
Enric Bayé Blanch
BIR núm. 1 - Playa del Aaiún - 5ª Compañía - Sáhara (A.O.E.), Julio - Octubre, 1973
Regimiento Mixto de Ingenieros nº 9 - 2ª Compañía de Zapadores - Villa Cisneros - Sáhara (A.O.E.), Octubre 1973 - Octubre 1974.

Cuándo el cabo de guardia encendió las luces del barracón de la Compañía, el calor se había casi disipado, pero en el aire del barracón todavía flotaba el tufo a Zotal con el que el cabo había mandado fregar el suelo, poco después de la siesta, a cinco de los guripas recién llegados, a los cuales no había dejado ni respirar durante todo el santo día.
A los mismos guripas también les había tocado barrer, limpiar los cristales, vaciar y lavar todos los ceniceros, y ahora andaban ajetreados intentando sacar el polvo de arena, engastada por todos los rincones, que lleva el viento del desierto cada vez que sopla: día sí, día también.
-Nos la tiene bien jurada, este cabrón.
-Pues qué quieres que te diga… Podría ser peor.
-¿Peor, todavía?… Pero si sólo hace falta que nos mande que le limpiemos el culo.
-Pues si nos lo manda, se lo limpiamos y listos.
-¡Que te crees tú eso! Desde luego que yo no estoy dispuesto a que...
-¡Eh, vosotros dos!: ¿Queréis hacer el puñetero favor de dejaros ya de chorradas, o a este paso no acabaremos nunca?
-¡Maldita arena! ¡La sacas de un sitio y te sale en otro!
-¡No hay que tomárselo así, machos! Pensad que de aquí a sesenta y siete días llegarán los nuevos guripas, y seremos entonces nosotros los que tendremos la misma vidilla que toda es panda.
-¡Sesenta y siete días! ¡Anda que no eres optimista, tú!
-Pues claro que soy optimista. ¿Y cómo no voy a serlo sabiendo que de aquí a "sólo" doscientos setenta y cuatro días estaré licenciado?… ¿Os lo imagináis?... ¡Li-cen-cia-dos!... Además, esta noche..
-¡Esta noche, esta noche! ¡Ya te la regalo yo una Nochebuena metidos aquí dentro!
-Macho, perdona que te lo diga, pero ¡estás amargado! Todo te lo tomas a la tremenda, y si continúas así, de aquí a dos meses no habrá quién te aguante. Tómatelo por el lado positivo, hombre: El sargento ha dicho que hoy, después de cenar, habría una celebración que sería la hostia.
-¡Ya ves tú!: Seguro que van a darnos unas cuantas botellas de aquella porquería de sidra a la que llaman champán, turrones de Jijona más duros que si fueran de los de Alicante y, para rematarlo, ¿qué?, ¿una copichuela de Soberano, porque es cosa de hombres? ... ¡Ya te digo yo que hay que ser muy hombre, o muy animal, para echarse aquel matarratas dentro del estómago!
-¡Uy!, pues sí que nos ha salido finolis el chico...
-Venga, va, ¿sabéis qué os digo?: ¡Que ya vale por hoy! Que alguien vaya a decir a aquel mamón que ya hemos terminado.
El cabo de guardia, gato viejo, revisaba de memoria todos los rincones donde sabía que encontraría aún arena escondida, y ordenaba a los cinco guripas recién llegados que hicieran con más esmero el trabajo que les había mandado, ya que él no tenía ninguna prisa, pero que pensaran que de aquí a una hora tendrían que pasar revista y lo más seguro era que, de seguir así, la revista les iba a coger todavía en calzoncillos.
Efluvios de limpia metales y de betún se habían ido añadiendo al tufo algo ya más disipado del Zotal.
El barbero repasaba los últimos cogotes, y la algarabía de los soldados más veteranos, todos ya listos para pasar revista, llenaba de bullicio el barracón de la Compañía.
De repente, la voz del cuartelero anunció:
-¡El Land Rover! ¡¡¡Ya llega el Land Rover!!!
Del vehículo bajaron un cabo y, a continuación, tres guripas más, los cuales, maquinalmente, empezaron a descargar hacia el despacho del capitán toda una serie de cajas ante el entusiasmo del resto de la tropa.
-... Seis, ¡siete!... ¡Hostia! ¡Siete cajas, tú!
-¿Y todo eso lo paga el capitán?
-Sí. Es un hombre muy espléndido… Imagínate que el día del patrón hizo llenar de sangría el depósito del agua.
-¿Ese depósito…?
-¿Es que ves algún otro depósito, guripilla?
-¿Y para cuándo es el día del patrón?
-¡Eh, "Málaga"! Mira qué me pregunta este guripilla: ¡Que para cuándo es el día del patrón!
-Dile de mí parte al guripilla ese que si a mí me quedara la mili que le queda a él para llegar al día del patrón yo ya me habría tirado y ahogado en la ría.
La puerta del despacho del capitán quedó cerrada, pero el cabo que había llegado con el Land Rover tranquilizaba a sus compañeros veteranos diciéndoles todo lo que había visto dentro de las cajas:
.-… y pacharán, whisky, mazapanes, turrones...
¡Era un hombre cojonudo, realmente cojonudo, aquel capitán!
Un grito seco, proveniente del cuartelero, interrumpió la algazara para anunciar la llegada del sargento.
El cabo de guardia mandó formar inmediatamente a la tropa, y el sargento empezó a pasar revista mientras anunciaba, y amenazaba, que, después de cenar, el capitán de la Compañía, en un gesto que lo honoraba, había decidido celebrar con la tropa una noche tan señalada: ¡La familia del capitán y la del resto de oficiales y de sub-oficiales celebrarían la Nochebuena con la tropa!
"Ay, por consiguiente, de quien ... Ay, por consiguiente, si alguien ... Ay, por consiguiente, quien haga..., y ay, por consiguiente, quien no haga ... ¿Entendidos, Fulanito? ... ¿Me has oído bien Menganito? ... Cinco voluntarios, ¡vosotros cinco!, cenaréis en el segundo turno y, mientras tanto, vais preparando las mesas, aquí, en el centro... ¡Y ay que vuele o se abra una sola botella!"
A medida que volvían de la cena, "¡Jo, macho: incluso un purito, hoy!”, los soldados olían con avidez la desconcertante mezcla de olores que se había organizado dentro del barracón, el cual había sido además, rociado frenéticamente con un ambientador que quería imitar el perfume de las rosas.
La visión de las mesas puestas, sin embargo, hizo que todo el mundo se desentendiera enseguida de las extravagancias que flotaban en el aire:
-¡Jo, macho, fíjate!: Champán, ginebra, ron ...
-¿No te lo había dicho?: ¡A la sidra la llaman champán! ¡Vaya porquería!
-¿No falta de nada, eh?
-¡Uy, tú, mira!: "Anís del Mono", ¡para las mariquitas!
-¿Qué tienes tú en contra del “Anís del Mono”, eh, guripa? ¡Este anís lo fabrican en mi pueblo!
-¿Y pacharán?... ¿Hay alguna botella de pacharan?
Pero aquella visión, a medida que pasaba el tiempo, fue convirtiéndose en impaciente contemplación:
-¿Qué? ¿No vienen todavía? ¿Se puede saber a qué esperan?
Más ávida para algunos…
-Si veo a algún guripa que se acerca a aquella botella de whisky, que piense que más le valdría no haber nacido.
… que no para otros:
-¿Es cierto que la mujer del capitán está tan buena?
-Eso dicen, aunque yo no la he visto nunca....
-¿Y la del sargento? ¿Cómo debe ser la mujer del sargento?
-¡Puaf!, imagínatelo: Una foca, ¡como el!
Por fin, la voz del cuartelero anunció:
-Compañía: ¡¡¡El Capitán!!!
-Mande descanso, por favor... Nada de ceremonias, hoy… Hoy todos somos iguales: todos estamos lejos de nuestras familias ... Hoy, más que otro día ...-y que si patatín y que si patatán.
Tres vivas: Uno, para el Capitán; otro para el Arma de Ingenieros, y el último para la patria a la cual, unos antes que los otros, y algunos también más convencidos que el otros pero, en definitiva, todos, habían jurado defender hasta la última gota de su sangre.
¡Y que empiece la fiesta!
Los tapones empezaron a salir disparados de las botellas, y los vasos a llenarse hasta rebosar de espuma. Deseos que fuera aquélla una noche de felicidad, vasos que se vaciaban al son de canciones propias de la festividad, cantos al unísono con voces chillonas y tono de mofa, resonaban dentro del barracón, donde los indiscretos perfumes de las mujeres de los militares acabaron de aliñar aquella amalgama de hedores enmascarados de aromas.
Villancicos que hablaban de unos peces que bebían y bebían en un río, y de una gente que, con campanillas, despertaban a otra gente en la madrugada. Villancicos que todo el mundo sabía cómo empezaban y que nadie sabía acabar. Villancicos que, a medida que los vasos se vaciaban y se volvían a rellenar, explicaban groserías de sus protagonistas ante los ojos cada vez más enojados del sargento a quién el capitán, con mirada conciliadora, decía que no hiciera caso.
-¿Qué te ha parecido, eh?: Dicen que vienen a celebrar la Nochebuena con nosotros, y ya están todos metidos dentro del despacho del capitán.
-Hombre, es que con el ambiente que se ha formado…
-Pues yo no veo nada de extraño en este ambiente: Es igualito al que había ayer, anteayer, y con el que nos encontraremos mañana… Eso sí: el de esta oche un poco más alegre porque la priva es gratis.
-Ya, pero no me digas que las letras de las cancioncillas de esos animales…
-¿Te han herido las orejas, frágil almita de porcelana?
-¿A mí?... ¡Anda ya!… Pásame la ginebra, "Totana"... A mí me la suda lo que canten ahora. Va a ser mañana, ya lo verás, cuando por culpa de toda esa pandilla de energúmenos tendremos jarana. ¿No has oído lo que había dicho el sargento?
-¡Mañana, mañana!... ¡Pero si mañana estará más resacoso el sargento que todos nosotros juntos!… Dame el vaso y aguarda un momento, que voy a ver si con suerte consigo algo de whisky.
El humo del tabaco, que circulaba incluso por los secretos rincones donde se engastaba la fina arena, se había adueñado por completo del aire del barracón de la Compañía, camuflando los efluvios agrios de los líquidos vertidos por el suelo, donde ya empezaban a pegarse las suelas de goma de las botas.
-¡No te tiendas en la cama ahora, hombre, que vas a marearte!… ¡Venga, va: no seas cabezota y salgamos fuera, que un poco de aire fresco te sentará bien.
-¡Dejadme, hostia! ¡Sólo quiero dormir un poquito!
-Cómo quieras, macho ... ¡Si te mareas, ya te las arreglarás tú solo!
-¡Va, "Lérida", coño, no seas bobo! El aire te sentará bien... Si te ve así el sargento va a meterte un paquete de no te menees. Ya sabes que te la tiene jurada.
-¿Qué más puede hacerme el sargento, eh?... ¿Qué más puede hacerme ya?…Al fin y al cabo, sólo me quedan treinta y dos días ... ¡Eh!, guripas!: ¿Me oís?… ¡¡¡ME QUEDAN TREINTA Y DOS DÍAAAS!!!
-Va, “Lérida”, agárrate a mí y salgamos de una vez.
-Puedo andar yo solo, ¿qué te crees?, ¿qué voy trompa?…No, macho, no: sólo es que estoy ... un poquito… mareado... ¿Y sabes por qué estoy… un poquito… mareado?... ¡Pues porque me quedan treinta y dos días! ¡¡¡TREINTA Y DOS DÍAAAS!!! ... ¡Eh, tú, guripa!: ¿Cuántos días te quedan, eh?
-…
-No tienes bastantes dedos en las dos manos para contar los meses que te quedan y a mí, en cambio, me quedan TREINTA Y DOS DÍAAAS!!!
Fuera, donde el aire frío de la noche sahariana se refregaba con suavidad en los rostros de los soldados que habían decidido salir, se escuchaba, cerca de las letrinas, un lamento monótono, seguido, desconsolado, en contraste con el guirigay de canciones y del bullicio que llegaba, atenuado, proveniente del interior de los diferentes barracones.
-… samoralaria, samoralaria, samoralaria...
-Mira: Por ahí viene el "Lérida"! Él lo entenderá… Eh, ¡"Lérida"!, ven a ver si entiendes qué dice este guripa.
-... samoralaria, samoralaria, samoralaria...
-¡Pero si el “Lérida” va más borracho que él!
-Ya, pero al menos tenemos que intentar saber qué le pasa… ¡Acércate aquí un momentín, por favor, "Lérida"!
-... samoralaria, samoralaria, samoralaria...
-¿Qué pasa, eh?... ¿Sabéis cuánto me queda?: TREINTA Y DOS DÍAAAS!!!... ¿Y por qué llora este guripa?
-... samoralaria, samoralaria, samoralaria...
-¡Ni idea! Hace media hora que está llorando y no para de decir samoralaria, o qué sé yo qué coños dice! ... Va tan trompa que sólo habla en catalán y no hay dios que lo entienda ... Va, pregúntale tú qué le pasa, que tú lo entenderás.
El "Lérida" se agachó como pudo al lado donde, sentado y cabizbajo, lloraba desconsoladamente aquel guripa, y ambos empezaron a hablar en aquella extraña lengua ante el silencio expectante de los otros compañeros hasta que, por fin, a duras penas para poder volver a levantarse y no caer, el "Lérida" dijo:
-¡No le pasa nada! ¡Dejadlo!
-¿Nada?… Entonces, ¿por qué coño llora?
-¡Nada! ¡Ya le pasará! ¡Dejadlo!
-"Lérida", macho, algo debe pasarle cuando hace más de media hora que no ha parado de llorar a lágrima viva…
-Está bieeen ... Dice que ayer recibió una carta de su casa. Le dijeron que se había muerto su abuela .
-¿Y por qué dice samoralaria?
-No dice samoralaria. Dice "Se m’ha mort l’àvia": “Se me ha muerto la abuela”... Y el chaval está triste. Es normal, ¿no?... Vale más que lo dejéis tranquilo ... Y yo, sabéis qué os digo?: QUE ME QUEDAN TREINTA Y DOS DÍAS!!!
Una botella caía hecha añicos al suelo después de haber estallado contra la pared de uno de los barracones cercanos.
* * *
Cuándo el cabo de guardia encendió las luces, el calor todavía no había hecho su diario acto de presencia, y dentro del aire del barracón de la Compañía flotaba toda la pestilencia almacenada desde que, no hacía demasiadas horas, se había cerrado la puerta.
Sin darles tiempo a espavilarse, el cabo de guardia mandaba a cinco de los guripas recién llegados que, cuando volvieran del desayuno, barrieran, limpiaran los cristales, vaciaran y lavaran los ceniceros y fregaran el suelo.
-... Pedidle el Zotal al furriel. Antes de la misa llegará el sargento y quiero ver este suelo, ¡y toda la compañía!, limpios como los chorros del oro.
-¿Hoy misa..?
-Y vestidos de gala, que es Navidad... ¡Ah!, y no quiero ver ni un grano de arena en ningún rincón ... ¿Entendidos...?
Enric Bayé (aquel guripa).
Joan Corominas Requena
Regimiento Mixto de Ingenieros nº 9 Transmisiones Villa Cisneros Sahara A.O.E. desde Enero hasta Diciembre de 1974
Carles Porta Fernandez
BIR Nº 1 - Playa del Aaiun - Sahara A.O.E. Octubre-Diciembre 1973
Regimiento Mixto de Ingenieros nº 9 Transmisiones Villa Cisneros i Aargub Sahara A.O.E. desde Enero hasta Diciembre de 1974
En el cuartel Alejandro Farnesio del 4º Tercio de la Legión en “Villa Cisneros”, Había una biblioteca donde no íbamos a leer, sino a escribir cartas: A la Novia, a la familia y a estudiar con libros propios, seguramente por el poco interés que tenían los que estaban allí guardados en las estanterías… Eso sí, la sala tenia unas mesas y unas sillas que recordaban una escuela y sobre todo había un silencio relativo, que para escribir se agradecía. Una de las tardes estaba con mi amigo Corominas. Yo aparte de escribir las cartas a la familia me daba por hacer dibujos i algún poema.
El Corominas me preguntó por lo que hacia y al decirle que escribía un poema, me dijo que si lo podía leer. Al cabo de un rato cerraban la biblioteca y nos fuimos hacia la compañía y seguramente a la cantina a tomar unas copas, mientras esperábamos que se hiciese la hora de ir a cenar.
Ahora después de tanto tiempo y que nos hemos vuelto a encontrar, hemos hablado de todo y de los ratos que habíamos pasado en la biblioteca, y le hice el comentario de que la poesía que escribí en aquella libreta que le enseñe, por más que la he buscado, jamás la he vuelto a encontrar… Al día siguiente y por sorpresa, recibo un correo electrónico, con una hoja escaneada con la poesía escrita con su letra…. Aquel día en la biblioteca se la copió en un libro de texto que utilizaba el para estudiar. Después de 34 años y gracias a Corominas, he podido recuperar el poema…
Año 1974, poema escrito en la biblioteca del Cuartel del “Tercio Sahariano Alejandro Farnesio” Villa Cisneros (Sahara A.O.E.)
Desierto.
Tierra olvidada por la naturaleza,
sin sombra que dar,
tu piel se quema silenciosamente.
Secas están tus entrañas
de no conocer el llanto de la vida.
Tu único amigo es el aire,
que quita la herida de mi huella.
Si algún día puedes gritar,
pide vida a la vida,
que nadie más que tú se la merece.
Emili Fontanillas Moreno
Comandancia Militar de Villa Cisneros, Sahara A.O.E. año 1974
Una de mis anécdotas en la mili en Villa Cisneros, fue durante el partido del Barça en el campo del Madrid que ganamos por el glorioso 0-5, y yo fui con la camiseta del Barça al barracón de Intendencia a ver el partido, y después del 0-3 varios "compañeros" de Intendencia me echaron a la calle a empujones y con insultos, y yo solo celebraba los goles, sin insultos porque sabia donde estaba y que no podía pasarme, porque era el único cule metido en aquella jaula merengona, en fin acabe de escuchar el partido por la radio en Comandancia Militar donde era mi destino, a los dos o tres días apareció por Comandancia uno de aquellos individuos que me echaron y yo aun caliente por aquella situación le dije porque ahora que estas solito no me echas a la calle, me pase gritándole y el Comandante me dijo chaval tranquilízate que te pasa, le comente lo ocurrido y entonces el Comandante le llamo la atención al citado individuo por lo que me había ocurrido y aquí se acabo la historia de esta anécdota, en otro momento os enviare alguna anécdota más.
Pere Espluga Carreres
BIR Nº 1 - Playa del Aaiun - Sahara A.O.E. Octubre-Diciembre 1973
Comandància Militar de Villa Cisneros, 1974 - Sahara A.O.E. año 1974
El camino hasta Villa Cisneros fue una travesía infernal por el desierto. No se cuantas horas en camión: trompazos, golpes... y nuestras necesidades acuosas más perentorias las teníamos que hacer de pie, y en el camión a toda pastilla. Llegamos llenos de polvo hasta a los lugares más insospechados. En todos los agujeros del cuerpo había arena.
Ya una vez a Villa Cisneros me adscriben a Sanidad, sin embargo, al día siguiente vino un compañero de la Comandancia Militar, Andreu Garcia, y me dice que me han agregado a Comandancia. Al cabo de unos días conocí a Emili Fontanilles que estaba de permiso en Barcelona y también estaba con nosotros.
Comandancia estaba situada en el edificio central del Farnesio – cuartel del tercio de la legión-, donde había todas las dependencias de mando tanto de la legión como la del sector sur del Sáhara. Los días transcurrían sin muchas novedades. Veíamos desfilar por el edificio todos los mandos de la legión, algunos un poco pintorescos, y legionarios, ya que solo nosotros tres y el comandante éramos los únicos “pistolos”.
Nos dedicábamos a faenas burocráticas. Hacíamos los pasaportes para ir de permiso y licenciados, esperando poder hacer el mío lo antes posible. Nos encargábamos de autorizar los convoyes a los destacamento del interior y a Aargub, las prácticas de tiro en el desierto, etc..
Un día hubo un consejo de guerra contra diversos legionarios. Parece ser que los oficiales que formaban parte tanto del tribunal, fiscal y abogado defensor tenían que llevar el sable reglamentario, sin embargo, a alguno a quien le tocó formar parte del consejo no lo tenía y otro oficial más avispado le dijo que en Comandancia alquilaban espadas. Sin pensarlo dos veces el oficial se fue directo hacia Comandancia, entra, pide permiso y el comandante le pregunta: “hola chaval ¿que hay?” “Pues mire mí comandante que me han dicho que aquí se pueden alquilar espadas”. Ya os podéis imaginar la cara del comandante, ya que no sabía si le tomaba el pelo o el oficial era un poco bobalicón y nosotros que nos meábamos de risa. ¿Ir a alquilar una espada?. No lo enviaron a un destacamento del desierto por milagro.

También tengo un especial recuerdo para el sargento legionario que estaba con nosotros en Comandancia. Era una excelente persona, un compañero más, hasta el punto que tuvo algún toque de atención por parte del comandante debido a su familiaridad con nosotros. Un día me dijo si una tarde podré ir a su casa a Villa Cisneros para ayudarlo a colocar la antena de la televisión en la azotea de su casa. Yo sin más voy a su casa a ayudarle. Subimos a la azotea con la caja de cartón de la antena y allá nos encontramos un par de cabras, ya que en el edificio también vivían saharauis y la azotea la hacían servir de corral. Empezamos a desmontar la caja, sacamos los aparatos, la dejamos en un rincón y montamos la antena. Una vez terminada la faena lo recogemos todo y la caja de cartón había desaparecido: !Caramba! ¿Dónde está la caja? Nos giramos y vemos las dos cabras mirándonos con cara de bobaliconas y balando. !Se habían comido la caja! No sé si más adelante dieron leche con tetra-bric incluido, pero aquel día merendaron muy bien.
La vida en Comandancia era un poco monótona. Intentábamos distraernos como podíamos; íbamos, de vez en cuando, al cine del tercio, a la piscina, alguna salida con los compañeros a la playa, a Villa Cisneros, a dar una vuelta y de vez en cuanto a casa de la Zoila: unos a mirar y los otros a desahogarse. Las odiosas y tediosas partidas de ajedrez con el comandante (¡cualquiera le decía que no!).
Una vez licenciados Andreu y Emili, subí un escalón en mi vida militar: fui a dormir al despacho de Comandancia. Todo un privilegio ya que suponía no levantarse a toque de diana, tampoco pasar la retreta, y los domingos levantarse tarde, eso sí dormía en el suelo con un colchón. Que mullido que era el suelo con todas éstas ventajas.

De golpe toda esta monotonía y tranquilidad se esfumó alrededor del 15 de agosto de 1974 cuando nos llaman de la Red Permanente que tienen un telegrama cifrado para Comandancia. Eso fue el principio del fin: era la Marcha Verde.
Fue entonces cuando me percaté de la magnitud de la tragedia. Todos los mandos nerviosos, gritando arriba y abajo, hasta bien entrada la madrugada. Al cabo de unos días todo se fue serenado, sin embargo, poco a poco comenzó el desfile de diferentes unidades de la legión y de “pistolos” hacia el norte, hacia la frontera de Marruecos. Algunos compañeros que, en teoría, se tenían que licenciar me preguntaban si se podrían ir o qué, ya que suponían que por el hecho de estar en Comandancia pensaban que les podía dar más información. Ni tan solo yo sabía si en el próximo diciembre me podría ir.
Al cabo de unos días comenzaron a aterrizar, literalmente, soldados de Canarias y de la península. Los pobres estaban en un estado de “shock”, ya que de un día al otro los habían enviado al Sáhara, sin saber muy bien que pasaba, sin embargo, se imaginaban lo peor. Era evidente que no habían venido de vacaciones ni de viaje de placer.
Los colocaron en la parte de atrás del comedor de la legión en unas tiendas de campaña y prácticamente de allá no se movían. Nosotros como distracción los íbamos a ver y aún les metíamos más miedo en el cuerpo. No hacía falta hacer muchos esfuerzos ya que los pobres estaban muy acojonados.
También poco a poco comenzó a llegar armamento. Yo pensé que en caso de conflicto mejor eso que las botellas de coca-cola llenas de arena.
Cada vez éramos menos en el Farnesio, solo quedaban cuatro gatos y yo en mi línea de enfermo imaginario, aprovechando que a medios de septiembre me cogió un cólico nefrítico volví a recuperar mi papel ya casi olvidado.

Estuve unos días con dolores muy fuertes y gracias a Pep Farràs que era el enfermero de la Compañía de Sanidad, ideamos una estratagema: cada día informaba al capitán médico sobre mi estado de salud diciéndole que no mejoraba, a pesar de los calmantes que tomaba. El capitán viendo mi estado y pensando que antes de que este pájaro se me muera aquí, lo evacuamos al Hospital de Las Palmas. Al cabo de unos días ya estaba en las Canarias.
Canarias, ¡la civilización! Después de más de un año en el Sáhara aquello me pareció un paraíso. Recuerdo muy especialmente cuando el avión estaba a punto de aterrizar en el aeropuerto de Gando que se veían los campos verdes de los plátanos, un color que ya casi había olvidado. Una maravilla.
Una vez a Las Palmas aquello me parecía un sueño. Casas, calles con árboles, parques, coches, gente que no eran militares, chicas, muchas chicas y muy bonitas. En definitiva estuve un mes y pico en el Hospital Militar de enfermo imaginario.
Durante mi estancia en el hospital y hasta al cabo de una semana no me visitó ningún médico y el único que lo hizo fue un soldado-médico que estaba haciendo la mili. Visita de trámite y fuera. Total un tiempo de vacaciones y de relax sin ni pensar en el follón del Sáhara
BIR Nº 1 - Playa del Aaiun - 1ª Compañía - Sahara A.O.E. Enero-Marzo 1974
Regimiento Mixto de Ingenieros nº 9 Transmisiones Villa Cisneros - Sahara A.O.E. desde Abril hasta Septiembre de 1974
IV Tercio de la Legión - Transmisiones - Edchera - Sahara A.O.E. desde Septiembre de 1974 hasta Abril de 1975

Villa Cisneros era una ciudad más pequeña que el Aaiun, pero más acogedora, posiblemente al estar al lado del mar en la parte interior de la bahía del mismo nombre, el tener un clima templado por el mar y unas vistas fantásticas con unas salidas y puestas de sol espectaculares, le daban una calma, que no encontré en ningún otro lugar del Sahara.
Disponía de los servicios indispensables para poder pasar el tiempo y tener un mínimo de diversión. Había restaurantes, bares de copas y de tapas, uno en concreto se llamaba "Barcelona" del que me hice cliente habitual. Había un cine, un pequeño "zoco" con tiendas en donde se podía encontrar de casi todo y a unos precios muy asequibles.

Tenía un pequeño aeropuerto que se utilizaba tanto para usos militares, como civiles y un puerto. La ciudad occidental, estaba llena de cuarteles y viviendas de militares y casi todo el comercio vivía gracias a la milicia.
Los barrios periféricos ya eran otra cosa, es donde vivía mayoritariamente la población saharaui, eran barrios con mucha miseria, algunos llenos de tiendas de campaña "haimas". Era muy normal que los niños te fueran detrás pidiéndote un duro, si se lo dabas, te venían tantos detrás, que tenías que salir por piernas, y si no se lo dabas te podían acabar apedreando. Eso lo comento por experiencia, ya que me pasaron las dos cosas.

A unos tres kilómetros aproximadamente, en el norte de Villa Cisneros y siguiendo la costa interior de la bahía se encontraba el cuartel del 4º Tercio de la legión, Alejandro Farnesio. Era una enorme construcción, totalmente amurallada, a excepción de la parte que daba a la bahía. Disponía de todos los servicios posibles para la época, además de los estrictamente militares, disponía de cine, una cantina "mesón de los tercios", salas con mesas de ping-pong, pistas de tenis y frontón, una enorme piscina, pista americana, una bonita playa en el mismo cuartel, duchas y sobre todo unas letrinas decentes.
La construcción donde estaba ubicada la compañía de transmisiones disponía de: cantina con televisor y una pequeña biblioteca con equipo de música. En la misma compañía en el fondo y subiendo unas escaleras se encontraba la sala de la emisora, lugar en lo que pasaría muchas horas tal como explicaré después.

Empezó una vida normal de cuartel. Una de las primeras cosas que nos hicieron fue un test para averiguar cuáles eran nuestros potenciales y cuál era la tarea que mejor podíamos desarrollar. Los mejores los ponían de operadores de radio y así fue en mi caso y ésta circunstancia fue la que dirigió mi futuro en lo que quedaba de mili. A partir de entonces empezaron los cursos para aprender a hacer funcionar la emisora, cursos del código "Q" y código "ALFA", de aquí también nació mi sobrenombre, "QRV", en pocos días empezamos a hacer prácticas de radio, habitualmente las dirigía el teniente "Aguilar". Yo pronto hablaba por la emisora con mucha desenvoltura, utilizando los elementos del código "Q" y deletreando con el código "ALFA". En el código "Q" está la expresión "QRV" que quiere decir "preparado para recibir" y que se utiliza siempre al iniciar una transmisión. Yo pronuncio uno poco mal la "R", el teniente se ve que le hizo gracia mi pronunciación y enseguida empezó a decirme "QRV". Más adelante también hicimos hacer cursos de código "MORSE" y también nos enseñaron el funcionamiento de un motor de explosión.
En pocos días ya volvía a tener dos buenos amigos en Barnadas y el Sebas, uno catalán y el otro canario. Con ellos y con muchos otros básicamente "guripas", pero también con veteranos, dedicábamos el tiempo libre a pasarlo lo mejor posible.

Eran muy frecuentes las salidas a Villa Cisneros, en donde pasábamos todo el día, aprovechábamos para pasear, comer, comprar, ir al cine y algo importante que eran las llamadas telefónicas a la novia y familia.
Unos cuantos nos aficionamos a la pesca, a la que dedicábamos largos ratos y el resultado siempre era satisfactorio, ya que la pesca era muy abundante. El lugar de pesca habitual era la misma playa del cuartel, pero también el puerto de Villa Cisneros. Un día averigüé porque era tan abundante la pesca, me dejaron unas gafas de submarinismo y me metí en el fondo del mar. La verdad es que el susto fue importante, era la primera vez que veía tantos peces juntos y de todas las dimensiones.
Barnadas y yo compartíamos aficiones parecidas, nos gustaba pasar ratos jugando al tenis y también al ping-pong. Al tener un nivel parecido las partidas eran muy divertidas y emocionantes.
En diversas ocasiones hicimos excursiones hasta la costa Atlántica, en el lado opuesto de Villa Cisneros. Podíamos pasar todo el día de playa, mientres unos pescábamos, otros preparaban el fuego y la comida. Por supuesto que lo que pescábamos se añadía, previamente cocinado, a la comida.

Recuerdo que muy pronto empecé a hacer servicios de operador de radio. En transmisiones eran considerados servicios de armas, pero servicios de armas de verdad, guardias, refuerzos, patrullas, en la etapa de Villa Cisneros no hice, ya que a estos servicios los hacían los legionarios del 4º Tercio.
Los servicios de operador de radio eran de dos tipos, podía tocar durante el día y eso quería decir que cada dos horas había que conectar con los destacamentos, o bien imaginaria de radio que comportaba tener que levantarse de noche a hacer la conexión con los destacamentos. Los destacamentos eran:
o AARGUB (logroño)
o BIR-NZARAN (soria)
o AUSERD (segovia)
o TICHLA (avila)
o VILLA CISNEROS (gerona)
La conexión se iniciaba desde Villa Cisneros y se nombraban los destacamentos por los nombres en clave:
"logroño, soria, segovia y avila de gerona, adelante con QRV"
Por orden contestaban: estoy preparado para recibir, 5,5 claro y fuerte, si la conexión era buena. Entonces empezaba la radio transmisión.
Al tener a menudo asignados servicios de radio, me librava de otros servicios. De los pocos que hice recuerdo una de cocina, de la que hice la mitad, ya que por la tarde hizo lo que quedaba un compañero, a cambio de 500 pesetas, que en aquella época era una pequeña fortuna. Hice varios servicios de víveres, que consistía en ir en un camión hasta el puerto de Villa Cisneros e ir descargando un barco, el trabajo podía durar todo el día. Cuánto no había servicio se tenía que dedicar tiempo a uno mismo, a lavar ropa, a repasar o coser botones, a limpiar las botas, etc.
Durante unos días me reclutaron para ayudar a los zapadores a hacer una zanja de tres o cuatro kilómetros, desde el cuartel Alejandro Farnesio, hasta Villa Cisneros. El objetivo era el de soterrar una línea telefónica. Yo procuraba juntarme con mi amigo Barnadas, él el pico y yo la pala.
A cada pareja nos asignaban un tramo, pero yo tenía a Barnadas, él era campesino en la vida civil y se manejaba muy bien con el pico, en un abrir y cerrar de ojos había hecho el tramo correspondiente, yo que era "chupatintas" hacía lo que podía con la pala, pero no le podía seguir el ritmo ni por casualidad, con lo que él, acababa cogiendo la pala y dejando lista la obra del día en un santiamén y a descansar los dos.
A partir de finales de Abril se hizo la luz y se produjeron acontecimientos que transformarían muy favorablemente mi estancia en el Sahara. Hasta ahora solamente había tenido un trato de novato, como si la persona estuviera anulada y tratada como un esclavo y con mucho desprecio, al servicio de mandos, y sobre todo de compañeros, excepto pocas excepciones, que el único grado que tenían era el de tener unos meses más de mili. De estos primeros meses solo tengo el recuerdo agradable de los grandes amigos, tanto en el BIR como en Villa Cisneros.

Con fecha 27 de Abril de 1974 y con motivo de la visita del Capitán General de Canarias a Villa Cisneros, se organizó un desfile militar de todas las tropas, un total de 2500 efectivos.

Desfilaron unos 600 vehículos de todo tipo: Land-Rover, Tanquetas, Camiones, etc. Desfiló la policía territorial y también tropas nómadas con sus dromedarios adornados de gala. Yo no soy especialmente afín a los temas militares y menos a los desfiles, pero tengo que reconocer que participar en aquel acontecimiento me emocionó por su magnitud.
El día era magnífico, la temperatura agradable, sin viento y el cielo completamente azul. Los vehículos se dispusieron en los aproximadamente tres kilómetros que hay entre Villa Cisneros y el cuartel Alejandro Farnesio.
Las primeras tropas en desfilar fueron las del 4º Tercio de la legión y delante de todo, los diez Land-Rover de transmisiones, o sea nosotros. Desfilamos los que estábamos asignados a Radio y por primera vez me sentí como un más del grupo. Nos hicimos fotos los veteranos y los guripas, todos juntos, y creo que es a partir de aquel día que el trato se normalizó entre nosotros.
Estrenamos ropa que nos habían dado unos días antes. El desfile fue de impresión, con mi situación privilegiada sentado detrás del Land-Rover y sin lona, podía observar toda la cola de vehículos que venían detrás y que se perdían en el horizonte.
A los pocos días, me nombraban cabo, a finales de mes llegaban los nuevos guripas y por fin a mediados de Julio cogía un avión Hèrcules con destino al permiso. La última semana todavía tenía un nuevo susto. Un día por la mañana me resultó imposible levantarme de la cama, prácticamente no podía mover las piernas y al intentarlo me hacían un daño terrible. Avisado el médico diagnosticó que tenía un ataque agudo de artrosis. Me pusieron unas inyecciones y por suerte en tres días me pasó el dolor y pude volver a la normalidad.
El día seis de Julio cogí el permiso. En teoría nos teníamos que ir el día diez vía el Aaiun, pero el teniente que era buena persona y se preocupaba de nosotros consiguió meternos en un vuelo militar, con destino a Madrid, que salía la mañana del día seis de Julio de Villa Cisneros. Pero también tuvo su suspense, ya que nos avisaron poco rato antes de la salida del vuelo y nos cogió por sorpresa ya que no lo sabíamos y estábamos haciendo los servicios que teníamos adjudicados aquella mañana. A toda prisa tuvimos que recoger todas las cosas y fue cuando por las prisas fui incapaz de meter el casco del barco en el petate y le pedí a mi amigo Barnadas que me lo guardara, hasta la vuelta del permiso.
Partimos hacia Madrid y todavía tendríamos un susto. Atravesando el estrecho había una fuerte tormenta, el avión se empezó a mover y por las pequeñas ventanas de la parte superior del avión se veían los relámpagos. Las caras de las personas, militares y sus familiares, que había a bordo lo decían todo. En un momento determinado el avión se desplomó, cayendo a peso, y un chillido unánime llenó el habitáculo, la caída duró unos segundos, que parecieron una eternidad. El susto fue impresionante, pero fue eso, solamente un susto.
Sin más novedades empezó el permiso del que no hay que explicar nada. Simplemente que fueron los 40 días, en realidad 50, mejores de mi vida.
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