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El servicio militar en el Sahara
Nuestra mili en el Sahara 1973-1974-1975

Categoría: 13 - En el BIR

26/09/2008 GMT 1

UN CASO PARTICULAR – EL BIR POR PARTIDA DOBLE

argila @ 06:33

Pere Costa Domenech

Regimiento Mixto de Ingenieros Nº9 - Compañía de Transmisiones - Smara - Sahara A.O.E. año 1974

Pere Costa con algunos compañeros y su guitarra en el BIR

Siempre que se habla de la mili; os habéis dado cuenta: se pone cara de nostalgia. Los ojos mirando arriba y la mente trabajando a toda pastilla por revivir recuerdos lejanos y casi borrados. Yo no se si nunca otra clase de suceso ha sido tan especial como todo lo que rodea la vida en los años del servicio militar.

Pere Costa al BIR

Nuestros hijos ni lo han llegado a conocer y puede que se burlen cuando nos oigan explicar las batallitas. Quizás la mili en África tuvo una connotación diferente de los que sirvieron en la península, por la mayor movilidad, por ir de permiso, por la menor distancia entre los destinos y el hogar… o quizás porque en el fondo estaban “más puteados” que nosotros. La cuestión es que encuentro magnífico este movimiento que un grupo de ex-habitantes del BIR Nº 1 ha iniciado para volver a los orígenes de aquella nuestra incipiente juventud y no tan sólo reencontrar antiguas coincidencias y amistades si no, ¿porque no? empezar de nuevas.
Yo formo parte de una excepcionalidad por mi llegada al BIR (casi 4 semanas mas tarde). -ya os lo explicaré otro día.- que me hizo que debiera “repetir campamento“; poca instrucción, muchos refuerzos y algunas guardias “el campo de margaritas” y doble “escaqueo” siempre que se podía. Mientras muchos sudaban la camiseta y se llenaban las botas de arena, yo hacía dibujos con otras colegas, para confeccionar una tipo de murales que no se quien los inventó, para celebrar cada vez que se acababa un reemplazo. En mi caso fui colaborador con dos de ellos.- Sabéis aquello de : ¿A ver quien sabe pintar? y te daban una escoba… pues en estas ocasiones fue de verdad, nos dieron lápices y pinceles.
Bromas aparte nos lo pasamos muy bien, recuerdo que la excepcional habilidad de uno de los compañeros en el primer mural, el de las piezas de ajedrez, sabía captar muy bien los detalles físicos de las caras de la gente, para dibujar unas caricaturas fantásticas. Hablo concretamente de diciembre del 1973 y marzo del 1974. Más tarde los destinos a los destacamentos de Smara, Echederia y Mahbes, en mi caso, me hicieron perder contacto con la gente que había compartido penas y glorias. Unos marcharon a Villa cisneros, otros se quedaron en el Bir, otros a tropas Nómadas, etc. Alguna vez todavía resuena en mi cerebro aquello que sentí al llegar a Smara: “POLACO” toca la guitarra! Entonces toda la noche despierto y tocando y bebiendo del famoso Biberón. (Botella de anís del mono, mitad leche mitad anís o similares) y otras animaladas que conformaban lo que llamábamos “ la pastilla “.

Mural desembre 1973

Y aprovechando este escrito, si alguien que lea estas líneas y estuvo a la 3ª CIA en el BIR, y participó en el mural de Marzo del 1974 (ver segunda foto) me gustaría que se diera a conocer, del mismo modo que los autores del mural de Diciembre del 1973 (ver primera foto), ya que nos hemos reencontrado casi todos. Agradecería, el resto de compañeros y yo que nos hemos reunido, si se pudiera aportar más información gráfica de los murales porque las fotos que tenemos están muy deterioradas y sería muy interesante disponer de mejores copias.

Mural gener 1974

¿ Quien sabe dónde deben estar los murales Originales, quizá decorando alguna haima de un Saharaui nómada?



"BIR" ALUCINACIÓN O PELÍCULA

argila @ 06:31

Pere Espluga Carreras

BIR Nº 1 - Playa del Aaiun - Sahara A.O.E. Octubre-Diciembre 1973
Comandància Militar de Villa Cisneros - Sahara A.O.E. año 1974

Bir 1973

Una vez en el BIR los primeros días fueron alucinantes. Todo el día vestido con la ropa, de civil, nos llevaban a ver desfilar a la legión, contándonos sus excelencias por si picábamos y nos apuntábamos, después los paracaidistas, y así pasando los primeros días.
Pasaban los días... unos tocaba instrucción, otros prácticas de tiro... Por cierto disparando era un fenómeno. Un día de prácticas de tiro en mi primer turno no hice ninguna diana. ¡Caramba, que extraño!, a continuación me di cuenta que en vez de disparar a mi diana lo hacía a la de mi compañero. Suerte que no se dieron cuenta. ¡Quizás si que era algo miope!. También marchas por el desierto y la maldita duna. Un día de marcha y de prácticas de combate, hicimos un simulacro de lanzar granadas de mano, nos dijeron que cogiéramos botellas de coca cola de la cantina, las llenamos de arena y las usamos como si fueran las granadas. Mejor, así no había peligro de hacernos daño.
Imaginarias en el barracón, en los lavabos y en un edificio a medio construir, no fuera caso que les robaran los ladrillos. Cantinas, cocinas... El primer día que me tocó cocina - todavía íbamos vestidos como personas normales- ese primer día ya me escaqueé. Y tan tranquilo me voy directo a la playa detrás de una pequeña duna, me estiro y al cabo de una hora, más o menos, vuelvo hacia la cocina y todo el mundo ya iba vestido “de pistolo” menos yo, ya que durante aquel rato les habían dado la ropa de militar - ¡gluc! - y como yo no iba vestido de militar, pues ala, a justificar dónde estaba y que hacía.

Continuando con el escaqueo, un día que estábamos libres de servicio, antes de que me pillaran para ir a cambiar la arena del desierto, que era cómo le decíamos al hecho de ir a apalear, pidieron lampistas y yo que sólo sabía cambiar una bombilla y poca cosa más, ya me ves encima de los tejados, como los gatos, haciendo de lampista sin tener ni idea. Por suerte aquel día el Bir no se quedó a oscuras.

También unos días fui a mayoría, que era el almacén de víveres. Allí los veteranos eran una pandilla muy campechana y se dedicaban a embaucar al os reclutas que veían más tontos y les decían si querían que les hicieran unas fotos para enviar a la familia o a la novia. Les hacían entrar en una habitación oscura dónde había un tabique y una puerta dónde colgaban una toalla como fondo. La cámara de fotos era un transistor y de flash una linterna. Como la habitación era oscura y la linterna les deslumbraba no veían el engaño. A continuación les decían que se pusieran delante de la toalla y detrás del tabique había un compañero con un cubo lleno de agua sucia preparada para echárselo encima. La señal para lanzar el agua consistía en decir: “... ponte un poco mas hacia la izquierda” y chof. Salían mojados como pulpos.

4a. Cia  2º Barracón - Diciembre 73

También recuerdo un compañero de mi barracón que era policía y estaba haciendo la mili con nosotros. Yo me pensaba que el hecho de pasar por la academia de policía ya era suficiente pero se ve que no. Era la personificación - unos treinta años antes - del protagonista de la película “Torrente el brazo tonto de la ley”. Era un poco corto de luces. Un día mientras hacíamos teórica, por la tarde, sentados delante del barracón, iban preguntando a la gente qué oficio tenía cada cual y cuando le toca a él, por detrás se oye “...contrabandista”. Todavía veo la cara de mala leche que puso. Le habían herido el honor, decirle contrabandista a él.
Y así un día y otro. Instrucción, marchas por el desierto, algún domingo íbamos a el Aaiún donde aprovechábamos parar ir al Parador a tomar algo, ir al baño decentemente y dar una vuelta. Todo muy rutinario hasta que llegó el día de la jura y después a Villa Cisneros. El día de la jura por cierto hubo fiesta grande: buena comida vino, licores, puros y borrachera incluida, que no se si era de alegría a para olvidar.



UN ALBERGE DE JUVENTUD LLAMADO "BIR"

argila @ 06:24

Hilari Joan d'Argila

BIR Nº 1 - Playa del Aaiun - 1ª Compañía - Sahara A.O.E. Enero-Marzo 1974
Regimiento Mixto de Ingenieros nº 9 Transmisiones Villa Cisneros - Sahara A.O.E. desde Abril hasta Septiembre de 1974
IV Tercio de la Legión - Transmisiones - Edchera - Sahara A.O.E. desde Septiembre de 1974 hasta Abril de 1975

En el BIR

Los dos primeros días en el BIR, han sido días de adaptación, dedicados a aprender las normas básicas, conocer horarios, la ubicación y funcionamiento de las diferentes dependencias. Aparte de las charlas de los legionarios, hemos tenido barbero con corte de cabello prácticamente al rape. Durante estos días todavía vamos vestidos de calle, pero ya formamos para todo y seguimos los horarios. Básicamente se trata de que lleguen todos los reclutas y aprovechan para hacer propaganda para conseguir voluntarios para la legión y los paracaidistas.

Diariamente tenemos exhibiciones y conferencias de legionarios, se han apuntado un número importante de reclutas, pero ninguno de los que ya puedo considerar amigos. Para profundizar en “el marketing” nos han tenido con poca agua, sin duchas y lavabos. Os preguntaréis y como hacíamos las necesidades fisiológicas, pues íbamos al campo de margaritas, zona exterior de la muralla del BIR que era en realidad la gran “letrina”. Todo el mundo lo conocía por el campo de margaritas, o también ir a plantar margaritas. Los domingos podía tocar un servicio denominado “recogida de margaritas” o también “ir a recoger catalinas”.

Durante estos días he empezado a hacer amistades y aunque hace pocos días que nos conocemos, ya tenemos conversaciones de tal nivel, que en otras circunstancias sólo se tienen con amigos íntimos de toda la vida.

El primer domingo, han venido de visita veteranos destinados al Aaiun. Parece que es tradición que los veteranos vengan al BIR a ver si encuentran algún amigo o paisano entre los reclutas e intentan animarlos. Ha sido muy interesante puesto que he conversado con diferentes catalanes y algunos de Badalona y la verdad que he salido bastante confortado. Los catalanes están en casi todas las oficinas de los diferentes cuarteles y unidades, incluidas las del BIR y cuando se deciden los destinos, procuran que los catalanes tengan los mejores.

Ya me ha tocado el primer servicio, el de cocina. La cosa empieza a las cinco y media de la mañana y hasta las doce de la noche, es un no parar. Preparar el almuerzo para 2500 reclutas, poner las mesas, recoger las mesas, limpiar el comedor, limpiar los platos, preparar la comida, poner las mesas, recoger las mesas, limpiar el comedor, fregar los platos, preparar la cena, poner las mesas, recoger las mesas, limpiar el comedor, fregar los platos.

Imagenes del BIR

Hemos empezado la vida típica de recluta. Nos han repartido los uniformes y toda la ropa para hacer las diferentes actividades. A partir de ahora todos los días, menos los fines de semana serán prácticamente iguales. Diana antes de las siete de la mañana, ir a almorzar, cambio de ropa en cinco minutos e ir a instrucción, cambio de ropa en cinco minutos e ir a gimnasia, cambio de ropa en cinco minutos e ir a la ducha, cambio de ropa en cinco minutos e ir a comer, descanso de media hora, volver a hacer instrucción, teórica hasta las seis de la tarde. De seis a nueve descanso, que se aprovecha para escribir las cartas o leer el correo, afeitarse, limpiar ropa, botas, cena. A las nueve a formar, se pasa lista y a dormir.

Antes he comentado que al final de la mañana hay ducha, no es exactamente así, la realidad es que hay un día ducha y tres de baño en la playa

Lo del baño en la playa es para enmarcarlo. Nos forman a toda la compañía, vamos desnudos y únicamente tapados con una toalla, haga frío o calor, haga más o menos viento, al llegar a la playa hay la obligación de bañarse tanto si hace mala mar como sino. El problema viene de vuelta a la compañía, puesto que normalmente sopla el viento, y este lleva arena, que es muy fina y se engancha a la piel, penetra en orejas, nariz, boca y otros lugares más escondidos, quedando la toalla sucia y húmeda. Si el viento sopla fuerte y viene del campo de margaritas la combinación nos la podemos imaginar.

En la playa del BIR

Ha tocado de nuevo servicio a la compañía y a mí me ha tocado servicio de limpieza. Previamente hemos pasado por la tortura de la vacunación y con revisión de pene incluida. Hemos de imaginar una hilera de chicos desnudos entrando por una puerta, unos enfermeros que clavan una aguja en cada brazo del recluta y este sigue andando con un pequeño hilo de sangre que empieza a correr por cada brazo y que más de uno al ver la sangre se desmaya. Más adelante dos nuevos enfermeros que completan la inyección. Para acabar nos hacen revisión de pene, tenemos que contraernos el prepucio, vulgarmente “descapullar”, y sorpresa a un par que tengo delante y algunos otras los envían a la playa, que está al lado, a lavarse, puesto que parece que lo tenían sucio desde que nacieron. A continuación he pasado la mañana haciendo el servicio de limpieza, este consiste en ir andando por todo el recinto e ir cogiendo papeles, puntas de pitillo, plásticos, botellas, etc.

La actividad de un domingo, a no ser que se tenga servicio, empieza con diana y almuerzo. A continuación vestirse de paseo y la obligación de asistencia a misa. A partir de este momento, tiempo libre hasta la noche a la hora de pasar la lista. Como consecuencia de la vacunación de ayer, hay muchos compañeros con fiebre, no es mi caso. Todavía no tenemos permiso por salir del BIR y tenemos de pasar las horas como mejor se pueda.

Nos han hecho entrega del fusil de asalto “cetme” y han hecho una teórica de su funcionamiento, enseñándonos a desmontarlo y limpiarlo.

La rutina es realmente agotadora, nos debemos cambiar de ropa un montón a veces, algún día he contado hasta diez cambios de ropa. Botas para la instrucción, deportivas para la gimnasia, sandalias para el resto. En la instrucción nos están exigiendo mucho, a la más mínima que alguien no lo haga como el instructor de turno quiere, se lleva una buena bronca y alguna que otro empujón.

Hemos empezado a hacer instrucción con el cetme y esto ya son palabras mayores. Lo primero que nos han hecho hacer es desfilar durante veinte minutos con el cetme cogido por la mano derecha y levantado dos dedos del suelo. A los veinte minutos tenía la mano dormida. Después veinte minutos de paso ligero con el arma al pecho y cogida con las dos manos, para acabar haciendo movimientos varios con el cetme. Al ser la primera vez ha salido desastrosamente y hemos repetido los movimientos durante dos horas, hasta que los instructores se han cansado. A continuación a cambiarse para la gimnasia. La primera hora hemos hecho movimientos y la segunda, un paso ligero. Cambio de ropa y al baño, nos quedamos con el pantalón de gimnasia y sandalias. Nos bañamos en la playa, completamente desnudos. Hace mucho frío, viento y el agua está congelada. De nuevo cambio de ropa y a comer, media hora de descanso, dos horas de instrucción, cambio de ropa y dos horas por teórica. Un nuevo día a “tuti pleni”.

Casi todo el mundo está constipado, yo por el momento y toquemos madera, me estoy librando. Se nota, porque por las noches hay un concierto de tos y de estornudos. En cualquier caso el cansancio acumulado hace que me duerma como un angelito y eso permito a los chinches hacer de las suyas.

Cetme

Al fin hemos hecho algo diferente. Hemos ido a practicar el tiro con el cetme. A primera hora, tras el almuerzo, hemos andado en formación, un kilómetro aproximadamente. Me he fijado en el paisaje, todo llano sin ninguna montaña, una mezcla de pedregales y alguna que otro duna, el cielo completamente azul y al fondo el Atlántico. Al llegar al lugar, hemos visto las dianas a una distancia de como mínimo cien metros. Nos han hecho disparar por grupos de 30. Del grupo anterior al mío y que estaba colocado justo en frente y preparados para disparar, a pasado el que nos decían constantemente que no debíamos hacer, que si teníamos cualquier problema levantáramos la mano y no nos giráramos, que vendría un instructor e intentaría resolver lo. A un recluta de ese grupo, no le disparaba el arma y sin encomendarse a nadie se ha levantado y se ha girado con el cetme apuntándonos, por suerte el arma ha seguido callada, pero el chico se ha llevado un juego de hostias impresionante.

Al fin me ha tocado mi turno, me han indicado cual es mi diana, cargo el arma, apunto, aprieto el gatillo y que no dispara, me pongo muy nervioso, pero yo hago lo que toca, levanto la mano derecha, se acerca un instructor y soluciona el problema. Vuelvo a hacer un intento de disparar y ahora si que funciona. Noto el retroceso en mi hombro derecho y todo que me habían avisado el golpe es muy fuerte. Me preparo mejor para el segundo disparo y noto que esto empieza a funcionar. El capitán no está nada contento con los resultados de nuestro grupo y sólo tres nos salvamos de un paso ligero por mala puntería. Tengo que decir que de los 10 disparos he colocado cinco alrededor del centro de la diana. Con todas estas historias hemos llegado tardísimo al BIR y ya es la hora de comer. Resulta que hoy nos tocaba ducha de agua dulce, que nos hemos perdido. Encima tras la comida nos han castigado a diez de los que estábamos en la misma mesa del comedor y todavía no se porque, el castigo ha consistido en limpiar todas las mesas y barrer el comedor. Todo esto no me ha librado de hacer las actividades de la tarde.

Me ha tocado un nuevo servicio, hogar del soldado. Durante todo el día haciendo trabajos en la cantina, limpiando platos, vasos, mesas, barriendo, etc. En un pequeño descanso en el que me he podido sentar, resulta que ha entrado un capitán y yo no me he dado cuenta, por lo tanto no me he levantado, por suerte la cosa solamente ha quedado en una monumental bronca por parte del capitán.

Hemos vuelto a ir al tiro. A la vuelta nos la han hecho hacer a paso ligero, ha sido terrible ver como se iba quedando la gente totalmente agotada, empezaban a andar y algunos caían. Yo he aguantado lo que he podido pero ha llegado un punto que he acabado andando. A todos los que no hemos llegado a paso ligero nos han castigado. Tras la comida nos han tenido veinte minutos quietos y con el brazo derecho levantado.

Con los amigos en la playa del BIR

Nuevo fin de semana. Todavía no tenemos permiso por bajar al Aaiun. Aquí lo pasamos como mejor podemos, nos juntamos con los amigos y vamos a pasear o tomar el sol a la playa, a la cantina. Para cenar ya no vamos al comedor y nos lo preparamos nosotros. Sólo he ido una vez a cenar, prefiero apañarme con mis amigos.

Habíamos de ir de nuevo a hacer prácticas de tiro, pero a primera hora nos han hecho un pequeño examen de conocimientos generales. Al acabar a unos cuántos nos han hecho quedar en las oficinas, para ayudar a corregir los ejercicios, por cierto todos catalanes. Hemos estado toda la mañana charlando y riendo.

De nuevo servicio a la compañía, por la mañana me he librado y he estado sin hacer nada. Los que por la mañana nos hemos librado, por la tarde nos ha tocado ir al campo de tiro, a preparar las dianas para el día siguiente, que eran siluetas de personas. Resulta que hacía un viento del norte, muy fuerte, frío y que levantaba la arena. Nos ha dificultado mucho la caminata. La arena al chocar con la cara hacía daño y se ha metido por todo el cuerpo, lo peor los ojos que nos han acabado enrojecidos y llorosos. Ha sido una tarde agotadora.

Nuevas prácticas de tiro. El tiro se ha hecho sobre las siluetas de personas que preparamos el día antes. La distancia unos doscientos metros. De nuevo mi puntería que no falla y si las siluetas hubieran estado vivas, ahora ya no lo estarían. A medida que cada grupo ha ido acabando, nos han hecho hacer prácticas cómo: echarse al suelo, arrastrarse, dar vueltas y siempre con el cetme en la mano. El retorno lo hemos hecho a paso ligero y ya he conseguido llegar al Bir, sin dejar de correr, pero ha sido in extremis. Por la tarde hemos estado rascando la pintura de los barracones, puesto que parece que los quieren volver a pintar del mismo color verde loro.

La suerte me está acompañante, la mayoría estando resfriados, tienen tos o dolor de garganta. Otros van cojos debido probablemente a las agujetas y hay algunos que se han hecho cortes con vidrios en los pies por culpa de los baños en la playa. Otros están masacrados por los chinches y algunos acumulan varios de estos estragos. Yo por el momento sólo tengo alguna picadura de chinche y poca cosa más.

Una cosa muy habitual es la escaqueo. Resulta que a la hora de comer hemos tardado más de la cuenta para formar, según los instructores, y nos han castigado a hacer instrucción durante el rato de descanso de después de comer. Yo he pensado me vengaré y así lo he hecho, un poco antes de la teórica me he ido a la cantina y allí he estado hasta las seis de la tarde, que nos ha tocado hacer una marcha de diez kilómetros, con todo el equipamiento y simulando una acción bélica real. Ha sido divertido, Ha habido dos reclutas que se han desmayado y los han llevado en camilla.

POI - Granada de mano

El lunes once y martes doce de Febrero hemos aprendido a lanzar granadas de mano “POI”. El primer día hemos hecho prácticas con piedras. La situación era la siguiente: Un teniente está en un lugar donde hay muchas piedras y rocas, los reclutas están a una cierta distancia, esperando turno para ir donde está el teniente, los instructores aprovechan la espera para explicar en que consiste el lanzamiento de granadas y lo que se ha de hacer. Insisten en la posición de lanzamiento y que inmediatamente después de realizar-lo hay que echarse al suelo y esperar a que la granada haga explosión, para después levantarse e ir rápidamente hasta dónde están los compañeros que ya han hecho el lanzamiento. Al ser de entreno, es más bien una diversión. En cualquier caso el teniente va explicando a cada recluta lo que debe hacer y corrigiendo errores. Aunque más de uno no se libra de una bronca.

El Martes repetimos la jugada pero seriamente. Hay algunos nervios, van pasando los reclutas hasta que me toca a mí. Voy hasta dónde está el teniente, este me pregunta si estoy tranquilo y yo le digo que sí. Me da una granada, saco el seguro y la lanzo lo más lejos posible. Pasan los segundos, 3 o 4, que se hacen eternos, al fin una gran explosión y el teniente que me dice “muy bien muchacho”. Me reúno con los compañeros que ya han hecho su lanzamiento y nos explicamos la experiencia. Siempre hay el alguno que en vez de agacharse se queda mirando el efecto de la explosión, en este caso la reacción del teniente es tirarlo al suelo de un fuerte empujón y posiblemente arrestado a cocina. Por desgracia ha habido un accidente, ha pasado en la 5ª compañía, un chico al lanzar la granada le ha caído a un metro entre el teniente y él, no se sabe si debido a los nervios o que se le ha escapado de las manos, la cuestión es que el teniente ha saltado por los aires y ha quedado mal herido y el soldado posiblemente perderá un ojo.

Ahora ya nos hacen desfilar constantemente, se supone que para preparar la jura de bandera. Una mañana ha venido un general para ver cómo va la instrucción, por la mañana no hemos hecho otro cosa que desfilar, pero por la tarde nos han dado fiesta. Al día siguiente, de nuevo tiene servicio la compañía, pero yo me he librado. Me han comunicado que estoy en la lista de futuros cabos y seguramente la semana próxima empezaremos el curso.

Sólo hace un mes que estamos aquí pero ya estamos muy adaptados, hemos empezado a coger ciertas confianzas, seguramente promovidas por los mandos. Resulta que el otro día, a la hora de pasar lista, los del barracón trece se presentaron todos juntos, en formación y a la carrera, arremangados y diciendo en voz alta “PRI-ME-RA” “PRI-ME-RA” “PRI-ME-RA”. A los dos días los del barracón diecisiete hicieron lo mismo. Al día siguiente los del trece se presentaron diciendo “CO-PINO-O-NES” “CO-PINO-O-NES “CO-PINO-O-NES”. Al día siguiente fueron los de los barracones once y diecisiete que hicieron su número particular, diciendo “PE-LO-NES” “PE-LO-NES” “PE-LO-NES”. Esto iba dirigido a los del barracón trece que se habían pelado todos a la boina, es decir que por debajo de la gorra estaban pelados al rape. Los del trece se picaron y al día siguiente salieron cantante “AUNQUE NOS DIGAN PELONES NOS RASCAN LOS COJONES”.

Tocó el turno a nuestro barracón, fuimos a retreta con mangas de camisa y arremangados, con el cinturón ancho atando los pantalones y corriente con las rodillas que llegaban a la cintura y cantando “LOS PELONES Y LOS ENANOS NOS LA TOCAN CON LAS MANOS. QUINCE, QUINCE, QUINCE. BIEN COÑO BIEN”. Al acabar aquella retreta nos pusimos de acuerdo todos los barracones y sin que nadie nos lo mandara nos pusimos a desfilar por el campamento en formaciones de barracones, a la carrera y cada grupo cantando su canción. A partir de aquel día se unificó el canto para toda la compañía y siempre que desfilábamos a paso ligero, cantábamos “PRI-ME-RA” “PRI-ME-RA” “PRI-ME-RA” “SIEMPRE A LA PUTA CARRERA”.

El domingo 17 de febrero de 1974 nos dan el primer permiso para ir al Aaiun. Se debe pasar revista antes de salir del BIR, o sea que hace falta ir bien limpio, afeitado y botas y cinturones brillantes.

Haciéndome el dormido en la litera del BIR

Al salir del BIR hay una especie de autobús que le dicen “GUA-GUA”, que cuesta 40 pesetas y tarda unos 25 minutos en llegar al Aaiun. Por fin puedo telefonear a mi novia y familia, después de hacer una buena cola, y puedo comer en un bar como Dios manda. Paso el día yendo de tienda en tienda viendo el montón de cosas que hay y los precios tan baratos, al estilo de Andorra.

Los días van pasando y se van repitiendo las mismas historias. Me ha vuelto a tocar servicio de cocina, de nuevo un día agotador, vuelvo al barracón dispuesto a dormir sin hacerme la cama, pero sorpresa estaba hecha y mejor que nunca, mi amigo Xavi se había encargado. Además de buen chico, es un gran amigo y compañero.

Hoy jueves ha pasado algo inédito en el Sahara, a media mañana mientras estábamos almorzando se ha puesto a llover, ha durado un cuarto de hora pero la intensidad ha sido muy fuerte y al acabar el desierto parecía un mar. El espejismo ha durado minutos, pero la imagen ha sido surrealista.

El sábado ha tocado de nuevo servicio a la compañía, yo particularmente no tengo hasta la noche, que me ha tocado hacer una patrulla. A veces que uno esté libre puede ser peor, hoy ha sido el caso, primero me han enganchado para ir a sacar arena del BIR, después a pintar barracones, tras comer han castigado los de mi mesa a limpiar el comedor, como ya empiezo ha estar harto de tanta arbitrariedad a los cinco minutos he visto la oportunidad de salir por una puerta y me he esfumado. Pero no se ha acabado así mi mala suerte, justo aparecer me han reclutado para descargar un camión cargado de verduras, esta vez mi presencia ha durado dos minutos.

Por la noche tengo patrulla, la patrulla dura dos horas y el recluta la hace acompañado de un instructor, he tenido suerte y yo la haré con el Berciano, el chico de Badalona que me reclamó el día de mi llegada al aeropuerto del Aaiun. Cuánto nos ha tocado el turno hemos ido directos a su habitación y hemos pasado los dos horas escuchando música, nos hemos preparado un te y hemos hablado del colegio donde fuimos juntos, de nuestros amigos comunes, de lo que haremos a acabar la mili, en conclusión que ha sido una patrulla muy gratificante.

Se pone de moda hacer un paso ligero hasta la duna del BIR, la más alta de todas las que hay cerca, la experiencia es demoledora, prácticamente nadie consigue llegar hasta arriba. Dentro de pocos días nos detallarán los destinos y los nervios empiezan a estar alterados. Como que ya se acerca el día de la jura de bandera nos pasamos el día haciendo instrucción, a no ser que toque servicio, que es cada cinco días. Servicios de cocina, limpieza, cantina, pintar barracones, sacar arena, recoger margaritas, limpiar letrinas y un largo etc. Aunque procuro desaparecer y ya soy todo un experto en el escaqueo, por suerte no me han pillado ninguna vez.

Querría destacar algo que me impactó mucho, seguramente lo que más de todas las vivencias que tuve en el Sahara. En el servicio de limpieza, que por desgracia me tocó en un par de ocasiones, cuando el camión estaba lleno de todos los desechos recogidos, incluidas los restos de comida, se debía vaciar y para hacerlo se iba a un lugar próximo en el desierto. Al llegar una multitud de mujeres y niños subían materialmente al camión y la primera tarea era la de impedir que subieran, a continuación vaciaba el camión y el resultado era que la basura caía materialmente encima de aquella gente, que desesperadamente recogían todo lo inimaginable, sobre todo restos de comida. Aquella gente vivía allí mismo y subsistía de los desechos del BIR.

Mis amigos del BIR

Por fin el día 9 de marzo del 1974 nos dicen los destinos y los cinco amigos catalanes nos tocan unos buenos destinos. Zamora va destinado de sanitario a Helicópteros, Xavi de sanitario a Sanidad, Sayas a Tropas Nómadas, tal y como él quería, Molina a intendencia, este chico tiene el problema que está casado y esperando un hijo. Los cuatro se quedaran en el Aaiun. A mí me toca un destino a 600 kilómetros al sur del Aaiun a ingenieros de transmisiones de Villa Cisneros.

Los días van pasando y por fin el domingo 24 de Marzo de 1974 juramos bandera. Los días que pasan hasta ir al destino los tenemos libres a no ser que toque un servicio. Los reclutas van marchando poco a poco a sus destinos. De mis amigos, los primeros en hacerlo son Zamora, Xavi y Molina que marchan el lunes 25. Me hace mucha pena puesto que no se si los volveré a ver, aunque hemos quedado para encontrándose al acabar la mili. En la compañía hemos quedado en minoría y sólo quedamos los que hemos de ir a Villa Cisneros y los de tropas nómadas. En el barracón solamente quedamos 19, dedicamos los tres días que nos quedan a pescar, nos cocinamos la comida y sobre todo nos reímos mucho. Todavía deberé hacer un último servicio en la cantina el día antes de marchar, pero lo cierto es que ni tan solo me presento y el día 28 de Marzo del 1974 a las cuatro de la madrugada marchamos para Villa Cisneros.


08/05/2008 GMT 1

“LA BASURA DEL B.I.R. Y LAS SOBRAS DE LA COCINA”

argila @ 18:30

Carles Porta Fernandez

BIR Nº 1 - Playa del Aaiun - Sahara A.O.E. Octubre-Diciembre 1973
Regimiento Mixto de Ingenieros nº 9 Transmisiones Villa Cisneros i Aargub Sahara A.O.E. desde Enero hasta Diciembre de 1974

Carles Porta en el BIR

Después de todas las historias que estamos contando, o que contaremos, de la forzosa estancia en el Sahara, quiero referirme a una de las experiencias más conmovedoras que viví en el “Batallón de Instrucción de Reclutas nº 1. Playa del Aaiún” (B.I.R.), concretamente haciendo el servicio de cocina y que, por el que he podido saber, a muchos de vosotros también os tocó vivir.

Al anochecer, las cinco Compañías en que estábamos distribuidos los reclutas en el B.I.R. ( a mi me toco ir destinado a la Tercera), formábamos delante del barracón donde cada compañía tenia las oficinas para pasar la “retreta”, que como recordareis, consistía, en primer lugar, en pasar lista (por si faltaba alguno, no fuera el caso que, paleando, hubiera llegado hasta la puerta de su casa), y después para nombrar los servicios que había que hacer por la noche (las “imaginarias”) y por la mañana (letrinas, cocina, limpieza, etc...). Era el momento, también, de que si alguien se encontraba enfermo, se pudiera apuntar al “botiquín”, que era como le decían ir al médico..., pero, eso sí: “Con la cabeza en la mano...”, advertencia que el sargento que presidía el acto nos hacía, ya que si no te daban la baja, al día siguiente te castigaban con un servicio de cocina.

A cada uno de nosotros y siguiendo el orden alfabético del primer apellido, nos habían otorgado justo al entrar a formar parte de cada una de las Compañías, un número que el “furriel” iba nombrando para comunicarnos a los reclutas a quien les tocaba hacer los diferentes servicios.

A cada “retreta” yo estaba deseando que el “furriel” no nombrase mi número, pero cuando, de repente, una noche oí que decía: “Doscientos cuatro: ¡Cocina!”, pensé: “¡¡¡Mierda!!!”, y es que el 204 era mi número, por lo que a continuación tuve que contestar: “¡¡¡Presente y cocina!!!”, que era la forma correcta y alzando bien la voz para que se oyera.

“¡¡¡Mierda, mierda y mierda!!!” “¡¡¡Mañana me toca cocina!!!”, y esto significaba que me levantaría a las cinco de la mañana para presentarme a la cocina y preparar el cacao con leche en polvo mezclado con agua; lavar los platos, vasos, ollas y cazuelas; pelar patatas; fregar y, después de comer, recogerlo todo para volver a lavar los platos, vasos, ollas y cazuelas lo más pronto posible para poder ir a mi barracón, el numero 36, e intentar descansar un rato encima de la cama con el colchón doblado por la mitad, tal y como nos lo hacían tener, seguramente para que no pudiéramos descansar mucho tiempo por aquello de: “Es que me dormí, mi sargento”, y después volver a la cocina para preparar la cena; volver a recoger y lavar los platos, vasos, ollas y cazuelas, para llegar al barracón, cuando todo el mundo ya dormía, prácticamente desecho.

En medio de todo aquel ajetreo que havia siempre en la cocina, en un momento dado del día, me reclutaron para cargar en un camión, unos bidones llenos que contenían toda la basura que generaba la cocina y el comedor: las pieles de las patatas, los huesos de la carne, del pollo y espinas de pescado, las cáscaras de los huevos, legumbres mezcladas con hojas de lechuga sobrantes, pieles de frutas variadas, jugos de todo tipo, aceites, café, papeles, así como las colillas de los que fumábamos allí y todo tipo de basura que puede generar una cocina industrial que suministraba comida para unos dos mil quinientos comensales que éramos entre soldados destinados al B.I.R. y los reclutas que hacíamos el campamento.

Más adelante me he enterado gracias a mis compañeros reencontrados, que a ellos también les tocó este siniestro servicio, pero estando de servicio de limpieza. Mi recuerdo después de treinta y cuatro años es, de que me reclutaron estando en la cocina. Lo importante, desgraciadamente en este relato, es que fuimos testigos.

Montados ya en el camión, de pie y agarrando los bidones, nos dirigíamos hacia las afueras del campamento pensando que llegaríamos a un vertedero donde descargaríamos toda aquella basura. Yo iba mirando hacia delante y no veía nada. En el horizonte, pero, si que empezó a verse como una mancha de color que, a medida que nos íbamos acercando se iba trasformando en una unión de pequeñas manchas…

Y es que, lo que ya divisábamos a lo lejos era un numeroso grupo de personas humanas, que nosotros no sabíamos que hacían allí parados hasta que, cuando nos acercamos del todo, lo entendimos: ¡Nos estaban esperando!

Saharauis esperando los restos de la comida del BIR

Gente mayor, niños, hombres y mujeres, con potes, palanganas, cubos y todo tipo de utensilios para llenar… Yo miré hacia atrás, no fuera el caso que viniera otro camión llevando algo que ellos esperaban, pero no: solo estábamos nosotros…

Cuando llegamos a un punto el camión recibió la orden de pararse, y toda aquel grupo de gente, fuertemente controlada por la Policía Territorial, les empujaba para estar lo más cerca del camión. Todo y así, el cabo nos dio la orden de verter todo el contenido de aquellos bidones que, al caer al suelo, iba formando un montón de pasta de productos orgánicos y variados hasta que, una vez vaciados todos los bidones, el conductor del camión recibió la orden de arrancar y poner dirección rumbo al B.I.R., la Policía Territorial rompió el cordón que mantenía para que toda aquella gente se abalanzara sobre aquel montón de pasta inmunda que nosotros habíamos dejado.

Mientras nos alejábamos rumbo al campamento y mirando hacia atrás, lo primero que vi fue como los niños se abalanzaban sobre aquel montón de pasta, con los brazos extendidos para reservar un trozo para su familia y, a continuación, como las mujeres empezaban a recoger la parte que les correspondía de aquella infecta materia y llenar sus cubos, palanganas y potes, como si se tratase de un manjar exquisito. La ultima visión, fue ver a un niño saharaui llorando y una mosca comiéndole el moco que le colgaba, También a más de una muchacha con fideos por encima de la cabeza y otras porquerías pegado a sus vestidos, consecuencia del afán por conseguir aquella…

Me quedé de piedra… No podía ser cierto lo que estaba viendo… Pese a todo lo que vi., me quería convencer a mi mismo que todo aquello era para dar de comer a sus animales… Pero no: ¡Aquello era comida para ellos!

Al alejarnos, sentía dentro de mí una mezcla de rabia crispada y ganas de llorar por la impotencia y, en el pensamiento, la misma rabia y la misma impotencia hacían que me preguntara y repitiera que si era verdad que existía un Creador, como podía permitir que cada día del año sucediera aquello que acababa de ver…

Al llegar la noche, en la litera del barracón, continuaba pensando en cambiar el mundo y de que manera, hasta que ayudado por el cansancio que llevaba encima, me dormí…

Por la mañana, al despertarme al toque de diana, el barracón me parecía un palacio, y en el desayuno, el cacao con leche en polvo con agua me parecía una exquisitez… La instrucción, una forma de hacer deporte y de mantenerme en forma y, por descontado, el sargento, un tipo encantador.

Una familia de saharauis en su Haima

Al cabo de un tiempo, me enteré que las mujeres Saharauis, cuando llegan a sus “haimas” con la basura recogida, con mucha destreza iban separando, seleccionando y limpiando todo lo que podía ser comestible, para después comérselo todo el grupo familiar.

Y yo continuaba haciendo la “mili”…


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